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sábado, 5 de septiembre de 2026

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Hay quién piensa que lo que ha sucedido en Ceuta nos pone en situación de reanalizar las actitudes del gobierno. En realidad yo creo que no, que la actitud del gobierno en general es la misma en todas las crisis. Primero negarlas, como consecuencia llegar tarde, una gestión sobreactuada para tapar esa ineficacia actual, echarle la culpa a la oposición de una actitud de no colaboración, que suele provocar previamente, mediante gestos y declaraciones, el mismo gobierno, para finalmente alabar ante los medios las bondades de esa ineficacia, que en realidad, según el gobierno, se corresponde con una planificación cuidadosa y eficaz de la crisis. Y prudencia, mucha prudencia.

Así que en la crisis de Ceuta, sin temor a equivocarnos, podemos invocar el “Eclesiastés”, y más concretamente esa frase que dice: “Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol”, porque el gobierno ha cumplido con un rigor suicida su política de tratamiento de las crisis. Recordando otra célebre frase, su intervención se ha producido tarde, mal y nunca. Ahora estamos en el más riguroso nunca.

Podríamos hablar casi de cualquier tema que la calle percibe como una amenaza, o que supone una amenaza real, y el primer planteamiento de este gobierno es negarlo, es decir que no existe, como hace en el tema de la ocupación, o rebatirlo con un argumento que nada tiene que ver, como en el tema de la debacle en la economía doméstica, o en el tema de la ruina de los autónomos, o echarle la culpa a la extrema derecha, argumento favorito, como en el tema de la inmigración, o a agentes difusos, varios, e inconstatables, aparte de a la extrema derecha, como en el tema de Ceuta, o a las autonomías, como en el caso de la vivienda, pero la ineficacia del gobierno siempre viene salvada por culpables externos que no aprecian (aprecian de valorar, aprecian de percibir) la incansable, abnegada e impagable labor de un gobierno en el que todos los ministros son portavoces, todos los ministros, a una, repiten los mantras oficiales cada vez que haya, o haya que buscarla porque no haya, ocasión para repetirlos.

No seré yo quien acuse a un gobierno, al que yo creo fundamentalmente ineficaz, mentiroso, y soberbio, de manipular. ¡Dios me libre!. Pero me voy a limitar a enumerar algunas de las más conocidas técnicas de manipulación que figuran en los libros sobre el tema, y que cada palo aguante su vela, que cada lector decida que le va en ello:

-       Gaslighting (crear duda): Hacer dudar a alguien de su propia memoria, juicio o cordura mediante la negación de hechos reales. Podríamos poner como ejemplo la okupación, o los independentismos.

-       Hacerse la víctima: Invertir los papeles para culpar al otro y evadir responsabilidades, generando lástima o culpa. Podríamos hablar de la extrema derecha, en casi todo, de las mafias, en lo de Ceuta y en la inmigración, de la oposición, porque se opone, e incluso de los ciudadanos, en la economía, o en los impuestos.

-       Love Bombing: Demostrar un afecto y una atención exagerados al principio para enganchar a la persona, y luego retirarlos como castigo. Podríamos ver cómo han acabado Podemos, o el camino que lleva Sumar.

-       Proyección: Acusar a la otra persona de los defectos o malas intenciones que tiene el propio manipulador. Poner ejemplos de esta técnica sería hacer una crónica exhaustiva de las dos últimas legislaturas, labor que dejo al lector.

El gran problema es que hay una base de fanatismo ideológico que va a soportarlo todo, a explicarlo todo, a tragar con todo, porque la supuesta afinidad ideológica, y digo supuesta porque los hechos la desmienten, y el llamamiento permanente a una cruzada contra los malos, los otros, claro, y a la salvación de la patria (no, no estoy rememorando un discurso franquista), les hace justificar, cuando no a adherirse, a posturas que ideológicamente jamás admitirían sin tan peregrinos argumentos, a posturas que confrontan de forma absoluta el ideario socialista, al menos el original.

Pero, tal vez, casi todo parece haber cambiado. La crisis de Ceuta, la manipulación de hechos, protagonistas, y números, la ineficacia, inacción y dejación gubernamental ante una crisis de orden internacional, ha dejado las costuras de este gobierno al descubierto. Sin aliados internacionales, en su entorno natural, entre sus teóricos aliados, sin aliados nacionales, ni siquiera sus socios parlamentarios, o de gobierno, su obcecación solo puede ser comprada por auténticos fanáticos, por conversos sin fisuras.  

El patetismo del último debate parlamentario sobre el tema de Ceuta ha dejado al descubierto un parlamento compuesto por un ególatra, una bancada de estómagos agradecidos, la minoría, y todos los demás, algunos metiendo con calzador a la extrema derecha en danza para poder salvar la cara, esa que han dado a lo largo de la legislatura para justificar lo injustificable, e intentar distanciarse de esa extrema derecha mundial que, a pesar de ser tan supuestamente poderosa, no tiene a su alcance reflejar en las urnas el poder que los discursos pretenden otorgarle. El famoso chivo expiatorio, que, como todos sabemos, es el mejor amigo del político mediocre y sin principios.

En cualquier democracia que se precie este sería el último capítulo –en realidad, y en nuestra supuesta democracia, sería el enésimo último capítulo- de una resistencia de exaltación personal que está dejando una democracia gravemente dañada, y señalada ante la ciudadanía por su falta de recursos para generarse, por su falta de transparencia, por su falta de capacidad para controlar el poder, por su falta de separación entre poderes, por la facilidad para la manipulación de las instituciones fundamentales, y, en definitiva, por sus propias carencias democráticas de base: la ley electoral que permite estas situaciones.

Todo esto es tan lamentable que debería holgar el señalarlo, que debería haber provocado un clamor popular que hiciera imposible la persistencia de una situación como la que vivimos, como la que llevamos viviendo ya hace un tiempo. Pero que nadie piense que es posible, que nadie piense que lo acontecido va a hacer que ciertas personas enganchadas ideológicamente, con cierto trabajo eludo decir fanáticos, piensen que eso justifique un castigo sonado al artífice del mayor desastre institucional desde las monarquías del XIX. Y el único argumento es que lo que viene es peor, es que se invoque el peligro que van a correr los gays, las mujeres, los inmigrantes si llega al poder una alternativa política deformada por un sentimiento ideológico, fanático, hasta la parodia.

Una vez más, otra vez en nuestra historia, los salvapatrias están decididos a considerar que sus ideas, que su forma de entender la sociedad, aunque se haya demostrado corrupta, despótica, manipuladora, para evitar que vengan los otros, los malos, los indeseables, olvidando que en una democracia, incluso en una democracia altamente imperfecta como es la española, los únicos que pueden señalar a los malos, a los indeseables, son los votantes, y que la alternancia es la única garantía contra los mediocres, contra los mentirosos, contra los manipuladores, contra los ególatras.

Habrá quién, a estas alturas, me invoque la ética, pero eso sería una perversión porque me invocaría una ética comparativa, una falsa e interesada ética vista desde un prima dogmático, y eso no es ética de verdad. la ética es un valor absoluto que no permite comparaciones, ni matices, y en ese aspecto, el actual gobierno, no alcanza ni un solo punto.

A pesar de todo, desafiando a todos, incluso a muchos de los suyos, esta egolocracia seguirá adelante porque no hay herramientas para parar su disparate, ni compromiso ético, por su parte, para hacerse un lado y ceder la voz a aquellos a los que dice, solo ellos lo dicen, representar. Y así seguiremos, por encima del sol y de la luna, por encima de la ética y de los valores, hasta que el calendario obligue a convocar una elecciones que hace ya meses que deberían de haber sido convocadas.

El daño está hecho. La política de tierra quemada empieza a ser tan evidente que se percibe que hay decisiones del gobierno que solo parecen encaminadas a crear problemas para el siguiente gobierno. Una situación tan lamentable que destrozan cualquier aspecto deseable de un gobierno de izquierdas futuro, alimentado por una falsa percepción de una falsa izquierda, solo amparada por un sentimiento fanático, adscrito a un discurso populista.

Lamentable, terrible, pero nada nuevo bajo el sol.

domingo, 1 de enero de 2017

Ni p'a tí, ni p'a mí

Ser adivino en ciertas circunstancias no es más complicado que mirar al mar y concluir que es muy grande y tiene mucha agua. Ser adivino estando al margen de implicaciones emocionales o de filiaciones pasionales no tiene más mérito que el de reflejar lo evidente.
Dije ya hace tiempo, de ahí lo de adivino, que Podemos era un partido sin ideología unitaria, definida, y los recientes acontecimientos entre el ala errejonista y el ala pablista no son más que la punta del iceberg de una realidad que, antes o después, hará de Podemos la cuna de múltiples pequeños partidos marginales, o el seno de tal infinitud de corrientes que se los llevarán por delante las mareas, y la mención a las mareas no ha sido intencionada, ni inocente.
Podemos se ha construido sobre un descontento de base que agrupa a toda una suerte de activismos de fuerte militancia que inicialmente encuentran puntos en común, pero que inevitablemente acaban considerando sus posturas personales, sus convicciones militantes, por delante de la idea global que caracteriza el concepto tradicional de partido. Y eso acabará pasando factura.
El primer indicio que este observador detectó sobre este problema fueron las iniciativas de militancia personal que muchos cargos de ayuntamientos y comunidades adoptaron sin que fueran respaldados por un programa o por un debate global del partido al que, parcialmente, representaban. A través de sus cargos presentaron posturas de radicalismo extremo en cuestiones que no podían ser compartidas por la globalidad de sus votantes que tenían otras expectativas y otros temas que consideraban de más urgente necesidad. El anticlericalismo, en realidad el anti catolicismo, el feminismo, el animalismo, el anticapitalismo, en sus versiones más radicales, aparecieron entonces impulsados en iniciativas de tipo personal que no estaban contempladas en el global de las acciones del partido.
Viendo esto dije entonces, reitero ahora, que posiblemente Podemos alcanzó en las últimas elecciones su techo de votantes sin haber conseguido sobrepasar al PSOE, primer objetivo, ni convertirse en un partido decisorio, segundo objetivo.
Allí donde han alcanzado cotas de poder real, ayuntamientos y comunidades, su descomposición será más lenta, pero a nivel de partido nacional, o de enunciado como partido nacional, las primeras grietas anuncian una descomposición que yo creo que no será demasiado lenta.
Hay en esa formación demasiados egos, demasiadas expectativas, demasiadas militancias, demasiada prisa y se respeta poco, nada, se insulta y se desprecia, a aquellos que no opinan como ellos, llegando a insinuar con sus maneras un ideal absolutista para el que sobran todos aquellos que no compartan su idea. Difícilmente los insultados, los despreciados, podrán convertirse en votantes de quienes los han humillado, y dado que son todos los que no los votaron, no veo de donde sacar los votos que necesitan para crecer.
Tal vez este primer embate, esta primera discrepancia que lo parte por la mitad se pueda solucionar con buena voluntad personal. Tal vez alguien considere que tapar la grieta es solucionar el problema, pero la experiencia apunta a que todo lo que se tapa en falso acaba haciendo erupción con mayor fuerza destructiva.

Ya lo decía hace tiempo el Hermano Lobo: “El que avisa no es traidor, es avisador” o, traido a lo que nos ocupa, “el que observa no es adivino, es observador”

miércoles, 24 de agosto de 2016

De Cuarta Categoría

Comprendo, ¿Cómo no iba a comprender?, que el paso de los años permite que la experiencia sea un elemento a incorporar en los análisis, en las reflexiones y disquisiciones que cada uno se hace sobre diferentes temas.
Y esa misma experiencia, ese mismo poso de conocimiento adquirido por el mero paso de los años, hace que todas las convicciones personales estén revestidas de una pátina de reflexión pausada que, si no es excesivamente pausada, resulta conveniente a la hora de analizar, de encarar, las situaciones que te toque vivir.
Es precisamente esa pátina, ese plus vital que los más jóvenes van adquiriendo según dejan de serlo, el que me lleva a afirmar sin pararme en simpatías, o antipatías, personales, que el principal problema que tiene en este momento este país es que los actuales líderes políticos son de cuarta categoría.
Habrá quién se pregunte que por qué digo de cuarta y no de tercera o de quinta. Bueno, en mi percepción es fácil catalogar la categoría de una persona respecto a una labor o respecto a un objetivo.
Para un político que aspira a gobernar un país el objetivo prioritario ha de ser lo mejor para ese país, lo más conveniente. Una vez establecida esa prioridad habrá de hacerlo conforme a su ideología, siempre que las circunstancias lo permitan, y con un equipo formado por personas de su confianza. De Perogrullo, vamos.
Si en esto estamos de acuerdo, y estoy convencido de que es suscribible por la mayoría de ciudadanos del mundo, la categoría de un político puede medirse en función del desplazamiento del objetivo principal dentro de sus prioridades a la hora de tomar decisiones que afectan al país a gobernar.
Establecida la fórmula solo queda aplicarla.
Nuestros actuales políticos miran en primer lugar, y de forma “ostentórea”, por su propio interés. Su personalismo, su afán de notoriedad y posteridad es digno de mejores metas. En segundo lugar, y aquí me cabe la duda de si en algunos casos el segundo y el tercer interés son intercambiables, miran por su partido. Posteriormente la mirada se les centra, o descentra según la postura a tomar, en la ideología. Y tenemos que esperar a un cuarto nivel para que el interés del candidato y el del país se encuentren.
Y aplicada la fórmula llegamos indefectiblemente a la conclusión de que, desgraciadamente, nuestros políticos no sobrepasan la cuarta categoría. Y eso siempre que consideremos, divina ilusión, que son absolutamente sinceros con nosotros y que no tienen otros intereses o prioridades en la mochila, que ya es lanzarse a la credulidad más desaforada a pecho descubierto.

Y si los políticos son de cuarta el país que gobiernen será de… efectivamente, un país es de la misma categoría que los políticos que lo gobiernan y que han sido elegidos por una ciudadanía incapaz de exigir, de controlar, de hacerse escuchar, o sea de cuarta categoría.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Descreimiento


Parafraseando a la canción, si tu me dices ven no se donde meterme.  Me siento sodomizado, engañado, pervertido, ninguneado, prostituido. No, no soy víctima de ninguna mafia de proxenetas, no me he tirado a la calle y me han cogido por banda, no.
Me niego a vivir en un mundo de buenos y malos, de justos y pecadores, de izquierdas y derechas, de listos y de imbéciles. Me niego a ser socialmente bipolar y en la duda de a quien tengo que creer no creo a nadie. No me vale el quítate tú para ponerme yo. No me vale el ahora que no estoy defiendo lo justo ni el ahora que estoy yo tengo razón,  porque lo justo hay que defenderlo cuando se está y cuando no se está, y no es justo porque yo lo creo si no porque beneficia a la mayoría, pero de verdad, no a los míos, no a los que a mi me conviene, a la mayoría sin color y sin acera.
¿Quién entre todos tiene categoría moral,  crédito moral para denunciar al de enfrente?.  ¿Quien puede movilizarse con la conciencia tranquila de no estarle haciendo el juego a los del collar diferente? ¿Hay otros? ¿Se les permitirá emerger si los hubiera?
Cuando la justicia, la legalidad, la información, la contrainformación, la educación, la ineducación, la inadecuación, la economía… están en manos de los mismos la situación exige algo más que unos cuantos gritos aislados, algo más que un enfrentamiento. Tal vez la única solución sea dejarlos sin juguete, darles la espalda masivamente y obligarlos a que pregunten que es lo que necesitamos.
Eso si, corremos el riesgo de que se les haya olvidado como y que preguntar, o incluso puede que ni reparen en el gesto dado el grado de interés que demuestran.
Y ahora agentes político-sociales de signo definido o velado, mantenidos de las subvenciones y las prebendas, intoxicadores del propio interés, volvéis a convocarme a votar, a manifestarme o  a que me crea cualquier cosa que digáis, directa o arteramente, a voces o por escrito.