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martes, 9 de mayo de 2017

Una historia en tópicos

Cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar, dice el refrán tradicional. Esta es una historia, una reflexión, que se puede escribir acumulando tópico tras tópico.
El anuncio de Hollande sobre su presentación por el partido de Macrón y su anuncio de que da por muerto al partido socialista francés no hace más que derivar, una vez más, las miradas de los españoles hacia el duelo fratricida de los socialistas.
Porque, y siguiendo los tópicos, no hay más que ver las redes sociales para comprender que la escisión del PSOE y su más que posible refundación no es más que la crónica de una muerte anunciada. Anunciada  y parece que buscada con ahínco. El grado de frentismo, de intransigencia, de odio fraternal que destilan muchos de los mensajes utilizados en esta campaña no desmerecen de los dedicados al PP o a cualquier otro rival, tratado como enemigo irreconciliable, en campañas no internas.
Así que inevitablemente, y una vez finalizadas la primarias, más bien primitivas, una parte del socialismo español será un personaje en busca de autor, o, más bien, una ideología en busca de siglas, y de partido.
No sé si eso sucederá inmediatamente o asistiremos a un periodo de cierre de agravios en falso, pero se haga cuando se haga lo que sí está claro es que los avales presentados representan una escisión clara entre dos grupos que siempre han convivido con dificultad bajo una mismas siglas: el socialismo puro, más del gusto de los militantes, y la social democracia que anhelan los votantes como alternativa a una derecha que se mantiene por la desconfianza que Pedro Sánchez generó en su momento y seguirá generando en el futuro.
No sé si como el socialismo francés el socialismo español está muerto. Desde luego desprende un tufillo sospechoso y sus lecturas vitales son bastante inconstantes.
No sé si la sociedad española podría resistir la oposición de unas siglas vacías que perpetúen en el gobierno una opción que hace tiempo que solo vive por la muerte ajena, que se hace día a día en su propia inmundicia y cuya única acreditación es haber hecho una gestión positiva, aunque no idónea, en tiempos de crisis. El país necesita otra cosa. El país necesita ilusión, necesita soluciones a su desigualdad económica y social. Necesita con urgencia reformas que vuelvan a acercar a los ciudadanos, si es que siguen existiendo,  el control sobre la gestión que los políticos hacen con sus votos y a sus espaldas.
No sé, y dudo que nadie lo sepa, si España puede soportar la travesía del desierto que puede suponer una oposición realizada por un partido sin votantes, si gana el señor Pedro Sánchez, o la realizada por un partido sin militantes, si gana la señora Díaz. Si, ya sé, parece una falta de respeto que no hable de la opción de Patxi López, la opción de los moderados, la opción más serena y técnica de las tres, pero yo solo soy alguien que analiza lo que ve, y lo que veo es que el señor López no solo tiene pocas posibilidades de ganar, no tiene ninguna de reconciliar las dos posturas que se han jurado odio eterno, y que incluso lo consideran un traidor.

No hay mucho que rascar. La suerte está echada. A buen entendedor pocas palabras bastan. O, lo que es peor, a perro flaco todo son pulgas, y el PSOE, hoy, y peor mañana, está más flaco que el galgo corredor de nuestro Ingenioso Hidalgo. Que dios reparta suerte.

domingo, 16 de abril de 2017

Entre la refundación y la refundición

Parece ser que no solo la muerte tiene una crónica anunciada. Hoy parece cumplirse una predicción hecha por mí desde estas mismas páginas cuando se celebró el congreso de Podemos.
Era inevitable que las maneras de líder absoluto que se gasta Pablo Iglesias llevaran a Iñigo Errejón a una salida de la estructura “oficial” del partido, y que esa salida no fuera pactada ni aceptable para el perdedor. Supongo que Pablo Iglesias tenía la necesidad de que se visualizara sin ningún género de dudas lo que le espera a cualquier disidente que ose enfrentarse a su liderazgo.
Y ya está aquí el nuevo partido, Los Comunes, un partido que parece agrupar a todos aquellos que desde una izquierda moderna, todo lo moderna que puede ser cualquier ideología que se base en las vivencias del siglo XIX, aspira a sentirse cómoda entre los votantes y respaldada por ellos. Todas la figuras marginales de Podemos, incluidas las alcaldesas de las dos principales ciudades del país, son figuras representativas del nuevo partido y tienden una mano, con manzana envenenada, es verdad, a Podemos que no tendrá más remedio que rechazarla y quedar así como el malo, que posiblemente lo sea, de la película.
Como en física, en política, todo espacio vacío tiende a llenarse, y la radicalización, aún más, de Podemos tras su último congreso y las dudas que los socialistas están dejando con sus primarias en la opinión pública habían provocado un socavón en el espectro político que había que cubrir, y, como dice el refrán, el que da primero da dos veces, y Los Comunes, parecen haber dado primero.
Posiblemente está maniobra tenga dos damnificados principales, aunque a lo mejor no lo son de forma inmediata.
El primer damnificado es el Podemos de Iglesias que no puede, no sería creíble, tender puentes hacia los que acaba de intentar aislar levantándoles un muro. La imposibilidad de captar electores del gran caladero no alineado de votantes y su propia atomización llevara a Podemos a convertirse en la nueva IU.
Pero con ser el más claro Podemos, seguramente el mayor perjudicado de esta nueva opción sea el PSOE. Un PSOE enzarzado en una guerra fratricida, en una guerra cruenta y despiadada en la que no solo vale ganar, hay que aplastar. En una guerra basada en la descalificación y el insulto. En una guerra que no va a permitir cicatrizar las heridas sea cual sea el resultado.
Si gana Pedro Sánchez el ala más moderada, más reconocible hasta ahora del PSOE, y los votantes independientes menos socialistas, no tendrán cabida en las siglas y tendrán que fundar su propio partido o acercarse a Ciudadanos. Si la que gana es Susana Díaz posiblemente se encuentre que tendrá más respaldo de los votantes que de los militantes y que la parte de estos que le han jurado odio eterno, que ya es tiempo para odiar, y la han cubierto de improperios por todos los medios a su alcance, seguramente emprenderán un éxodo inevitable hacia Los Comunes, principalmente, y hacia Podemos. ¿Y si gana Patxi López? Pues si gana Patxi López ganará la inestabilidad, el conflicto no resuelto, el aplazamiento del desenlace.
Así que, antes o después, la izquierda ocupará tres huecos, salvo que alguien sea capaz de refundarla, o refundirla, que lo mismo me da, como a principios de la transición. Entre tanto esta reinterpretación de la izquierda solo podrá acceder al gobierno pactando de dos en dos, que tampoco es mala cosa para los ciudadanos.

Tal vez en las próximas elecciones sea precipitado, pero más pronto que tarde España se puede encontrar con un gobierno de izquierdas formado por socialdemócratas y Comunes, que falta le haría. O sea lo que había, pero pactado y con caras nuevas.

jueves, 9 de febrero de 2017

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio

Ya lo decía la copla, que en estas cosas del malquerer sienta cátedra, “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”
En tanto en el ala derecha de la política los tiempos son plácidos, tal vez en exceso, gracias a la llegada del Sr. Trump a la Casa Blanca, lo que le ha permitido a los líderes europeos marcar distancias y entonar, como si de una Mari Trini se trataran, el  “yo no soy esa” en una clara desvinculación de extremismos, de cesarismos y de tremendismos, el ala izquierda se debate en un problema de identidad que amenaza con no dejar títere con cabeza, ni siquiera partido referencial al que poder arrimarse para recortar el poder y el daño que gobernar sin contrincante puede permitirle hacer a la derecha en los próximos años.
El señor Trump, sus exabruptos, sus opiniones, claramente de extrema derecha, han permitido a la Sra. Merkel, al Sr. Rajoy, a todos los líderes de derechas que gobiernan hoy en países europeos, marcar diferencias con los  evidentes desatinos humanitarios que el tal señor personifica, y presentar solicitud de certificado de templanza y moderación.
Pero  ¿Cuál es la situación de la izquierda? Vamos a basarnos en España aunque no sea muy distinto en Francia, o Grecia, o Alemania.
La izquierda española, cogida en conjunto o por partes, vive hoy en  día un Halloween  que no le permite elegir más que entre susto o muerte. Si elige susto malo, si elige muerte, peor.
El PSOE, lo que queda de él y no sabemos por cuanto tiempo quedará, se debate  a día de hoy en un dilema que no se cerrará con unas elecciones primarias. Da lo mismo quien salga elegido. El enconamiento producido por su historia reciente los lleva inevitablemente a un cisma que quieren cerrar en falso a la búsqueda del árnica de victorias electorales que hoy por hoy no están a su alcance.
Pedro Sánchez personifica ahora mismo la venganza, el cobro de cuentas pasadas a sus propios líderes y, si tocara poder, posiblemente a los ciudadanos españoles. Es muy probable que obtenga un apoyo mayoritario de la militancia, pero en unas elecciones generales el PSOE del señor Sánchez buscaría como único camino el apoyo a, que no de, ni con, cualquier postura más a la izquierda o a la derecha que no sea el PP, que se ha convertido en una especie de obsesión objetivo para él. El señor Sánchez no tiene otro fin inmediato, ni otra ideología prioritaria,  que desbancar al PP, y no le importa ni con quien, ni como, ni siquiera que opinan al respecto la mayoría de los españoles. A mí, personalmente, esa postura me da miedo porque me parece que lo empuja a hacer cualquier tipo de alianza, sin importar ideología ni precio, con tal de logar su obsesión. Y las obsesiones son enfermizas. En todo caso, casi con toda seguridad, ese PSOE se convertiría en unas elecciones en un partido residual, en un partido cuya representación parlamentaria no le permitiría gobernar salvo como primo entre pares de una enloquecida amalgama de partidos y posiciones. Una locura que ningún país puede permitirse. Nada de lo que digo es diferente de lo que ya hubo, pero entonces algunos lo sospechábamos y hoy es del dominio público.
Patxi López se presta a liderar una suerte de tercera vía en la que no creen más que los mejor pensados y los que creen que ninguna de las otras dos opciones sea válida para reconstruir un partido que desde que Felipe González reuniera, en un trabajo político excepcional, a todos los socialismos patrios bajo las mismas siglas se ha ido descosiendo y perdiendo votantes y apoyos. La sistemática elección por parte de la militancia de líderes que dan la espalda a los votantes le ha ido haciendo perder su posición de fuerza en la sociedad. El problema de Patxi López no es que él no pudiera conseguir ese objetivo, que podría, es que los militantes no se lo van a permitir. Por lo de pronto ya se ha convertido en traidor para muchos de ellos y seguramente esos son de los menos predispuestos a reflexionar.
El PSOE que busca Susana Díaz es el más cercano al que lograron reunir Felipe González, Alfonso Guerra y tantos socialistas ilustres de la transición. Un PSOE capaz de presentar una alternativa unida a nivel nacional que pudiera representar al ala moderada de la izquierda y, por tanto, pudiera captar en la calle votos no militantes que le permitieran volver a tocar el gobierno. El problema para la señora Díaz es que para demostrar que puede hacerlo tiene que pasar por unas primarias en las que lo importante no son los objetivos, es la militancia ciega, en este momento, a otra cosa que no sea la competición suicida por un predominio en la izquierda más radicalizada.
No corren buenos tiempos para el PSOE. No corren buenos tiempos para Podemos.
Y no es que me las quiera dar de profeta o de adivino. Creo que en ciertos momentos, ante ciertas situaciones y actitudes adivinar lo que va  a pasar es simplemente una cuestión de lógica.
Si analizamos dos de las características principales del comportamiento radical podremos ver claramente cuáles son los problemas que van a llevar a Podemos, y a un hipotético PSOE  de Pedro Sánchez, a una fragmentación irrecuperable. La postura radical está siempre basada en un ideal incuestionable, en una sensibilidad respecto a un tema  o temas que no admite ningún tipo de compromiso y, seguramente por ello, en una necesidad de imponer y llevar adelante ese ideal de forma prioritaria y urgente. Y Podemos es una amalgama de sensibilidades radicales, muy radicales, en temas de muy diferente cariz y no todos asumibles por la sociedad española actual. Al hombre medio de la calle, al ciudadano votante, le cuesta un mundo votar una opción cuya primera necesidad es deshacerse de todo lo que ha existido. Depositar un voto para tirar por tierra, o condenar incluso, una gran parte de la historia, ciertas tradiciones e incluso las normas de convivencia y tolerancia en las que se ha educado, ha crecido y ha creído durante su vida. Renunciar a cosas de tipo íntimo y ético, a cosas de tipo social y estético, a cuestiones de tipo moral y convivencial. Por no hablar de ciertas contradicciones que algunas de estas posturas generan.
La mayoría de la sociedad española no comulga, perdón por el verbo, no comparte muchos de los planteamientos del feminismo radical e intolerante que predomina en ciertos círculos de Podemos. Una gran parte de la sociedad española, más de la mitad seguramente, no entiende, y por tanto no comparte la equiparación de los animales y las personas. No, en ningún caso tolerarían un maltrato animal, pero por la misma sensibilidad no tolerarán de palabra, obra o pensamiento un maltrato humano que marca una preeminencia de los animales sobre los hombres que marca el animalismo radical. Por no hablar de la contradicción moral y formal que supone estar en contra de la caza, de la pesca, de la ganadería y sin embargo estar a favor del aborto como práctica sin restricciones. Una parte considerable de la sociedad española acepta ya, no desde hace mucho la verdad, la homosexualidad de forma normal, pero no ciertos planteamientos de tipo radical de las asociaciones de gays y lesbianas. Y todos estos colectivos forman parte íntima de Podemos, y lastran su posibilidad de voto en unas elecciones generales. Y no olvidemos, porque no es cosa menor, que a día de hoy la inmensa mayoría de los españoles no quiere, no están dispuestos a consentir ninguna veleidad independentista, ni siquiera ninguna veleidad que huela a independentismo como pudiera ser el mal llamado derecho a decidir, que es, mientras la ley no se cambie, un derecho a decidir que leyes se acatan y cuáles no. Al ciudadano de a pie no se le reconoce ese derecho y, en justa correspondencia, él tampoco se lo reconoce a los demás.
Por resumirlo de alguna manera, si hiciéramos una radiografía superficial del sentir mayoritario de la sociedad española podríamos decir que no le gustan los toros, pero tampoco que se prohíban. Que tiene un sentido laico del día a día pero están en contra de la prohibición o ataque sistemático a la navidad, o a la semana santa. Que son igualitarios, pero no están comodos con la discriminación “positiva”. Que son tolerantes con la homosexualidad, incluso indiferentes, pero no llevan demasiado bien lo del orgullo. Que no son racistas, pero llevan mal que vengan minorías a decirnos como tiene que ser nuestra sociedad y que costumbres propias tenemos que erradicar porque ellos han llegado. Que no son insolidarios, pero se preguntan en un país carencias como el nuestro a que hay que renunciar para beneficiar a los que lleguen. Y que desgraciadamente están acostumbrados a que si se plantean públicamente estas cuestiones no reciban más respuesta, por parte de ciertos sectores, que la de ser llamados fachas, sin respuestas concretas. Y en todas estas cuestiones el radicalismo de Podemos está presente.
Y como todo partido Podemos necesita alcanzar resultados que le proporcionen puestos ejecutivos para mantenerse unida. A las pruebas me remito. Si hubieran logrado sobrepasar al PSOE en las últimas elecciones, o hubieran firmado un pacto con el PSOE del señor Sánchez en las anteriores, hoy no habría un enfrentamiento entre dos posturas, yo creo que al menos tres o incluso más, como la que se  produce entre el cesarismo de Pablo Iglesias y el cambio de modelo de partido que propugna Iñigo Errejón. Y tal como se presenta este enfrentamiento cainita no parece que vaya cerrarse sin cicatrices, o ni siquiera a cerrarse.
Así que, concluyendo, ahora mismo la izquierda española se debate entre cuatro posibilidades, como mínimo, que van desde una izquierda radical y cesarista, la de Pablo Iglesias, a una izquierda social demócrata y centrista que podrían representar Patxi López o Susana Díaz. En medio, en un limbo difícil de evaluar, se quedarían las izquierdas de Iñigo Errejón y de Pedro Sánchez, de las que no me atrevería a predecir qué futuro podrían tener ni en que rango de izquierdismo se moverían.

En fin, que tal como apuntábamos al principio de estas ya extensas palabras, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Malo es el susto, pero aún peor puede ser muerte. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Susto o muerte

Pues sí. Como si de un jalogüin cualquiera se tratase parece que las futuras primarias del PSOE, que ya han empezado a disputarse, van a decidirse a susto o muerte.
Opinar sobre la casa ajena nunca ha sido fácil, ni conveniente, pero el PSOE, queramos o no, es una parte fundamental de la estabilidad institucional de este país, y ya en cuestión de país si me siento menos violento por opinar.
Visto desde fuera, en perspectiva que se llama, la confrontación parece una lucha entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. Si un corral no tiene al menos dos gallos ni es corral ni es ná. Y en este corral parece haber dos gallos, y más. Pero la verdad es que si vas afinando la perspectiva, si vas enfocando la imagen, esta primera apreciación sin ser falsa no es totalmente cierta. Puede, no lo dudo, que esta apariencia tenga un algo de realidad, pero lo que parece que vaya a dirimirse en el PSOE es algo bastante más profundo que el simple enfrentamiento entre dos posturas, o entre dos personajes, lo que realmente va a dirimirse en unas primarias es el modelo de representación que el PSOE va a tener. Su peso en la política nacional.
La verdadera disyuntiva está entre un modelo de partido representativo de la sociedad, que adquiere compromisos y está obligado a ejercer políticas fuera de ideologías puras para captar los votos de los no militantes, o acercarse a un partido más comprometido con posiciones inamovibles y militantes y que por tanto dependerá única y exclusivamente de sus afiliados.
Tal vez esta reflexión suene un poco radical pero está claro, y más tras su discurso de espantada, que la política que pretende Pedro Sánchez está más cerca de Podemos que del PSOE de estos últimos cuarenta años y que nació del proceso de modernización y unión que realizó Felipe González tras la constitución para crear a nivel nacional un partido fuerte y preparado para gobernar.
Desde entonces una parte de la militancia ha ido reclamando lo que entonces se dejó para lograr su preponderancia, el marxismo, la posición de izquierda pura, y abominando de las posturas social-demócratas sin las cuales la historia del periodo constitucional del PSOE no podría entenderse.
Tal vez lo que unos y otros tendrían que reflexionar, aunque las esquizofrenias son inevitables, es si se quiere un partido de izquierdas puras, radicalizado, de confrontación y, posiblemente, sin opciones de gobernar salvo en coaliciones con posturas aún más radicales, o quieren retomar el espacio que dejaron en el centro desde el advenimiento del señor Zapatero y que ha marcado un declive imparable hasta este momento.
Lo dicho, un partido que solo representa a sus militantes, o un partido que representa a una sociedad que tiene múltiples gradaciones de color, múltiples matices.
No tengo claro, salvo por las formas, que diferencia habría entre un PSOE como el que pretende Pedro Sánchez y Podemos. No tengo claro siquiera que haya un espacio político electoral para que ambos pervivan más allá de tres o cuatro elecciones. No tengo claro, tampoco aunque si tengo mis sospechas, de cual perviviría en ese caso. Habría que sopesar qué peso tiene la historia o la falta de ella. Habría que sopesar qué empuje tiene el populismo o cuanto lastra el apuntase a él.
Claro que tampoco tengo claro cuánto tiempo tardaría una posición más estatalista, de corte social demócrata, en recuperar la confianza de unos simpatizantes, de unos votantes, más pragmáticos y que han pasado un calvario de incertidumbres, de derivas, de palabras que luego no se correspondían con los hechos.
Lo dicho, susto o muerte. El PSOE no puede seguir jugando a dos barajas, a la indefinición, al juego del digo y del Diego, a la gallinita ciega o a mirar por el retrovisor como el que viene por detrás lo adelanta.
A lo mejor, y no quieren verlo ni militantes ni dirigentes, hay dos partidos en unas solas siglas, y mientras la cuota de poder lo enmascaró todo fue bién. A lo mejor, o a lo peor, hay un PSOE ideológico y un PSOE político, un PSOE de base y otro de dirigentes, cuyos proyectos, cuyos caminos son irreconciliables.
En todo caso pronto lo sabremos, pronto sabremos si los militantes, que son los dueños de las primarias, eligen ideología o poder, susto o muerte.

Eso sí, estoy esperando a ver a quién jalea el señor Iceta, (sotto vocce: se rumorea que la señora Díaz, como buena andaluza, ha ido a verlo para evitar que grite eso de: “Por diós Susana, libranos de…”), para tener claro quién va a perder.