jueves, 21 de junio de 2012

Salud Inquisitorial (16-02-11)


Ayer, día de fútbol, estuve en el bar que hay en la urbanización en la que vivo viendo el primer tiempo del partido. Estábamos en el local el dueño, otro vecino que es soporte y garante del buen funcionamiento económico del negocio y yo. Hacía un frío considerable en el exterior, frío húmedo porque además estaba lloviendo. En un momento determinado el dueño cogió su cazadora, se la puso, verificó que en los bolsillos tenía tabaco y mechero y se arrojó, a través de la puerta, al exterior inclemente.

Si, había tenido que salir de su propia casa, ante dos clientes a los que el humo no les molestaba –uno fuma, el otro, y yo que aunque hace ya veinticinco años que no fumo no soy  exfumador reivindicativo-. Dado que la urbanización se encuentra a las afueras del pueblo y que para venir hay que venir ex profeso, la imagen de Jose Luis humeando a la puerta de su negocio, vacío, -bueno, solo quedaba yo porque el otro salió a humear con él- me impactó.

Como me impactó la noticia de que unos actores catalanes tuvieron que justificar que lo que fumaban en escena eran hierbas aromáticas y no tabaco para evitar que les cerraran el local. ¿Qué hubiera pasado si al pasarse el funcionario inquisidor de turno se les hubieran acabado los cigarrillos, os aromáticos?¿Que va a pasar si el autor en una absoluta falta de previsión de futuro escribió que uno de los personajes encendía el cigarrillo?¿Sherlock Holmes tendrá que llenar su pipa de incienso porque Sir Arthur fue incapaz de prever el disparate ministerial?¿Se podrá seguir matando, violando, … -en escena-, eso si, sin fumar?

No se si se trasluce de mis palabras anteriores, pero estoy preocupado, perplejo, inquieto, indignado porque la inquisición –esta vez laica y laicista- asoma entre las leyes de complacencia personal de los ministros de nuevo cuño que parece que legislan  para si y para sus allegados, estéticamente, pero con un desprecio absoluto hacia las libertades individuales.

Yo, por si acaso, voy a ir esta mañana a comprarme unas bufandas, porque tengo miedo de que con la temperatura que hace humee al salir de casa, ya se sabe eso del aliento condensado, justo al abrir la puerta, y venga un inspector por detrás, o me denuncie mi vecino, y me clausuren la casa y me pongan una multa impagable por no conseguir demostrar que no era tabaco. Ya se sabe que los funcionarios y denunciantes tienen presunción de veracidad.

De lo de Internet intentaré hablar otro día, porque con la indignación que me produce se me solidifican las palabras, unas con otras, amontonadas, y no hay forma de saber lo que digo, solo se aprecia la espuma que me sale de la boca.

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