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martes, 22 de mayo de 2018

Magistral Incoherencia

A menudo la prisa por dar una noticia, por ser el primero, evita que el cronista de turno le de unas vueltas a lo sucedido y a sus posibles consecuencias.
Independientemente de la afinidad, o de la falta de afinidad, con las ideas políticas de Pablo Iglesias, y por tanto de Podemos, hay que convenir en que es un fenómeno, tanto política como mediáticamente. Sus puestas en escena, su permanente ambigüedad rotunda respecto a muchos temas de los que se le plantean, o su rotundidad ambigua en otros, no están al alcance de cualquiera, es más, están al alcance de muy pocos.
Cesarista respecto a su partido, populista en sus planteamientos, canchero y maniobrero respecto a sus opositores internos, nada parece escapar de sus planteamientos, nada parece escapársele.
Y de repente, ¡¡¡zás!!! que diría la famosa historia de: “fly the mariposita in the garden”, metedura de pata “in the garden”, pero metedura de pata de esas que pueden marcar época.
Unos lo consideran traidor a la clase, otros un incoherente patológico, otros un señorito encubierto. Denuncia el acoso y la invasión de su vida privada quién antes defendió el acoso y la invasión de la vida privada de otros personajes de la política. Dice que se siente orgulloso de ser de Vallecas pero se traslada a una zona de clase “¿media alta?”, o algo más. Se filtra el motivo de llevar a sus hijos a un colegio determinado cuando la defensa de la calidad de la enseñanza pública sostiene que cada uno debe de acudir al que le corresponde por zona, usa los recursos de partido para un asunto, inicialmente, privado… Y a cada momento que pasa crece el número de incoherencias que provocan las críticas a las que se suman de forma abundante los líderes secundarios.
Tal vez es que yo soy muy cínico, tal vez, pero creo firmemente que nadie convoca un referéndum sin antes tener unas ciertas garantías de ganarlo, o por ser más exactos, de ganar. Nadie con un sentido mediático tan desarrollado en la colaboración con los medios de comunicación como el suyo puede pensar que lo que haga va a pasar desapercibido. ¿Y entonces?
Yo pienso, y en breve tiempo sabremos si tengo razón, que todo está perfectamente medido, planeado, magistralmente ejecutado por Pablo Iglesias y su pareja. Salga lo que salga Pablo Iglesias y Podemos han ganado una cierta, para mí falsa, aura de transparencia. En un momento en que reina Ciudadanos y en el que la actitud ante el problema catalán acapara los medios y los pensamientos de los votantes, Podemos, su líder Pablo Iglesias, introduce una cuña que acapara al menos tanto tiempo, para ellos solos y sin significarse en el tema principal del momento, como es su táctica habitual, en el día a día de la sociedad.
Imaginemos que Pablo Iglesias gana el referéndum, que no hace falta mucha imaginación. Pablo Iglesias triunfante ha logrado varios objetivos. Eco mediático, un salto social con el visto bueno de sus bases, que seguramente no tendrán opción a lo mismo, y dejar por el camino varios cadáveres de opositores internos que podrían ser incómodos en un futuro no muy lejano. Nada de lo que pase en las elecciones, y que no apunta demasiado bien, será achacable a la actitud del refrendado líder. Y, ojo al dato, podrá solicitarse de los rivales el mismo aval democrático convocando un referéndum de bases hasta para cambiar de marca de papel higiénico. Una pesadilla.
¿Y si lo pierde? Pues como en el chiste, si lo pierde es mejor. Pablo Iglesias y su pareja se retiran a sus nuevos, y acomodados, cuarteles de todo tiempo y prosiguen su vida cotidiana a la espera de que tras un próximo fracaso electoral, previsible según los datos, las bases que les han dado la espalda en el referéndum los reclamen por aclamación para volver y relanzar el partido. Mientras tanto tertulias, colaboraciones, conferencias, la dura vida del que tiene tanto que decir, aunque la mayoría de los mortales no acabemos de tener claro que es lo que ha dicho.
¡¡Bendita incoherencia!! Magistral incoherencia.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El salvavidas estelado

No todo el mundo pierde con el tema catalán. Parece imposible que en semejante espiral de estupidez generalizada, de posiciones inamovibles y negación de la esencia de la política, el acuerdo, alguien pueda salir ganando. Y si además sale ganando con declaraciones de intenciones que rezuman simplismo y oportunismo por todas sus palabras la incredulidad puede alcanzar cotas de sublime incomprensión.
Pero igual que en el mundo de los ciegos el tuerto es el rey, en el imperio de los sordos no hay más razones que las de aquel que se atreve a decir algo. Total nadie lo va a escuchar con los oídos de la razón…
En un panorama desolador como el que vivía la izquierda española con un PSOE dividido, un Podemos vociferando su vocación de formación radical y asamblearia con un regustillo a anti sistema, el “procés” ha sido una suerte de salvavidas cuatribarrado y estelado para esa izquierda que estaba haciendo su travesía del desierto y se ha encontrado un atajo.
Lo que pasa es que, como cada quien es cada cual, una parte ha cogido el atajo ofrecido mientras otra ha decidido tirar con camellos y carga por la ruta más larga. El final del camino, el zoco de las elecciones, dará y quitará razones, pero a pie de camino hay una visión probable de las cosas.
Varias veces, y desmintiendo la opinión interesada de muchos, he sostenido que el PP no había conseguido ganar las elecciones últimas, las habían perdido sus oponentes. Y las habían perdido por sus inconcreciones, por su falta de rigor político, por estar más empeñados en demonizar a los adversarios, en convertirlos en enemigos, que en plantear soluciones reales y de estado a los problemas de los ciudadanos. Algunos, aún siguen en ello.
El desafío catalán ha servido para que algunos políticos tomaran el rábano por las hojas y se plantearan, o replantearan, su estrategia como estadistas dejando de lado, cuitas, rencores y actitudes mitineras para enfrentar un problema real.
Pedro Sánchez ha dejado al descubierto su faceta de estadista olvidando diferencias, aparentemente hasta personales, con el presidente del gobierno y alineándose sin demasiadas fisuras en el bloque constitucional. Si en su momento dejó la duda, planteándose el despropósito de aquella posibilidad de liderar todas las fuerzas parlamentarias sin importar ideología o posición respecto a la legalidad para desalojar al PP del gobierno, con su actitud actual ha conseguido que se olviden las dudas surgidas entonces y sumar en su bando a personas de su partido que hasta este momento estaban muy alejadas de sus planteamientos. Sí, es cierto, lo de nación de naciones suena a juego del palé, o batiburrillo de barra de bar sin sustancia, pero al menos su alineamiento es inequívoco y ya está subido al salvavidas y remando hacia una costa aún remota pero ya visible.
Sin embargo Pablo Iglesias sigue instalado en el mitin, en la algarada, en señalar como culpable de todos los males al gobierno sin reparar en que mezclar churras con merinas, hablar de la corrupción como invalidante de capacidad moral para atajar una sedición, son ganas de convencer al público paciente, en realidad ya impaciente, de que el hecho de que Blesa sea un corrupto incapacita a Hacienda para reclamar los impuestos a los contribuyentes. Ya nos gustaría, ya, pero no pasa de estupidez para militantes. Para militantes cortos diría yo.
Podemos, al menos su líder electo, juntamente con sus comunes y mareas, han hecho una palmaria demostración de que no existe para ellos otra opción que la radicalidad, el mensaje confuso, la incapacidad de enfrentar con una postura clara, rotunda, inteligible, una cuestión de estado que exige de todos, dirigentes y ciudadanos, políticos y administrados, pensantes y paseantes, una clara, rotunda, inteligible postura respecto a un tema de una dimensión que deja a los demás en mera cuestión administrativa. No sé si es que no han visto el flotador, si es que se ven con fuerza suficiente para llegar a nado hasta la costa o es que están en convencer al mar de que ahogarse es culpa del PP, pero el caso es que no lo han cogido.
Resumiendo. El zozobrante barco del independentismo ha lanzado flotadores cuatribarrados, estelados, por doquier para salvamento propio, pero posiblemente el único que ha sido capaz de subirse a uno de ellos ha sido el PSOE de Pedro Sánchez que ha encontrado en el desafío del soberanismo un llamamiento a la unidad interna que necesitaba con mayor urgencia que un acceso al poder.

No sé qué pasará el día 1 de octubre, creo que nada, no de nadar si no de ausencia, y a mi pensamiento contribuye el ver la falta de reacción del estamento económico, pero sí creo que de cara a las próximas elecciones las posturas actuales pesarán en los votantes. Y si no al tiempo. Nos vemos en la costa.

jueves, 15 de junio de 2017

Tener razón no es suficiente

Oigo, al menos durante un rato, con bastante atención el desgranamiento de los motivos que la portavoz de Podemos argumenta para la presentación de la moción de censura. Oigo caer, como huesos en una copa, la interminable relación de corruptelas y corrupciones que los miembros del PP han cometido durante su detentación de cargos de poder a lo largo de todos estos años. Todos son ciertos y todos crean un ambiente enrarecido y malsano en la percepción que de la política, y de los políticos, tenemos los españoles. Es casi como oír cantar la pedrea en el sorteo de Navidad. Solo me sobresalta, en algunos momentos puntuales, el paso a tono mitinero que la portavoz sobreactúa para salir de esa ensoñación rayana en los párpados caídos.
Efectivamente todo es cierto, no hay exageraciones ni, lo que es peor, novedades. Es una suerte de “deja vue” de los discursos de la últimas elecciones, y de las anteriores, y de las ante anteriores. Como ciertos son los recortes excesivos, y es cierta la preponderancia de una oligarquía económica, y es cierta la brecha que aumenta entre riqueza y pobreza, y son ciertas las necesidades sociales, y el deterioro educativo, y las trabas a los emprendedores y… tantas y tantas cosas que habría que hacer.
Y al pensar de esta forma te das cuente de una pregunta ¿Sirve para algo esta moción decensura? ¿Cuál es el objetivo real de esta representación?
Desgastar al gobierno, no. Con el mismo argumentario, con las mismas sensaciones de hartazgo y fatalismo, ya ganaron esas elecciones, ya, incluso, aumentaron su ventaja en votos.
Posiblemente la única razón real y profunda es enfrentar al PSOE de Pedro Sánchez y demostrar a sus militantes que Podemos está dispuesto a hacer lo que ellos suponen que quieren hacer los que votaron en las pasadas elecciones internas socialistas. Y puede que tengan razón, pero lo que también parece evidente es que no lo quieren hacer con Podemos, o al menos no dirigidos por Podemos, por los dirigentes de Podemos.
En todo caso si en algún momento pretendieron remover alguna conciencia, pretendieron ganar con su pertinaz enumeración alguna voluntad, no les ha salido bien. Incluso puede que el partido en el gobierno se sienta reforzado tras la moción y su falta absoluta de mordiente y de apoyos.
Podemos, y me temo que mucha más gente, confunde el descrédito ajeno con el crecimiento propio, la desilusión ajena con la posibilidad propia. Se equivocan. Parece ser que la cabeza de los votantes no alineados, la voluntad de los votantes no comprometidos ideológicamente, no funciona de esta manera. Parece ser que, y lo he apuntado en varias ocasiones, el votante español independiente ejerce su derecho con la resignación de elegir la papeleta que menos miedo le da, la lista que menos desconfianza le produce.
Y la picaresca, esa actitud ante de la vida de aprovechamiento propio y de propios, esa actitud semiheroica, en todo caso simpática, del truhán, del ladrón de guante blanco, del pícaro, es algo arraigado en la personalidad de los habitantes de este país, tanto, tanto, que yo sigo pensando que todos tenemos un pícaro en nuestro interior que sale a la luz cuando existe la oportunidad para ello. Tanto, tanto, que solemos pensar que los pícaros son los otros y lo que cada uno de nosotros hacemos es otra cosa. Es más, que nos viene muy bien lo que hacen los políticos para justificar como compensación lo que a nosotros en nuestro día a día se nos queda entre los dedos.
Por eso, en este caso, en estas circunstancias, tener razón no es suficiente. Hablar de lo mal que lo han hecho, y lo hacen los otros, no proporciona los votos para formar un gobierno, porque lo que la gente vota es el tipo de sociedad que se propone, no lo mala que es la actual, que ya todos lo sabemos. Y el tipo de sociedad que propone una izquierda dura, trufada de radicalismos y de activismos varios y variopintos, no es lo que está en la cabeza, ni en los deseos, de una mayoría de los españoles.

No, tener razón no es suficiente si además no se tiene un proyecto alternativo convincente. Y, de momento, parece ser que no se tiene.

martes, 2 de mayo de 2017

Podemos y la lidia

Independientemente de la consideración que los políticos merezcan por nuestra parte, hemos de convenir en que la inteligencia se les debe de suponer. Es difícil pensar que alguien pueda llegar a cierta preponderancia en la sociedad sin que lo adornen unas características de madurez e inteligencia mínimas. Sí, es verdad que esta premisa es cuestionable si uno se fija en personajes como Trump, Maduro o Kim Jong Un. Así que olvidémonos de lo que sucede más allá de nuestras fronteras y al margen de simpatías o antipatías personales vamos a convenir en que los cabezas de cartel de los diferentes partidos que existen en España son personas inteligentes.
Que sí¡, que ya lo sé. La inteligencia debería de acreditarse de otra forma, pero vamos a dejar sentada esta aseveración para poder continuar con lo que me ocupa.
Mucho se ha escrito, mucho se ha hablado, sobre el movimiento de Pablo Iglesias presentando una moción de censura en la que seguramente ni él mismo cree como tal moción de censura.
Porque para que la moción de censura fuera viable necesitaría, entre otros muchos, del apoyo del PSOE. De un PSOE gobernado ahora por una junta gestora e inmerso en una lucha fratricida a la que ni siquiera sus más fervorosos militantes le ven una salida limpia, unida, sin divisiones.
¿Realmente Pablo Iglesias esperaba ese apoyo? No, ni ese, ni realmente ningún otro. Primero porque Pablo Iglesias es, perdóneme que insista, una persona inteligente, premisa ya defendida al principio de mis palabras, y segundo porque el objetivo de la moción de censura era la de atraer la atención de sus votantes sobre la imparable ascensión de Podemos al poder. Perdón, que a alguien lo he podido despistar con mis palabras, con la venta a sus incondicionales de la imparable ascensión de Podemos al poder.
Pablo Iglesias, persona inteligente y de amplias capacidades, estoy convencido de ello, sabe perfectamente que en este momento ya juega a la contra. Que sus tiempo de esplendoroso crecimiento y éxtasis mediático, ya están tocando a su fin. Que el devenir de los acontecimientos lo va llevando inexorablemente, y en parte por sus propios errores, a ocupar el lugar que realmente le corresponde en el panorama electoral español, el que tenía hasta ahora IU.
La misma parafernalia, mística, teatralización de su presentación pública delata que su gesto no es más que una larga cambiada. La exhibición del engaño para que el lidiado entre al trapo, sabiendo que no hay más lidia, ni más espectadores que los que le son afines. Nadie más va a comprar el engaño. Se repite, pero con personajes diferentes, la puesta en escena de las ocasiones chungas. Mira lo que te digo que así no te fijas en lo que te hago. Te ofrezco un gobierno de coalición y en realidad te estoy clavando una daga envenenada. Malo si me dices que sí. Malo si me dices que no.
Bueno, nadie más no es cierto. El  segundo objetivo del teatrillo es lanzar sus redes hacia cierta parte del PSOE ahora empeñada en radicalizar la posición de su partido para convertirlo en izquierda izquierda y que entren al trapo y pasen a engrosar las filas de votantes que sustenten su posición para las próximas elecciones gracias a lo cual aún podría emprender un vuelo tipo ave fénix. De corta duración, pero menos da una piedra.
Pablo Iglesias sabe, porque no es tonto, que la consolidación de la opción de Los Comunes le corta todo acceso a los votantes menos radicales, la mayoría, e incluso la posibilidad, llegado el momento, de pactar con un PSOE en reconstrucción, que tendrá mayor afinidad con las posiciones más “legalistas” de la nueva formación que con la permanente salida de pata de banco que ha preconizado Pablo Iglesias en el último congreso.
Ante este panorama pronto se encontrará con que puede perder la  mayor parte de su representación parlamentaria y, poco a poco, o no tan poco a poco, las cuotas de poder autonómico y municipal conseguidas. Que su influencia y capacidad de maniobra de aquí a un par de convocatorias electorales no serán muy distintas de las que hoy por hoy lideraba uno de los acompañantes en la foto, Alberto Garzón, quién fracasada su operación de desembarco para pillar cacho, electoral por supuesto, a la larga, a la media o a la corta puede convertirse, incluso, en un rival más al que tener vigilado.

Yo espero que la general inquina que en Podemos se le tiene a la lidia no les haga olvidar la inmensa sabiduría popular legada en dichos taurinos. Sí, hasta el rabo todo es toro. Una larga cambiada sirve para poner al toro en suerte. Es importante estar siempre al quite. Pero haber tenido el poder tan cerca y ver como se te escapa es, sin duda, “una faena”.

domingo, 16 de abril de 2017

Entre la refundación y la refundición

Parece ser que no solo la muerte tiene una crónica anunciada. Hoy parece cumplirse una predicción hecha por mí desde estas mismas páginas cuando se celebró el congreso de Podemos.
Era inevitable que las maneras de líder absoluto que se gasta Pablo Iglesias llevaran a Iñigo Errejón a una salida de la estructura “oficial” del partido, y que esa salida no fuera pactada ni aceptable para el perdedor. Supongo que Pablo Iglesias tenía la necesidad de que se visualizara sin ningún género de dudas lo que le espera a cualquier disidente que ose enfrentarse a su liderazgo.
Y ya está aquí el nuevo partido, Los Comunes, un partido que parece agrupar a todos aquellos que desde una izquierda moderna, todo lo moderna que puede ser cualquier ideología que se base en las vivencias del siglo XIX, aspira a sentirse cómoda entre los votantes y respaldada por ellos. Todas la figuras marginales de Podemos, incluidas las alcaldesas de las dos principales ciudades del país, son figuras representativas del nuevo partido y tienden una mano, con manzana envenenada, es verdad, a Podemos que no tendrá más remedio que rechazarla y quedar así como el malo, que posiblemente lo sea, de la película.
Como en física, en política, todo espacio vacío tiende a llenarse, y la radicalización, aún más, de Podemos tras su último congreso y las dudas que los socialistas están dejando con sus primarias en la opinión pública habían provocado un socavón en el espectro político que había que cubrir, y, como dice el refrán, el que da primero da dos veces, y Los Comunes, parecen haber dado primero.
Posiblemente está maniobra tenga dos damnificados principales, aunque a lo mejor no lo son de forma inmediata.
El primer damnificado es el Podemos de Iglesias que no puede, no sería creíble, tender puentes hacia los que acaba de intentar aislar levantándoles un muro. La imposibilidad de captar electores del gran caladero no alineado de votantes y su propia atomización llevara a Podemos a convertirse en la nueva IU.
Pero con ser el más claro Podemos, seguramente el mayor perjudicado de esta nueva opción sea el PSOE. Un PSOE enzarzado en una guerra fratricida, en una guerra cruenta y despiadada en la que no solo vale ganar, hay que aplastar. En una guerra basada en la descalificación y el insulto. En una guerra que no va a permitir cicatrizar las heridas sea cual sea el resultado.
Si gana Pedro Sánchez el ala más moderada, más reconocible hasta ahora del PSOE, y los votantes independientes menos socialistas, no tendrán cabida en las siglas y tendrán que fundar su propio partido o acercarse a Ciudadanos. Si la que gana es Susana Díaz posiblemente se encuentre que tendrá más respaldo de los votantes que de los militantes y que la parte de estos que le han jurado odio eterno, que ya es tiempo para odiar, y la han cubierto de improperios por todos los medios a su alcance, seguramente emprenderán un éxodo inevitable hacia Los Comunes, principalmente, y hacia Podemos. ¿Y si gana Patxi López? Pues si gana Patxi López ganará la inestabilidad, el conflicto no resuelto, el aplazamiento del desenlace.
Así que, antes o después, la izquierda ocupará tres huecos, salvo que alguien sea capaz de refundarla, o refundirla, que lo mismo me da, como a principios de la transición. Entre tanto esta reinterpretación de la izquierda solo podrá acceder al gobierno pactando de dos en dos, que tampoco es mala cosa para los ciudadanos.

Tal vez en las próximas elecciones sea precipitado, pero más pronto que tarde España se puede encontrar con un gobierno de izquierdas formado por socialdemócratas y Comunes, que falta le haría. O sea lo que había, pero pactado y con caras nuevas.

lunes, 13 de febrero de 2017

Demasiadas incógnitas

Falta ahora por saber si se producirá la previsible magnanimidad, tan previsible como seguramente efímera, de Pablo Iglesias de cara a la galería. Falta por saber si Iñigo Errejón y todos los suyos serán fusilados, políticamente hablando, al amanecer a la vista de todos o si su defenestración se producirá tras un abrazo, un tiempecito para el olvido y en un callejón oscuro que evite la publicidad de su final.
La verdad es que a pesar de que las cosas se han aclarado, que no solucionado, las incógnitas no han conseguido ser despejadas, porque en el congreso de Vistalegre 2 ha ganado, ha sacado más votos, una de la partes, pero queda por saber si victoria lleva aparejada, tal como a mí me parece, el principio del fin de la formación morada.
Yo no creo que Pablo Iglesias pueda permitirse tener a un rival, a alguien que le ha plantado cara y que se postula como posible alternativa, dentro de su estructura. Yo no creo que la personalidad, el cesarismo de Pablo Iglesias, le permita conservar viva a una persona cuyo proyecto se ha presentado como alternativa a sus modos y maneras. ¿Qué sucederá cuando sufra el primer descalabro en las próximas elecciones? Si Errejón estuviera para entonces dentro se convertiría automáticamente en la opción alternativa que no se tomó y que seguramente era la conveniente, pero si está fuera será el chivo expiatorio, el traidor, siempre dicho en voz baja y círculos íntimos, que dividió a los votantes y ha sido causa del descalabro.
Claro que todo este razonamiento se basa en una pérdida importante de votantes de Podemos en las próximas elecciones, y no es la primera vez que lo anuncio. La radicalización, promulgada por el Sr. Iglesias en sus documentos aprobados, de un partido radical lleva a un mayor posicionamiento populista. Lleva a una mayor movilización en la calle, que es jugar con dos barajas, lo que no puedo ganar en el parlamento porque mis votos no son suficientes lo voy a ganar movilizando en la calle a mis partidarios, y en ese ámbito lo que importa no son los votos si no el alboroto que sea capaz de conseguir, la incomodidad ciudadana que sea capaz de promover. Pero, previsiblemente, esta actitud lleva a un alejamiento considerable de la masa de votantes moderados que son los que determinan los resultados finales de las elecciones generales. Y ya no son el partido de moda, el partido sorpresa, el partido que irrumpe con nuevas ideas, no, ya son el partido que se desgasta tras cuatro años de legislatura sin conseguir más objetivos que su fragmentación y la exhibición de sus radicalidades.
Claro que tal vez el mayor perdedor, con ser el inmediato, no ha sido el señor Errejón. Uno de los puntos importantes que han resultado de la asamblea de hoy es el alejamiento de las posiciones del PSOE. Y así anunciado, sin interpretaciones ni matices, señala otro perdedor que no participaba directamente en esa lucha.
¿Qué le va a vender ahora al Sr. Sánchez, a los militantes del PSOE? ¿Con quién va a pactar, o a qué precio, para alcanzar una mayoría que gobierne? Seguramente si yo fuera el Sr. Sánchez, que afortunadamente no lo soy, y tuviera algún apego a las siglas a las que pretendo representar, que no tengo derecho a dudar que sienta, presentaría automáticamente la renuncia a la candidatura para secretario general. Al menos lograría evitar una ruptura en mi propio partido que ahora mismo se me antoja, ya, gratuita.
Pero claro, vana ilusión, creo que ahora mismo el señor Sánchez no tiene más objetivos que la auto afirmación y vengarse de los que, él está convencido, lo traicionaron. Mal bagaje.

Lo único que lamento de toda esta historia es la más que probable desaparición del señor Errejón de la escena política. Su empeño en lograr que Podemos se convirtiera en un partido susceptible de ser interpretado como tal era digno de mejor final, aunque siempre se me antojó, dada la trama de base que conforma podemos, utópico. Siempre le quedarán las tertulias si su verdugo, amigo y oponente, no le niega hasta esa opción. Ya se sabe cómo se las gastan los jacobinos.

jueves, 9 de febrero de 2017

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio

Ya lo decía la copla, que en estas cosas del malquerer sienta cátedra, “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”
En tanto en el ala derecha de la política los tiempos son plácidos, tal vez en exceso, gracias a la llegada del Sr. Trump a la Casa Blanca, lo que le ha permitido a los líderes europeos marcar distancias y entonar, como si de una Mari Trini se trataran, el  “yo no soy esa” en una clara desvinculación de extremismos, de cesarismos y de tremendismos, el ala izquierda se debate en un problema de identidad que amenaza con no dejar títere con cabeza, ni siquiera partido referencial al que poder arrimarse para recortar el poder y el daño que gobernar sin contrincante puede permitirle hacer a la derecha en los próximos años.
El señor Trump, sus exabruptos, sus opiniones, claramente de extrema derecha, han permitido a la Sra. Merkel, al Sr. Rajoy, a todos los líderes de derechas que gobiernan hoy en países europeos, marcar diferencias con los  evidentes desatinos humanitarios que el tal señor personifica, y presentar solicitud de certificado de templanza y moderación.
Pero  ¿Cuál es la situación de la izquierda? Vamos a basarnos en España aunque no sea muy distinto en Francia, o Grecia, o Alemania.
La izquierda española, cogida en conjunto o por partes, vive hoy en  día un Halloween  que no le permite elegir más que entre susto o muerte. Si elige susto malo, si elige muerte, peor.
El PSOE, lo que queda de él y no sabemos por cuanto tiempo quedará, se debate  a día de hoy en un dilema que no se cerrará con unas elecciones primarias. Da lo mismo quien salga elegido. El enconamiento producido por su historia reciente los lleva inevitablemente a un cisma que quieren cerrar en falso a la búsqueda del árnica de victorias electorales que hoy por hoy no están a su alcance.
Pedro Sánchez personifica ahora mismo la venganza, el cobro de cuentas pasadas a sus propios líderes y, si tocara poder, posiblemente a los ciudadanos españoles. Es muy probable que obtenga un apoyo mayoritario de la militancia, pero en unas elecciones generales el PSOE del señor Sánchez buscaría como único camino el apoyo a, que no de, ni con, cualquier postura más a la izquierda o a la derecha que no sea el PP, que se ha convertido en una especie de obsesión objetivo para él. El señor Sánchez no tiene otro fin inmediato, ni otra ideología prioritaria,  que desbancar al PP, y no le importa ni con quien, ni como, ni siquiera que opinan al respecto la mayoría de los españoles. A mí, personalmente, esa postura me da miedo porque me parece que lo empuja a hacer cualquier tipo de alianza, sin importar ideología ni precio, con tal de logar su obsesión. Y las obsesiones son enfermizas. En todo caso, casi con toda seguridad, ese PSOE se convertiría en unas elecciones en un partido residual, en un partido cuya representación parlamentaria no le permitiría gobernar salvo como primo entre pares de una enloquecida amalgama de partidos y posiciones. Una locura que ningún país puede permitirse. Nada de lo que digo es diferente de lo que ya hubo, pero entonces algunos lo sospechábamos y hoy es del dominio público.
Patxi López se presta a liderar una suerte de tercera vía en la que no creen más que los mejor pensados y los que creen que ninguna de las otras dos opciones sea válida para reconstruir un partido que desde que Felipe González reuniera, en un trabajo político excepcional, a todos los socialismos patrios bajo las mismas siglas se ha ido descosiendo y perdiendo votantes y apoyos. La sistemática elección por parte de la militancia de líderes que dan la espalda a los votantes le ha ido haciendo perder su posición de fuerza en la sociedad. El problema de Patxi López no es que él no pudiera conseguir ese objetivo, que podría, es que los militantes no se lo van a permitir. Por lo de pronto ya se ha convertido en traidor para muchos de ellos y seguramente esos son de los menos predispuestos a reflexionar.
El PSOE que busca Susana Díaz es el más cercano al que lograron reunir Felipe González, Alfonso Guerra y tantos socialistas ilustres de la transición. Un PSOE capaz de presentar una alternativa unida a nivel nacional que pudiera representar al ala moderada de la izquierda y, por tanto, pudiera captar en la calle votos no militantes que le permitieran volver a tocar el gobierno. El problema para la señora Díaz es que para demostrar que puede hacerlo tiene que pasar por unas primarias en las que lo importante no son los objetivos, es la militancia ciega, en este momento, a otra cosa que no sea la competición suicida por un predominio en la izquierda más radicalizada.
No corren buenos tiempos para el PSOE. No corren buenos tiempos para Podemos.
Y no es que me las quiera dar de profeta o de adivino. Creo que en ciertos momentos, ante ciertas situaciones y actitudes adivinar lo que va  a pasar es simplemente una cuestión de lógica.
Si analizamos dos de las características principales del comportamiento radical podremos ver claramente cuáles son los problemas que van a llevar a Podemos, y a un hipotético PSOE  de Pedro Sánchez, a una fragmentación irrecuperable. La postura radical está siempre basada en un ideal incuestionable, en una sensibilidad respecto a un tema  o temas que no admite ningún tipo de compromiso y, seguramente por ello, en una necesidad de imponer y llevar adelante ese ideal de forma prioritaria y urgente. Y Podemos es una amalgama de sensibilidades radicales, muy radicales, en temas de muy diferente cariz y no todos asumibles por la sociedad española actual. Al hombre medio de la calle, al ciudadano votante, le cuesta un mundo votar una opción cuya primera necesidad es deshacerse de todo lo que ha existido. Depositar un voto para tirar por tierra, o condenar incluso, una gran parte de la historia, ciertas tradiciones e incluso las normas de convivencia y tolerancia en las que se ha educado, ha crecido y ha creído durante su vida. Renunciar a cosas de tipo íntimo y ético, a cosas de tipo social y estético, a cuestiones de tipo moral y convivencial. Por no hablar de ciertas contradicciones que algunas de estas posturas generan.
La mayoría de la sociedad española no comulga, perdón por el verbo, no comparte muchos de los planteamientos del feminismo radical e intolerante que predomina en ciertos círculos de Podemos. Una gran parte de la sociedad española, más de la mitad seguramente, no entiende, y por tanto no comparte la equiparación de los animales y las personas. No, en ningún caso tolerarían un maltrato animal, pero por la misma sensibilidad no tolerarán de palabra, obra o pensamiento un maltrato humano que marca una preeminencia de los animales sobre los hombres que marca el animalismo radical. Por no hablar de la contradicción moral y formal que supone estar en contra de la caza, de la pesca, de la ganadería y sin embargo estar a favor del aborto como práctica sin restricciones. Una parte considerable de la sociedad española acepta ya, no desde hace mucho la verdad, la homosexualidad de forma normal, pero no ciertos planteamientos de tipo radical de las asociaciones de gays y lesbianas. Y todos estos colectivos forman parte íntima de Podemos, y lastran su posibilidad de voto en unas elecciones generales. Y no olvidemos, porque no es cosa menor, que a día de hoy la inmensa mayoría de los españoles no quiere, no están dispuestos a consentir ninguna veleidad independentista, ni siquiera ninguna veleidad que huela a independentismo como pudiera ser el mal llamado derecho a decidir, que es, mientras la ley no se cambie, un derecho a decidir que leyes se acatan y cuáles no. Al ciudadano de a pie no se le reconoce ese derecho y, en justa correspondencia, él tampoco se lo reconoce a los demás.
Por resumirlo de alguna manera, si hiciéramos una radiografía superficial del sentir mayoritario de la sociedad española podríamos decir que no le gustan los toros, pero tampoco que se prohíban. Que tiene un sentido laico del día a día pero están en contra de la prohibición o ataque sistemático a la navidad, o a la semana santa. Que son igualitarios, pero no están comodos con la discriminación “positiva”. Que son tolerantes con la homosexualidad, incluso indiferentes, pero no llevan demasiado bien lo del orgullo. Que no son racistas, pero llevan mal que vengan minorías a decirnos como tiene que ser nuestra sociedad y que costumbres propias tenemos que erradicar porque ellos han llegado. Que no son insolidarios, pero se preguntan en un país carencias como el nuestro a que hay que renunciar para beneficiar a los que lleguen. Y que desgraciadamente están acostumbrados a que si se plantean públicamente estas cuestiones no reciban más respuesta, por parte de ciertos sectores, que la de ser llamados fachas, sin respuestas concretas. Y en todas estas cuestiones el radicalismo de Podemos está presente.
Y como todo partido Podemos necesita alcanzar resultados que le proporcionen puestos ejecutivos para mantenerse unida. A las pruebas me remito. Si hubieran logrado sobrepasar al PSOE en las últimas elecciones, o hubieran firmado un pacto con el PSOE del señor Sánchez en las anteriores, hoy no habría un enfrentamiento entre dos posturas, yo creo que al menos tres o incluso más, como la que se  produce entre el cesarismo de Pablo Iglesias y el cambio de modelo de partido que propugna Iñigo Errejón. Y tal como se presenta este enfrentamiento cainita no parece que vaya cerrarse sin cicatrices, o ni siquiera a cerrarse.
Así que, concluyendo, ahora mismo la izquierda española se debate entre cuatro posibilidades, como mínimo, que van desde una izquierda radical y cesarista, la de Pablo Iglesias, a una izquierda social demócrata y centrista que podrían representar Patxi López o Susana Díaz. En medio, en un limbo difícil de evaluar, se quedarían las izquierdas de Iñigo Errejón y de Pedro Sánchez, de las que no me atrevería a predecir qué futuro podrían tener ni en que rango de izquierdismo se moverían.

En fin, que tal como apuntábamos al principio de estas ya extensas palabras, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Malo es el susto, pero aún peor puede ser muerte.