Todo en la vida suele tener un principio, y un final, e inopinadamente, sin tener muy clara la situación, de un día para ese mismo día, mi colaboración con la publicación digital Plazabierta ha finalizado por decisión unilateral del propietario de la cabecera, al parecer, por cuestiones ajenas a nada de lo publicado, más bien de tipo personal. Al fin y al cabo el que manda siempre tiene la última palabra.
Después de tantos años colaborando lealmente con la cabecera, y en los que creí tener un amigo en la vida normal, y algo más que un amigo en otros ámbitos, me encontré que como tantas veces, las palabras no tienen por qué representar a la realidad, y que muchas personas las usan para expresar una ficción emocional que, seguramente, están convencidos de sentir.
Dice un conocido, que a los amigos se les conoce en las dificultades, a la familia en las herencias, y a la pareja en los divorcios, y yo he comprobado la verdad de esta afirmación en todos los ámbitos, y, lo que es más lamentable de forma simultánea.
No es este el momento de pasar cuentas, ni siquiera creo que exista ese momento, porque solo la conciencia de cada uno puede enfrentar los comportamientos miserables de cada uno, y lo habitual es mirar para otro lado cuando la conciencia exige profundidad y autocrítica. Al fin y al cabo ya sabemos que el mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio, y aún no se conoce el caso en el que alguien asuma su culpa ante ningún hecho ante el que ha decidido “tener la razón”
Creo que ya lo conté en un artículo escrito para la hoy ya inaccesible,
para mí, Plazabierta. Durante muchos años, en los que yo viajaba en metro para
ir al colegio, estaba convencido de que todos los que tenían razón viajaban
conmigo, porque en las conversaciones que sostenían siempre tenía la razón, y
apabullaba con ella al ausente contrario, mi compañero de transporte. Luego,
años más tarde, descubrí a Schopenhauer y su “El arte de
tener razón”, y descubriría que para la gente en general es mucho más importante tener
razón, que saber la verdad, que es mucho más importante a nivel personal la
autojustificación, que la autocrítica.
Ahora, muchos
años después, más de cincuenta, he vuelto a tener que descubrir que el dicho de
mi amigo se cumple puntualmente en más casos de los que la fraternidad, el
cariño, y la verdad aconsejarían, y que lo observado en mis juveniles viajes en
metro sigue vigente. En pocos años he perdido a mi hermana en un tema que se
justifica con una herencia, aunque sea mentira, he perdido a mi pareja, en una
disparatada historia en la que no existe otra verdad que una huida ante las
dificultades, y un comportamiento vengativo y miserable, en la separación, y he
perdido a algunos que creí amigos, porque las dificultades espantan a aquellos
que de ciertas palabras solo conocen el sonido. He redescubierto que confiar en
la gente es un lujo en el que uno se deja parte de tranquilidad vital, pero que
no pienso renunciar a él, por más palos que me de la vida.
He tenido que
reconstruir mi vida casi desde cero, sin ocultar a la gente que se acercaba a mí,
mi situación real, víctima de un
divorcio abusivo, tampoco soy el primero, ni el último, perseguido por una
administración más interesada en sancionar y señalar, que en ser justa, o
colaborativa, como sería su obligación, y a pesar de todo he recibido cariño desde
distintos círculos, he recibido complicidad, ayuda, y, sobre todo, sobre todo,
amor. Amor en diferentes variedades, en diferentes ámbitos, en diferentes
formatos.
Hoy, mi
despido, que no despedida, aunque nunca haya tenido un vínculo contractual con
Plazabierta, ya que toda mi colaboración ha sido gratuita, desinteresada,
guiada por el afecto, cierra la única puerta, salvo a unos pocos viejos amigos
a los que no se les ha colocado una historia falsa, interesada, mentirosa, que
me unía al pasado. Solo quedan mis hijos, mis nietas, y esos viejos amigos que
la memoria y el cariño sincero preservan.
Desde hoy mis
escritos volverán a mis viejos blogs, que durante años he abandonado para no
crear competencia con Plazabierta, y que hoy recupero con la misma ilusión que
tuve en su momento al crearlos, y con la que afronto esta nueva etapa.
Espero seguiros
viendo.