Ayer, día de fútbol,
estuve en el bar que hay en la urbanización en la que vivo viendo el primer
tiempo del partido. Estábamos en el local el dueño, otro vecino que es soporte
y garante del buen funcionamiento económico del negocio y yo. Hacía un frío considerable
en el exterior, frío húmedo porque además estaba lloviendo. En un momento
determinado el dueño cogió su cazadora, se la puso, verificó que en los
bolsillos tenía tabaco y mechero y se arrojó, a través de la puerta, al
exterior inclemente.
Si, había tenido que
salir de su propia casa, ante dos clientes a los que el humo no les molestaba
–uno fuma, el otro, y yo que aunque hace ya veinticinco años que no fumo no
soy exfumador reivindicativo-. Dado que
la urbanización se encuentra a las afueras del pueblo y que para venir hay que
venir ex profeso, la imagen de Jose Luis humeando a la puerta de su negocio,
vacío, -bueno, solo quedaba yo porque el otro salió a humear con él- me
impactó.
Como me impactó la
noticia de que unos actores catalanes tuvieron que justificar que lo que
fumaban en escena eran hierbas aromáticas y no tabaco para evitar que les
cerraran el local. ¿Qué hubiera pasado si al pasarse el funcionario inquisidor
de turno se les hubieran acabado los cigarrillos, os aromáticos?¿Que va a pasar
si el autor en una absoluta falta de previsión de futuro escribió que uno de
los personajes encendía el cigarrillo?¿Sherlock Holmes tendrá que llenar su
pipa de incienso porque Sir Arthur fue incapaz de prever el disparate
ministerial?¿Se podrá seguir matando, violando, … -en escena-, eso si, sin
fumar?
No se si se trasluce
de mis palabras anteriores, pero estoy preocupado, perplejo, inquieto,
indignado porque la inquisición –esta vez laica y laicista- asoma entre las
leyes de complacencia personal de los ministros de nuevo cuño que parece que
legislan para si y para sus allegados,
estéticamente, pero con un desprecio absoluto hacia las libertades
individuales.
Yo, por si acaso, voy
a ir esta mañana a comprarme unas bufandas, porque tengo miedo de que con la
temperatura que hace humee al salir de casa, ya se sabe eso del aliento
condensado, justo al abrir la puerta, y venga un inspector por detrás, o me
denuncie mi vecino, y me clausuren la casa y me pongan una multa impagable por
no conseguir demostrar que no era tabaco. Ya se sabe que los funcionarios y
denunciantes tienen presunción de veracidad.
De lo de Internet
intentaré hablar otro día, porque con la indignación que me produce se me
solidifican las palabras, unas con otras, amontonadas, y no hay forma de saber
lo que digo, solo se aprecia la espuma que me sale de la boca.
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