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jueves, 2 de febrero de 2017

Normas de tráfico, el negocio irrenunciable

Tal vez estas palabras sobran. Bastaría con decir: más de lo mismo, y estaría todo dicho. Todo dicho pero con casi todo por decir.
Más radares, más recaudación, más represión, más tirar para lo que interesa en detrimento de lo importante. Más formas de perseguir económicamente al conductor sin que importe si se mata o mata a alguien tres kilómetros más allá de que le hayan puesto una multa. Nada de prevención, nada de optimización. Nada de formación o de racionalización.
Es tan fácil como poner unos cuantos radares, disminuir de forma torticera la velocidad del tramo y cazar con unas fotos al incauto que pasaba por allí. Ya ni siquiera pararlo para obligarlo a identificarse y perder tiempo. Con un poco de suerte en el siguiente radar lo volveremos a cazar y ponerle otra multa. Eso sí, todo bien señalizado, todo bien orquestado para que parezca otra cosa.
Porque el peligro está en la velocidad. No, por mucho que algunos insistamos, el peligro no está en esos personajes conducidos al vértigo por unos vehículos que son incapaces de controlar, aferrados al volante con los nudillos blancos por la fuerza de la tensión con que lo cogen, volcados, casi tumbados, sobre él en un intento desesperado y desesperanzado de lograr ver algo más allá de los caballos que los preceden. El peligro, al parecer, no está en esos personajes incapaces de conocer cuál es la capacidad técnica del vehículo que conducen, ni de incorporarse a una vía armonizando su velocidad, ni de maniobrar con un mínimo de agilidad y dominio de los tiempos. El peligro no está en esos documentados conductores asustados por su propia impericia, incapaces de reaccionar, y a los que cualquier velocidad que supere la inadecuada suya es una temeridad de los demás. El peligro no está en esos conductores de tiovivo que ante la duda frenan en medio de una carretera o de un carril para incorporarse a otro porque no son capaces de sincronizarse con una marcha diferente o que conducen siempre por un carril central o izquierdo porque son incapaces de medir las velocidades y distancias para adelantar a otro vehículo ni siquiera en carreteras de carriles múltiples.
No, efectivamente, el peligro no está en la permisividad culpable y recaudatoria a la hora de conceder el permiso de conducir a personas con características físicas o mentales que los hacen incapaces. Es curioso que no todos sepamos jugar al fútbol, escribir poesía o saltar de un trampolín, pero al parecer toda la humanidad es capaz de desarrollar con suficiencia una actividad tan compleja y peligrosa como conducir un automóvil.
Siempre he oído decir que el transporte aéreo es mucho más seguro que por carretera. Y siempre he pensado lo mismo, si se le diera el título de piloto a las mismas personas a las que se les proporciona el carnet de conducir, y con el mismo rigor, hace tiempo que la población mundial habría disminuido, o la raza humana estaría extinta. Entre los que se mataran por impericia y a los que fueran matando en sus propios accidentes no quedaría más rastro de los hombres que el que dejaran las catástrofes producidas por todos esos pilotos, ahora conductores, incapaces.
Pero bueno, al fin y al cabo, más de lo mismo. Nada que recorte la capacidad sancionadora. De las medidas que en presente, y, sobre todo, en futuro serían necesarias. Por si acaso a alguien le pudieran interesar voy a enumerar las que a mí me perecerían realmente enfocadas a solucionar un problema grave:

  • Reparación por tramos, no por agujeros, no por centímetros cuadrados, del firme de las carreteras. Y en algunos casos nos solo del firme si no de esas bases estructurales que favorecen la creación de badenes y el cuarteamiento y deterioro de las capas asfálticas
  • Adecuación de las normas de velocidad a la verdadera limitación que debería de estar determinada por la capacidad del conductor, el tipo de vía y las características técnicas del vehículo: frenado, aceleración, relación del cambio y comportamiento en curva, en mojado, con viento. Yo tuve un SEAT Panda con el que me podía matar a partir de 60 Km/h y un FIAT Coupé con el que tenía mucha más seguridad a 180.
  • Endurecimiento de las pruebas para la obtención del permiso de conducir. Hacer un examen periódico durante los cinco primeros años para determinar la evolución de las capacidades, y establecer tipos de permisos en función de esa evolución.
  • Asociar los tipos de vehículos que puedan conducirse a las capacidades demostradas. Cuantos novatos, jóvenes o no jóvenes, vivirían aún si se limitaran los vehículos disponibles según las pericias constatables.
  • Endurecimiento de las pruebas de aptitud a partir de cierta edad y revisión del nivel de permiso.
  •  Instalación en los vehículos, asociado al arranque, de un detector de sustancias inadecuadas para la conducción. Si usted no está en condiciones de conducir no lo voy a sancionar, simplemente no va a poder conducir. Y existe.
  • Un plan de formación integral de formación vial y ciudadana donde se enseñe a los niños, desde pequeños, normas, comportamientos, y fundamentos básicos de la circulación. A la vez que se podría evaluar al futuro conductor antes incluso de que pensara en serlo. Psicología, capacidades físicas, capacidades técnicas y espaciales.
  • Revisión de toda la señalización y eliminación de aquella que no tenga otro objeto que el de aumentar la recaudación o facilitar labores coercitivas.
  • Eliminar con regularidad y rigor obstáculos visuales que entorpecen la conducción en vías secundarias: carteles, señales, árboles…

Por supuesto estas medidas reducirían considerablemente la recaudación porque su fin no es sancionar, si no facilitar y salvar. Es comprensible que todo lo que se pueda captar con cámaras y se pueda imprimir en un papel es más sencillo, rentable y cómodo. Y al fin y al cabo cuando no podamos pagar más multas por que el dinero no nos llegue para vivir iremos más despacio, no habrá casi muertos, pero seremos los mismos incapaces, incívicos y reprimidos conductores que solo actuarán por el palo, sin entender ni asumir el  porqué de nuestros moratones, suponiendo que haya otro porqué diferente del dinero mismo.
¿Y este que escribe esto quien es para decir estas cosas? Un ciudadano que aprendió a conducir cuando tenía ocho años, que frecuentaba en verano los parques infantiles que la DGT montaba en los colegios y ayudaba a probar los karts. Un niño, entonces, hace ya tanto, que coleccionaba, y aún guarda, la colección de cromos de la DGT con las señales y las normas de circulación y que se los empapaba. Alguien que al cumplir los dieciocho años obtuvo su permiso de conducir sin necesidad de pisar una autoescuela porque ya llevaba años sabiendo conducir y conociendo las normas. Un apasionado de los coches que lleva más de dos millones de kilómetros recorridos, y solo ha tenido un accidente conduciendo. Accidente que asume que fue por su culpa y nada más que por su culpa.
Yo me pregunto muchas veces si estos sesudos de la represión, del palo y tente tieso, han conducido realmente alguna vez. Si alguna vez han prescindido del coche oficial con chófer y han vivido el día a día de las carreteras, ese que viven los comerciales, los camioneros, los conductores de autobús, todos los que tiene que desplazarse por carretera por mor de su trabajo. Esos que comprueban como hay dos sensaciones diferentes en la carretera: la de los días de diario y carretera abierta, plácida y relajada y la sensación crispada de peligro permanente que les invade, que nos invade, en periodos vacacionales, fines de semana o proximidades de ciudades.

Definitivamente, una vez más, sobran estas palabras. Lo peligroso no es la velocidad inadecuada, por exceso, por defecto, por aburrimiento que luego llamarán distracción, lo realmente peligroso, lo único, es el exceso de velocidad, signifique ese concepto de exceso de velocidad lo que signifique. Y la única forma de meter a los conductores, a los ciudadanos, en vereda es la coacción, la sanción, la persecución. Si es que somos como niños.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Exceso de Velocidad (15-04-20011)


Me temo Capitán que mucho de lo que se discute, sobre todo en cuestiones que tienen que ver con las leyes y la política –que me han dicho que no son lo mismo- parten de la utilización del lenguaje para crear un concepto que admita un mensaje fácil y por tanto al que la sociedad sea permeable. Las nubes o los aspersores son los medios de comunicación.

Ya hablamos hace no mucho del uso maniqueo de las palabras. Llamar a una persona mayor no es más que una forma simple de no decir nada, todo ser nacido es mayor que otro nacido posteriormente. Todos somos mayores que pasado el primer segundo de vida, porque mayor es comparativo, no calificativo.

Cuando alguien dice de un vehículo que va con exceso de velocidad me entran unas ganas terribles de pararlo para comprobar si el exceso lo lleva en una maleta o todo suelto por el coche.

Lo que provoca un accidente, si hablamos de velocidad, es la velocidad inadecuada, por exceso o por defecto, esto es la velocidad que lleva al conductor a perder el control de su vehículo u obligar a perderlo a otros que le rodean. Si alguien intenta tomar una curva de 180º y un radio de giro de 6 m. a más de 50 Km/h, no es un infractor, que lo es, es un imbécil que no conoce las leyes de la física o un piloto especialmente entrenado para poder rebasar ciertos límites. La velocidad adecuada es única para cada persona, climatología, carretera, vehículo y estado psicológico. Pero así no se saca dinero.

Pero la velocidad es inadecuada también cuando causa fatiga, aburrimiento o distracción por falta de tensión en el conductor, de hecho la mayor causa de accidentes mortales no es la velocidad inadecuada por exceso-esta solo es la causa del mayor número de multas- si no la distracción o el sueño, pero estos no son detectables por los radares y por tanto no son negocio.

Mientras tanto podemos seguir dedicándonos a discutir, perseguir y llamar a nuestro lado a todos los personajes, imaginarios o no, que queramos.

Mientras los legisladores de la cosa tengan el único interés de recaudar y no el de formar y se siga permitiendo que incapaces físicos y/o psicológicos accedan al carnet de conducir porque es un negocio las carreteras no serán seguras, y no siempre lo pagarán los culpables. Usad la misma permisividad para pilotar aviones y veremos cuantos vivos quedan al cabo de un par de años.

Mientras tanto dediquémonos a los sofismas que a los manejadores del cotarro les interesan y sigamos pagando, balando y matándonos

domingo, 22 de julio de 2012

Re-recaudación (27-02-11)


Me siento incapaz de alcanzar escribiendo el exceso de velocidad de disparates con el que el actual Gran Impostor ha decidido castigar a una población que le vuelve las espaldas, al tiempo que alivia su única cuita, su única, en realidad, vocación. Recaudar. Porque al final esa es la única necesidad del Gran Impostor, alimentar las necesidades que él mismo crea formando una espiral que solo acaba donde el contribuyente es capaz de volver a ser ciudadano y dice “¡Basta ya!”, si es que al final del proceso alienante queda alguien capaz de pensar o de plantarse.

Dice cierto economista y tertuliano de Onda Cero que el mejor amigo del hombre no es el perro, si no el chivo expiatorio, y yo añado que el límite de velocidad es el chivo expiatorio de las arcas del Gran Impostor.

En 1973 se limitó por primera vez la velocidad a 120 Km/h debido -¡que casualidad!- a la guerra arabe-israeli que encareció el petróleo y lo puso a unos precios que el Gran Impostor de entonces, que además casi no recaudaba impuestos, no podía pagarlo. El argumento fue el mismo pero hoy cuatro o cinco generaciones de motores después, dos generaciones de vías más tarde, con motores catalizados, con un consumo medio de casi la mitad de los de entonces se reduce aún más la velocidad y en las vías principales que, si no estoy equivocado, son aquellas en las que se puede mantener una velocidad fija de crucero, no tienen curvas que obliguen al cambio de marchas, no tienen paradas y arranques, no tienen pendientes, es decir no tienen nada de lo que obliga a utilizar el cambio de marcha y la aceleración desigual, que al final es lo que incrementa el consumo. Sin embargo en la red secundaria donde se dan todas estas características es donde no se reduce la velocidad.

Soy un mal pensado, solo se reduce la velocidad allí donde está instalado el mayor parque de radares, por no decir la práctica totalidad, allí donde para hacer caja bastan unas cuantas fotos y una pareja de la guardia civil y la culpa de pagar lo que a veces no tiene es del irresponsable, del incívico, del delincuente, del tonto útil, del contribuyente que voluntariamente se presta a la recaudación, a la infame e infamante recaudación, del Sheriff de Sherwood de turno y otros ladrones asociados al rey Juan de estos tiempos, al Gran Impostor.

Y una última consideración. Las personas que estén acostumbradas a respetar el límite de 120 y no tengan un limitador en su vehículo será incapaces de medir su velocidad aparente y adecuarla a la nueva sin estar permanentemente atentos al velocímetro. Claro que mirar con insistencia el velocímetro o el GPS o el teléfono móvil, o cualquier otro instrumento, objeto o cualquier otra actitud que presuponga distracción también es sancionable por no poner la atención necesaria en la conducción.

¡¡¡¡Claro, es eso!!! Acabo de darme cuenta, a partir del momento en que entre en vigor la norma todos los que salgan a la carretera serán sancionados, unos por no respetar los límites y los otros por mirar fijamente al velocímetro. Y si se ve que se escapan muchos se hace una modificación a la ley y todos los que compren un artículo que tenga que ver con el automóvil, por ejemplo una revista de coches, pagarán un canon por posible mala utilización de las carreteras.

¡¡¡Por fín!!! ¡¡¡La VERDAD al desnudo!!!.