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sábado, 3 de diciembre de 2022

SI NON E VERO

Siempre hemos sabido que tras una huelga hay, en un gran porcentaje, una intencionalidad política que nada tiene   que ver con los fines declarados, y esa misma sospecha existe respecto a algunas cosas que están sucediendo en la comunidad de Madrid, utilizando como reos, y víctimas, a los ciudadanos de la comunidad.

Es posible, no puedo afirmar lo contrario ya que no me muevo en los terrenos fanáticos de ninguna de las facciones en conflicto, que haya personas en ese movimiento que actúan con la buena fe de reivindicar carencias evidentes en la sanidad de la comunidad; deficiencias que, por otra parte, no son muy diferentes de las de otras muchas comunidades, regidas, estas, por afines y no afines ideológicamente, a la comunidad madrileña, y que no son reos del ataque sindicalista de Madrid.

Ya lo digo, es posible, casi seguro, pero lo que no sé es si esos médicos son tan reos de los manejos políticos que se adivinan en el fondo del movimiento, como los ciudadanos mismos, y si, éticamente, esta actitud es tolerable. Parece ser que la consecución del poder todo lo tolera.

Pues eso, que ahora llegan los famosos audios y revelan una intencionalidad puramente saboteadora de la convivencia que, no sé si estaba en la mente de los convocantes, o en la de los que siguen las consignas, o en la de los que se han unido convencidos de las reivindicaciones formuladas, pero que, a los que llevamos observando el desigual tratamiento de la sanidad en las distintas comunidades, sin importar la situación existente, desde una postura neutral, a los que asistimos a una confrontación ideológica entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y el Presidente del Gobierno, en términos difícilmente defendibles desde un punto de vista ético, y no perdemos de vista que las elecciones están a la vuelta de la esquina, la motivación puramente ideológica de ciertos convocantes de esta huelga, nos parece, como mínimo, veraz, o como dice el dicho: “si non e vero, e ben trovato”.

Y es que en este mundo político, de enconos ideológicos, en los que el ciudadano no es más que el argumento, pero nunca el sujeto real de las preocupaciones, en el que los sindicatos políticos actúan como la famosa marquesa de la canción, que organizaba una fiesta en la que se cometían toda clase de desmanes, eso sí, a beneficio de los huérfanos y los pobres de la capital, realizando movilizaciones, planteando reivindicaciones, a beneficio de las gentes no afiliadas, pero en las que subyace una lucha por el poder a la que están supeditados todos sus planteamientos, y, por supuesto, cuidando muy bien de decirles a sus patrocinados, los que ellos declaran sus patrocinados, lo que deben de querer, sin molestarse en preguntarles lo que realmente necesitan, nada es verdad, ni es mentira, todo depende del color de la ética con la que se mira.

Sí, me parece perfectamente plausible que los que manejan el cotarro de las movilizaciones médicas, curiosamente afines a movimientos de izquierda, más proclives a los objetivos políticos que a los profesionales, estén moviendo el avispero de cara a las próximas elecciones.

¿Quiere esto decir que las reivindicaciones no son justas? No ¿Qué no son necesarias? No ¿Qué no son convenientes? No. Seguramente las reivindicaciones argumentadas son justas, convenientes y necesarias, pero la mentira subyacente con la que se plantean, la falta de verdad y rigor del planteamiento, la negativa a lograr soluciones en aras de un desgaste político que favorezca sus pretensiones de poder, las mancha, las degrada, las hace sospechosas, y puede provocar en los votantes el efecto contrario.

Si todo poder es sospechoso, que lo es, y la posición lógicamente democrática de cualquier ciudadano es ejercer la oposición a quién detenta el poder, por pura salubridad ciudadana, ser reo de una lucha entre dos poderes invalida siempre al agresor, invalida siempre al que, en función de una ética parcial, considera que se puede mentir, ocultar, desvirtuar y utilizar los hechos y a las gentes, con el objetivo de conseguir una posición preponderante, en la que, vistos los resultados, se considerará respaldado para seguir utilizando esos mismos métodos, eso sí, a beneficio del pueblo y sin que el pueblo lo sepa.

“Si non e vero, e ben trovato”, es una de las frases más demoledoras para la ética y la democracia, porque lo que nos viene a decir es que no hay nada en lo que pueda creerse con firmeza; no hay nada solido y veraz a lo que agarrarse para sostener los principios, nada en lo que se pueda confiar tal como nos lo cuentan. Y la mentira, la falta de credibilidad, la desconfianza, son arietes imparables para demoler la convivencia.

Puede que estemos en una campaña electoral soterrada y ventajista, populista, para apropiarse de las necesidades reales como instrumentos de ataque a una opción política concreta, y si esto es así, si se consideran por encima del bien y del mal, y con derecho a manchar todo lo que les rodea, va siendo hora de decir basta, va siendo hora de, como decía la canción de Quilapayún: “llegó el comandante y mandó a parar”.

Y llegados a este punto, punto de falsedad y desconfianza, me pregunto, desde la más pura desconfianza,  si la indefensión fiscal que están sufriendo las pequeñas empresas en Madrid, no sé si en otros lugares, que las sume en la impotencia y la ruina, víctimas de una ferocidad fiscal sin interlocución, sin defensa, sin esperanza, no pertenecerá también a una campaña de acoso político, para lograr unos números de fracaso empresarial que invaliden los logros de la facción en el poder autonómico. Desgraciadamente, y mirando el entorno, también en este caso, “si non e vero, e ben trovato”.

martes, 15 de julio de 2014

Judios Y Palestinos

Leo con desesperanza una vez más sobre el conflicto judío palestino que algunos llaman árabe israelí aunque a mí no me lo parece.  Leo, digo, con desesperanza y con absoluta desconfianza las noticias que se suceden en el día a día, en el año a año y en el siglo a siglo, porque el conflicto es viejo, muy viejo, aunque los argumentos y las armas sean de ayer mismo.
Leo con desesperanza porque las razones, los argumentos, la apropiación de La Razón que ambos bandos, o ambas bandas que me gusta más para este asunto, exhiben deja poco lugar a la esperanza.  Y hablo de poco lugar por dejar algún resquicio que en realidad no veo.
Y hablo de desconfianza porque todas las noticias que me llegan tienen sesgo. No hay ni una sola referencia, escrita en periódicos o en foros sociales, que no lleve la carga del partidismo claramente marcada, nunca mejor dicho, a fuego y sangre. Y si ni siquiera los que están fuera de la primera línea de combate son capaces de levantar el arma y reflexionar sobre la fiabilidad de su trinchera, ¿qué podemos esperar de los que están en la línea de fuego?
Como todo ser humano en toda cuestión tengo mis simpatías y, siendo consciente de ello, todos los argumentos hacia el lado más, para mí, simpático me resultan sospechosos e intento tamizarlos con gran escrupulosidad, pero, y me asombro al confesarlo, soy humano. Así que consciente de ello no voy a dar argumentos porque ignoro si fue antes el huevo o la gallina, es más, ignoro absolutamente quién es el huevo y quién la gallina.
Pero una cosa si tengo clara, mientras existan los radicales ortodoxos judíos y los radicales islamistas palestinos, ambos embozados en un decorado político-territorial en el que volcar sus verdaderos odios históricos que ni son políticos ni son religiosos, o, yendo más allá, mientras haya poderosos y oprimidos, ricos y pobres, simpáticos y antipáticos, ocupantes y ocupados, libres y confinados, mientras haya unos y haya otros y no se consiga que haya ambos dispuestos a reconocer que en ambos caben todos y ninguno tiene ni más derechos ni menos, este conflicto, como cualquier otro, no será distinto de una pelea infantil en el parque.

“Mamá, mamá, Pepito me ha pegado”, “es que él me ha tirado el bocadillo”, “porque me llamó tonto”, “claro y tú…” y así hasta el infinito. Durante la pelea unos que pasaban por allí harán hincapié en la huella del tortazo en la cara de Juanito en tanto otros se explayarán en las imágenes descarnadas de la mortadela del bocadillo de Pepito esparcida por la tierra del parque. Y mientras tanto los niños seguirán desgranando los sucesivos agravios, eso sí, en este caso, con armas que matan a decenas de personas, incluidos otros niños.

viernes, 3 de agosto de 2012

Una Vez Y Otra Vez


Por diversas circunstancias entre mis vivencias figura el haber conocido y tratado fuera del mundillo de la política a líderes de formaciones de todo signo, desde la derecha más extrema a la más extrema izquierda pasando por todos los laterales y por todos los desplazados centros.  Del centro, centro,  - algo así como ser de Pinto pero en política- no he conocido a nadie. No sé si el problema es estadístico, ideológico, o de que andamos todos algo descentrados en los últimos cinco mil años.
Pero al tema. Todos estos personajes, algunos de cierta relevancia, siempre han sido correctos en el trato, inteligentes en lo tratado y firmes pero sensatos en sus planteamientos, incluso aquellos de los que siempre he pensado: “Si este algún día llega al poder yo me exilio”.
¿Qué que digo? Lo que digo es que los llamados líderes de la opinión, los que con sus palabras y sus acciones mueven a la gente son a su vez personas normales, sin cuernos, sin pezuñas, ni halos, ni un certificado de posesión de la verdad absoluta –sea expedido por la razón universal, por un ser supremo o por el sursum corda-. Todos ellos en el día a día, el cara a cara, son personas normales y corrientes. Excluyo de forma radical y terminante a los líderes de movimientos violentos, que suelen tener un atisbo de mesianismo o de crueldad o de ambas cosas.
Pero a este gente normal, a esta  gente que si no fuera por su posición te cruzarías en cualquier lugar sin reparar en ellos, les das un micrófono, o un sillón en algún órgano ejecutivo, y se transforman. De repente ese señor, o señora, vulgarote se desenfunda a sí mismo, transforma sus ideas en un mensaje –ya arenga-, en un llamamiento a la cruzada, a la persecución de los otros, al exterminio de los infieles y lo único que parece aplacarlo momentáneamente –justo hasta la siguiente frase- es el aplauso más clamoroso. Y como la gente es como es los oyentes a su vez mutan en cruzados –soldados para los menos religiosos, activistas para los que no les valga otro término- que transforman lo que eran inicialmente  palabras, conceptos, ideas, en acciones rabiosas, cargadas de odio, contra aquello o aquellos que hayan sido estigmatizados por el líder. Y ya no se paran en diferenciar un enfrentamiento de una pelea, una contienda ideológica de una guerra sin cuartel –casi nunca incruenta-, ni les importan un ardite las consecuencias de sus actos. A la razón por el aplastamiento, a la unidad de criterio por el extermino del disentiente.
Afortunadamente en estos casos, cuando las cosas llegan a un punto en que el rencor, la imposición de la verdad propia, sustituye al dialogo y las razones partidarias a la convivencia porque ya son  irreconciliables,  siempre acaban imponiéndose los que tienen razón, la razón del vencedor. ¿A que me suena?

jueves, 26 de julio de 2012

De Toda la Vida, Claro


Habíamos hablado hace tiempo de los “de toda la vida”, esas personas que en aras de un posicionamiento político, religioso, futbolístico o de cualquier otro tipo son absolutos e inamovibles en sus posiciones suponiendo que son las únicas válidas, verdaderas porque son las suyas y por tanto las otras, las que no son las suyas, son falsas. Pero no solo son absolutos en sus posiciones, también lo son en la integridad del mensaje. Nadie puede compartir solo parcialmente el ideario, el ideario es íntegro y en caso contrario el que se permita dudar, intentar razonar, o no compartir una sola coma de su posiciones pasa de forma inmediata y lamentable, porque además creen lamentarlo, a las filas del enemigo ancestral. Ese pobre, lastimoso ser incoherente pasa indefectiblemente a formar parte de un bando u otro –siempre del contrario, claro- en función del interlocutor  que se conduele de su ceguera, de su desviación de la verdad que todo ser inteligente, íntegro y bienintencionado tiene que compartir.
Hay alguna característica que tal vez no apunté en su momento:
1-      Todas sus acciones son válidas porque se realizan en aras de la justicia, la verdad y el bien común. Las mismas acciones realizadas por los contrarios tienen el significado y la carga contrarias
2-      La memoria respecto a los actos de las personas pertenecientes a su círculo es portentosa, sus recuerdos caducan justo un instante antes de que sea necesario olvidarlas y retornan en el  instante en que recordarlas es útil o necesario, siempre en aras de lo que el momento demande para dañar al contrario, al enemigo.
3-      Son incapaces de reconocer ningún defecto en si mismos –salvo dialécticamente por supuesto- y por tanto cualquier insinuación de duda supone un ataque frontal y culpable hacia ellos y las inamovibles ideas que creen –o eligen por beneficio- defender.
Este pobre ser que pergeña estas palabras, y que al único color que le gustaría pertenecer es al transparente en una sociedad arco iris, en su inmenso error de intentar pensar cada vez que alguien le dice algo, pensar de verdad, analizar los pros, los contras, las implicaciones, las incoherencias, está en este momento espantado.
Internet es una herramienta y como tal es neutra, dependerá de la pericia e intenciones del operario para que su utilización sea educativa o nociva. La utilización de una herramienta con la capacidad de comunicación y la falta de censura que conlleva supone que aquellos que no utilizan una mínima autocensura en sus comunicaciones invadan nuestra intimidad con odio, con invitaciones al linchamiento, con sexo no pedido… Siempre con las mejores intenciones y la mayor ceguera –que para ellos será la mía, claro-
He recibido por varios caminos, y por tanto está circulando, una invitación a participar en un golpe de estado en el próximo mes de septiembre. Estoy convencido de que quienes lo promueven y apoyan tienen un suficiente arsenal de auto justificaciones para pensar que el suyo, su golpe de estado,  tiene razón de ser -los que dieron otros no, claro-, porque ellos son los buenos -los otros no eran los buenos, claro- y hay motivos de sobra -los otros se los inventaron, claro-. Pero si repaso la historia de la humanidad y este tipo de iniciativas no me gustan nada los resultados que veo, ni sus métodos, ni sus justificaciones, ni sus consecuencias.
Pero lo que más me preocupa es que al parecer es una convocatoria ciudadana y abierta, en contra de la clase política en general, llena de odio y de populismo. No tiene firma pero a nada que se lea con cuidado tiene rastro y si se pone un poco más de intención en la lectura tiene hasta rostros. Y los rastros y los rostros apuntan a motivos sectarios ni siquiera hábilmente enmascarados, pero está calando. Y esto sí que me acongoja, en los dos sentidos.
En este país parece ser que las palabras solo valen si sirven para atacar, dañar, insultar, desprestigiar, vilipendiar, matar, difamar, linchar, ofender o machacar. Y el contario, el enemigo, que se joda, que hubiera pensado como nosotros.