Ha muerto Fidel castro. Ha muerto
una parte importante de la historia política de este planeta durante el siglo
XX. Es difícil hurgar en la memoria de los españoles que hemos vivido la
segunda mitad del siglo pasado sin toparse con tan insigne personaje. Es
difícil entender Sudamérica, América, el mundo sin que salga su nombre.
Tal vez hoy sea el día para
desempolvar, aquellos que hayan permitido que cojan polvo, los discos de
Quilapayún o Carlos Puebla y poner a todo volumen, como cuando nuestros oídos
eran una forma de desafío, canciones
como “Y en eso llegó Fidel” y su famoso
“llegó el comandante y madó a parar” o “La Segunda Declaración de la Habana”
(“Ha llegado la hora en que el pueblo reivindique el derecho de ser dueño al
fin de su tierra robada, tierra inmensa que ha de germinar con la paz del
empeño ganado con sus manos de fuerza tranquila; ahora sí que la historia
tendrá que contar con los pobres de América.)
Pero al empezar a escribir estas
palabras no me he planteado en ningún momento hacer un panegírico del
personaje, ni en demonizarlo, ni en ningún tipo de análisis político de su paso
por el mundo. Como todo dictador que muere en su cama tras varios decenios de
gobierno, tiene sus claros, sus oscuros y sus claroscuros. Que la historia y
sus víctimas los juzguen.
No, la noticia de su muerte me ha
producido una suerte de añoranza. Una reminiscencia tiempos en los que su vida,
por interpuesto, y la mía se cruzaron y dieron lugar a una historia familiar
entrañable.
Corría el año 1964 y “Jango”, Joao
Goulart, era el presidente de Brasil. Fidel Castro mandó una delegación en tiempos difíciles a su homólogo
brasileño. En tiempos tan difíciles que cuando el avión de la delegación cubana
aterrizó en territorio brasileño el golpe de estado dado por los militares
contra “Jango” se había consumado.
La delegación cubana contaba
entre sus miembros con Guillermo Cid. Personaje importante en la revolución
cubana. Este Orensano, emigrante a Cuba, era poseedor de tierras en el momento
de la revolución, y, lejos de abandonar la isla, decidió quedarse en ella y participar
en los nuevos tiempos. Hasta el punto en que fue nombrado por el propio Che Guevara
asesor técnico de la Unidad Experimental Industrial y Agropecuaria Ciro
Redondo, de Jovellanos, Matanzas.
Ante la situación inesperada y
por esos giros que el destino guarda en sus insondables entrañas la delegación retomó
viaje. Su destino, España. Una delegación diplomática cubana, una embajada de
un gobierno de izquierdas enviada a otro gobernante de izquierdas acababa
visitando un país con una dictadura de derechas.
Y es que una cosa es la
política y otra distinta la sangre. Eran
tiempos en que la guerra civil, la pobreza de la posguerra y muchos otros
problemas endémicos de aquella España habían provocado una diáspora de sus
hijos por todos los rincones del mundo. Que en el caso de los gallegos más que
diáspora fue una transfusión casi total de sus hombres en edad de trabajar y de
muchas de sus mujeres.

El caso es que aquella,
afortunada o desafortunada según quién y cómo la mirara, coincidencia dio lugar
a otras de tipo familiar que pertenecen al ámbito más íntimo y privado, pero esa inopinada circunstancia hizo que tres
hermanos que llevaban más de veinte años sin verse coincidieran en Madrid sin
que mediara concierto previo ninguno y que ese encuentro se produjera en casa
de un primo, alto cargo de los sindicatos franquistas por aquellos años.
Yo era entonces niño, pero
recuerdo con alborozo un encuentro familiar que dejó memoria y en el que nadie
habló de política, nadie confrontó ideas ni agravios. Simplemente y alrededor
de una mesa, una mesa grande, se reunieron hermanos, primos de tres ramas
familiares que nunca más tendrían oportunidad de reunirse. Los Cid Rodríguez,
los Cid Tesouro y los López Cid.

Como memoria de esa historia al borde
de la Historia queda en casa de mis padres un presente que Fidel mandaba a
“Jango” y que acabó en manos de mi familia. Una preciosa caja de puros realizada
en maderas tropicales que aún hoy causa admiración por su manufactura y por la
calidad de su materia prima.
Pero por encima de presentes y de
memorias, hoy la noticia es que ha muerto Fidel. Así, solo con nombre. Hoy el
día es más claro para unos y más oscuro para otros. Para algunos, para mi
familia, para mí, solo es un nombre que evoca viejas y queridas historias, que
reabre en el recuerdo nombres y ubicaciones de familiares de los que hace
tiempo que no sabemos. Hay que ver cómo somos los gallegos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario