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sábado, 24 de marzo de 2018

Cuncta fessa

Esta es la frase con la que Tácito, el historiador romano, resumía los hechos por los que la República romana había permitido a Octavio Augusto proclamar el Imperio con él a la cabeza. Esta es la frase con la que en muchos periodos de la historia se podría explicar cómo el populismo, las malas gestiones,  el liderazgo de los mediocres, la radicalización de las minorías, las excesivas presiones sobre la mayoría de la población que ve formarse una sociedad que no se corresponde con sus ideas, llevan a la renuncia voluntaria a los derechos por parte de las gentes y a otorgar el poder a formaciones políticas de tipo dictatorial. “Todos cansados”, todos hartos de que se nos convoque cada cuatro años para luego legislar y gobernar de espaldas a nuestras aspiraciones.
Todos cansados, hasta las narices, de minorías que imponen su criterio llevando hasta el ánimo popular una sensación de hastío y no pertenencia que les hace mirar con añoranza hacia sociedades más férreas, de criterios absolutistas. Porque una cosa es la evolución y otra la involución.
Todos cansados, desmoralizados y furiosos, viendo como en el tablero político se juegan partidas que a los que somos de a pie nos importan un ardite. Viendo como siempre hay excusas para recortar los derechos individuales, para abandonar a los débiles y a los necesitados, para aplastar a los que intentan denunciarlo, para marcar con mayor rigor la frontera entre potentados y necesitados, para enfrentar con cualquier excusa y evitar reivindicaciones que realmente sean necesarias.
Todos cansados, tristes, incrédulos, observando una pretendida oposición al poder que hace todo lo posible porque este se perpetúe. Que lejos de aportar posibles soluciones reivindica la creación de nuevos problemas. Que lejos de representar a la gente de la calle, sus cuitas, sus anhelos, sus aspiraciones, pretenden imponerle otros que ellos no desean.
Todos cansados, introspectivos, desesperanzados, observando entre la desidia, la ironía y el viejo germen de lo que nadie desea desear, como nos escamotean día a día la libertad, la justicia, la equidad, la fraternidad, el pasado, el presente y el futuro sin que encontremos los resortes para evitarlo. Los resortes para devolverles sus engaños, sus mentiras, sus palabras huecas o retorcidas y sumirlos en el pozo de la ignominia de donde nunca deberían de haber salido.
Cuncta fessa. Todo es cansancio. Todos cansados.
No hace falta un Tácito para entender lo que está pasando. No hace falta ser una gran analista para comprender como nos están llevando a unos contra otros, diviendiéndonos en facciones controlables, mediante ideologías, mediante banderas, mediante canciones, para que no podamos tener la fuerza imprescindible para plantarnos y decir basta. Basta¡, Baaastaaaa¡¡¡
Todos cansados, entregados. Entregados con fatalidad a lo que acontece. Entregados con ceguera a fanatismos alienantes. Entregados con furia unos contra otros. Entregados desde nuestra más incipiente educación a ser títeres incapaces de un pensamiento libre e independiente.
Fessa sum.  Fessi sumus.  Cuncta fessa. Hasta que alguien, dentro de no mucho, sea capaz de recoger todo ese cansancio, toda esa desazón y llevarla por un camino indeseable, indeseado, intolerable, pero libremente elegido por todos los abandonados, ignorados, resabiados, hartos, de este mundo.
Cuncta fessa, el que avisa no es traidor.

jueves, 21 de junio de 2012

¿Identidad Individual? (22-02-11)


Estaba yo que te estaba en el claro empeño de cumplir mi palabra de despedida de mi anterior intervención sobre lo de Internet, también conocido como ley Sinde, y su conexión con el pestazo, que no tufillo a estas alturas, intervencionista y antilibertario, y antiliberal, y antilibertades del individuo, y de adoctrinamiento moral del sujeto votante, estaba yo, como decía, en el intento de intentar razonar con claridad cuando me encontré que ya alguien había expresado, con claridad, mesura, altavoces, pantallas y una clara rectitud moral casi todo lo que yo pretendía decir, y si algo quedaba por decir, que era poco pero jugoso, lo decían claramente los rictus entre máscara y mascarada de los clanes aludidos, el gobierno, representado por dos ministras beligerantes y una de ellas juez y parte en el asunto, la oposición al brillante y en trance de dimisión autor del discurso, valedores del arte elitista y solo para los que lo puedan comprar, representados por la entrante y complaciente Iciar Bollaín, y el clan Bardem que desgraciadamente representa a esa izquierda rancia, adocenada y de salón a la que basta que se mencione la palabra izquierda o progresista para que se presten como banderín de enganche –a mi la música militar nunca me supo levantar- usando su posición privilegiada, en vez de ser llama de la imparcialidad docente de los ciudadanos, pero eso es más incómodo, exige pensar y no tener bandos.

Así que empecé a derivar hacia la presencia literaria de los estados opresores y la verdad es que encontré varios ejemplos entre los que destacaban el omnipresente “Gran Hermano”, cuya estética y métodos nos lleva a una evolución política actualmente casi extinta, pero también llamaban la atención los no menos alienantes y acomodados a la evolución de nuestro actual discurso político “Un mundo feliz” o “La Fuga de Logan”, en las que el “estado” decide moral, física y mortalmente sobre lo que conviene o no a la mayoría, o finalmente a todos.

Así que puestos a reflexionar, que hay que ver la de vueltas que algunos les damos a las cosas con tal de no ser felices, o felizmente alienados, y tirando de documentos oficiales he comprobado que para las administraciones soy: nada porque no tienen encabezamiento, contribuyente -en la mayoría-, objeto de comunicación o NIF. En ningún caso soy ciudadano, en ningún caso se ponen en contacto conmigo salvo para mandarme multas, requerimientos, citaciones… Ah! Y una que me tilda de querido amigo solicitando mi voto.

Efectivamente, ya he sido relevado mi máxima categoría dentro del entramado público, ya no soy ciudadano porque no existo individualmente para el estado salvo en el acto de sumar 1 a alguna de las masivas tendencias partidistas objeto de voto, porque si quiero disentir, si quiero expresar mi disconformidad con todos ellos, entonces soy para el estado un error que no tiene reflejo salvo en la cifra leída al final de todos los números, de todas las estadísticas oficiales e indiferentes a todo  lo que no sea el refrendo de su supremacía. Ellos son el “Ciudadano Ünico”, “El Gran Impostor”.

Rafa

Continuara, desgraciadamente.

sábado, 7 de abril de 2012

La Magia del Cargo (30-12-10)


Aún a costa de resultar reiterativo me reitero en mi idea de que la magia es eterna e intemporal, no más, ni menos, que lo es el universo que la engloba o la capacidad de percibirla de los seres conscientes, sea su consciencia individual, colectiva o de cualquier otro tipo aún insospechado.

Así que basándome en mi propia aseveración, que mejor base, me atrevo a pensar que la magia no se va, no desaparece, ni tiene tiempos buenos ni malos… simplemente muda, cambia de color.

La magia, que pertenece a las fuerzas místicas, sostiene el conflicto permanente entre el bien y el mal, la blanca y la negra – y la roja y la verde-, y todos sus infinitos matices de grises que ni siquiera es capaz de percibir el sagaz, cromáticamente hablando, ojo de una mujer.

Ya definir en que parte, en que color, en que matiz, estamos situados cada uno es harina de otro costal porque todos tendemos a pensar que nosotros estamos siempre del lado blanco, del bien, de los buenos y guapos –porque nadie puede pretender ser bueno siendo feo, eso siempre acaba mal, recordemos a monstro de Frankestein, o al jorobado de Notre Dame-. Nadie quiere ser feo y si además lleva añadido lo de bueno miel sobre hojuelas.

Pero yo ya no estoy seguro de ser bueno, o sea guapo. No puedo evitar después de mirarme en el espejo considerar que hay aspectos mejorables en mi y me produce cierta perplejidad cuando compruebo que los demás después de mirarse en el mismo espejo se encuentran irresistibles, esplendorosos, cuasi divinos. ¿Seré yo el único imperfecto de este mundo?¿Me tendrá manía el espejo?¿Seré el único que se mira?¿Será alguna suerte de magia, negra por supuesto, o encantamiento?

Yo de magia negra entiendo poco. La Macumba necesita de la convivencia para su dominio, el vudú me repele y me da miedo y en cuanto los encantamientos de las brujas o meigas, el mal de ojo, el chuparte la sangre, las maldiciones y amarres, se me hacen difíciles de percibir en medio de la vorágine y el descreimiento general del mundo en el que vivimos. Solo me preocupa, me inquieta, me asusta la cargolatría.

No estoy seguro de cómo funciona pero he asistido transido por el dolor y el miedo a la transformación  de algún amigo/a, pausada pero imparable, desde el mismo momento de ser nombrado para un cargo, carguito, de persona normal en paladín de la intolerancia y el absolutismo.

Trabajo con denuedo en la consecución de una pócima, ungüento o talismán que sea capaz de frenar el proceso e incluso de revertirlo. Mientras tanto solo nos queda el aguarrás, recuperar la figura del motorista del franquismo o esperar a las siguientes votaciones… Aunque para entonces el daño ya sea irreversible.