viernes, 6 de octubre de 2017

La murga del diálogo

Oigo por muchos sitios, desde muchas cabezas bienintencionadas, y otras no tanto, me refiero a bienintencionadas, bueno o a cabezas, la necesidad de un dialogo. Vale, pero ¿con quién? ¿En qué términos? ¿Con qué reglas? Claro que inmediatamente me surge otra pregunta, tal vez un poco brutal, ¿se puede negociar algo con quien ha pervertido todas las reglas, y las reglas de las reglas, con alguna garantía de que cumpla cualquier acuerdo al que se pueda llegar? Honradamente creo que no, es como contratar para levantar tu casa al mismo que por falta de pericia o interés hizo que se viniera abajo, un despropósito. Cualquier diálogo creíble pasa por la dimisión de todos los responsables de la Generalitat y su puesta a disposición judicial. A partir de ahí diálogo, a tumba abierta, sin restricciones, líneas rojas les llaman ahora, con la única excepción del causante último de toda esta historia, la CUP. Pero, !ay¡,  que dura es la realidad, los políticos catalanes son tan españoles que ignoran lo que significa dimitir. De hecho he oído rumores sobre la intención de la RAE de eliminarla del diccionario por extranjerizante.
El diálogo del diálogo ya se muerde la colita. Yo entiendo, puedo entender, la buena voluntad de muchas de las personas que lo plantean sin caer en la cuenta de que un diálogo como el que pretenden solo puede darse entre dos iguales, y el supuesto no se da porque serían concesiones a los delincuentes, y no hablo del pueblo catalán, que no es solo el que pide independencia, ese no es ni la mayoría, si no de quienes han decidido saltarse tres niveles de leyes: la Constitución, el ordenamiento jurídico nacional derivado de ella y el Estatuto Catalán. Seguro que no ha sido sin querer. Y ante eso no hay diálogo. El diálogo hay que establecerlo con todos los catalanes, no solo con los que más gritan, con los que más mienten y con los que más insultan en cuanto no estás de acuerdo con ellos. Va siendo hora de recuperar la esencia del problema y de dejar las posturas de buena voluntad para cuando sean necesarias y todos los catalanes puedan ser escuchados, sin imposiciones fascistas, sin algaradas callejeras en las que participa mucha gente que ni es catalana ni se la espera, sin conculcación de las normas de convivencia. No vaya a ser que queriendo ser tan buenos estemos machacando a la mayoría realmente oprimida en este momento. Oprimida, vilipendiada, acosada y, parece ser, que olvidada por muchos.
Porque cuando se pide el diálogo, ya de forma cansina, en muchos casos interesada, se está olvidando de forma palmaria a los que en estos días sí que han sufrido con la violencia de sus convecinos instigados al odio por personas, organismos y entidades perfectamente preparados para ejercer la brutal violencia del acoso diario. ¿En qué punto del pretendido diálogo se les va a escuchar a ellos? Y son mayoría, una mayoría que muchos pretenden que sea no ya silenciosa, no, si no silenciada.
Les llamaba hace poco miserables por no salir a la calle y demostrar que existen. Hoy ya han salido, ya han empezado a salir, con el patético resultado de ser insultados y recibir el desprecio patente de sus convecinos abducidos por el independentismo radical y mentiroso. Pero, lo que es aún más grave, sintiéndose tratados como sospechosos por una izquierda tan pendiente de los símbolos y de su exquisitez moral que es incapaz de identificar como suyo a cualquiera que porte una bandera nacional, o que grite un viva a España. Y esto sí que es lamentable, descorazonador.
Y esa misma izquierda incapaz de plantarse en un sentido de estado imprescindible en este momento, incapaz de asumir que el estado no es de izquierdas, ni de derechas, debilita a ese mismo estado con posiciones que no obedecen más que a su incapacidad de asumir que España también es de ellos, incluso de los que reniegan de ella. Incapaces de superar una resaca franquista que los atenaza e incapacita en los momentos en que más falta hacen. Incapaces de entender que los símbolos de España también son suyos, profundamente suyos, y que ahora mismo son los únicos válidos para marcar la diferencia con los que no han cumplido la ley.
Esta izquierda que dice representar al pueblo y lo olvida para representar solo a la parte del pueblo que pudiera votarla en una elecciones, no pasa de ser mezquina. Mezquina y dañina para un estado, para un país que necesita de una izquierda fuerte y comprometida para evitar una deriva de derechas de la que son los máximos responsables por su incapacidad de conectar con los pueblos, con las gentes. Esta misma izquierda que se lanzó a degüello contra unos servidores públicos que según van pasando las horas, los días, se demuestran menos sanguinarios, más víctimas de una manipulación feroz e interesada de los propagandistas del independestismo y de cierta prensa amarilla, nacional y extranjera, más interesada en la tirada que en la noticia, cuando no en crear de parte un relato que empieza a comprobarse inexistente.
Basta ya de hablar de diálogo y empecemos a hablar del diálogo que habrá que emprender cuando la normalidad esté restablecida, de las reformas que habrá que acometer, de la limpieza que habrá que hacer cuando los delincuentes estén donde les corresponde, en la cárcel. Basta ya de invocar un diálogo en el que se pretende hacer callar, o como mínimo se ignora, a la mayoría de un pueblo, el catalán, sometido por sus dirigentes al fascismo más repugnante mediante el adoctrinamiento en los colegios, mediante la mentira permanente en los medios de comunicación, mediante la incitación al odio a todo lo que suene a español.
Vivió, hace ya más de treinta años, en Vic por motivos de trabajo unos años la que hoy es mi esposa, y aún no hace mucho recordaba una vecina de su misma edad, por aquel entonces veintitantos, que no pensaba jamás pisar Madrid, porque en Madrid encarnaba todo lo que ella odiaba en el mundo. Y es que el problema catalán no proviene de un referendum fallido, ni de un estatuto impugnado, ni de una carga policial, en la sociedad catalana, sobre todo en ciertas zonas rurales, el odio a lo español es una seña de identidad que se transmite entre generaciones y que solo podrá erradicarse mediante, no, el diálogo, este diálogo que se reclama ahora, no, una convivencia limpia, una erradicación de los que aprovechan su posición en la sociedad civil para difundir el odio, una formación que haga ciudadanos del mundo y no abducidos de linde cercana. Ese debe de ser el principal reto del diálogo por venir, ese y no un diálogo fiscal, no un diálogo territorial, que también, si se demuestra necesario. Mientras la sociedad catalana siga siendo traidora al resto del país como lo ha sido los últimos cuatrocientos años, ¿de qué vamos a hablar? ¿de la fecha de la próxima revuelta? ¿de la excusa con la que se va a abordar? Despierta Cataluña, este mundo ya no es medieval, ni siquiera romántico. Aprende a sumar y no dejes que te dividan.

lunes, 2 de octubre de 2017

Miserables

Confieso que he dormido mal. Confieso que España me duele porque a pesar de mi falta de nacionalismo anti, soy un ferviente nacionalista de lo mío, que incluye desde mi lugar de nacimiento hasta este universo que nos engloba. No me gustan las banderas, ni los bandos, cuando sirven para enfrentar a las personas, porque siempre he intuido que bajo cualquiera de ellas, englobados en las filas de cada una, hay buenas personas, que son las únicas que a mí me importan. Y el uso sistemático de banderas, la creación de bandos o de bandas, para el predominio de razones inconfesables me parece miserable. Por eso hoy España, esta parte de la humanidad que ocupa este territorio geográfico, me duele.
Hoy España, todas y cada una de sus partes, es un erial, un terreno baldío y desangelado habitado por una gran cantidad de miserables de todo signo que se creen triunfadores, y a los que lo único que les importa es reclamar su cuota de triunfo, el sacar la mayor cuota de beneficio, de ciegos y miserables adictos, para sus posiciones. Para sus miserables posiciones.
Creo que a estas alturas, en esta historia, en este momento, ya no quedan inocentes a los que salvar, y si quedan son inocentes manchados por los miserables que los han usado, en claro abuso de las funciones que les han encomendado con otro fin.
He pensado, por un momento, en enumerar a los miserables por su grado de responsabilidad en la vergüenza vivida ayer, pero me he dado cuenta de que es imposible escribir varias párrafos en un solo lugar. He intentado apartar las vísceras de lo que estoy escribiendo, pero son tantos los humores dañinos que se me acumulan, tantas las sinrazones y patochadas oídas, leídas, vistas, que es muy complicado.
Miserable es el gobierno. Miserable por débil, miserable por mentiroso, miserable por incapaz. Miserable porque arrastra a la miseria a todos aquellos que hemos confiado en que la ley debe de ser la razón en tanto en cuanto para eso se ha promulgado. A todos los que seguimos en esa idea pero nos parece miserable su falta de rigor, su falta de eficacia, su falta de previsión para garantizar su aplicación. Miserable porque teniendo los instrumentos y las instituciones a su servicio ha sido incapaz de cercenar una sedición desde su mismo comienzo instalado en su debilidad y su falta de iniciativa. Miserable por permitir sin utilizar todos los medios a su alcance, el día de ayer. Habrá quien piense que hablo de las cargas policiales, de las algaradas, no. Eso es justo lo que el gobierno nunca debió de permitir que sucediera. Habrá quien piense que hablo de diálogo. No, no existe el diálogo cuando una parte se instala en la ilegalidad y en la sinrazón. Hablo, con amargura, con mala conciencia, porque en este tema no hay otra, de que no ha cumplido lo que ha asegurado, que ha permitido el peor de los escenarios para defender nuestra razón.
Miserable el gobierno catalán. Miserable por mentiroso, miserable por manipulador, miserable por la utilización de sus representados, miserable por empecinado, miserable por reo de traición. Ha pervertido las palabras, ha manipulado los conceptos, ha adoctrinado a sus administrados, ha usado los poderes, las instituciones, para pervertir el orden que les ha conferido esa misma legalidad que pervierten. Miserable porque ha vaciado de contenido conceptos fundamentales para la convivencia: democracia, fascismo, votación, diálogo. Miserable porque es el primer impulsor de este despropósito. Miserable por permitir que el pueblo al que dicen representar esté sufriendo lo que a ellos les correspondería mientras ellos lo ven por la tele. Miserables hasta la náusea.
Miserables los Mossos, que han demostrado no ser más que una policía de parte, de partidos, de partidarios, olvidando su deber de mantener el orden público, haciendo dejación de sus obligaciones, de sus juramentos al orden legal que los contrata para su defensa. Miserables y traidores hasta convertirse en una de las patas fundamentales de la jornada negra vivida ayer. Les queda el consuelo de haber sido vitoreados y ensalzados por “sus” miserables.
Miserable el discurso de ayer del líder de oposición, lleno de guiños al engaño, lleno de afirmaciones que se negaban en el párrafo siguiente, plagado de escapismo político y oportunismo. Miserable por su falta de compromiso con el estado. Miserable por su afán de lograr rédito de una situación de emergencia. Miserable de puntería amañada, apuntando en una dirección y disparando a otra diferente. Miserable de falta de compromiso y falto de verdad en unas palabras imprescindibles en el momento.
Miserable Podemos. Convirtiéndose en una parte fundamental del problema. Miserable, populista y radical. Nada nuevo. Pero es vergonzoso, miserable, que piense que va a lograr rédito de una actitud taimada y frentista. Miserables pretendiendo desviar el problema y replantearlo en un ámbito absolutamente falso.
Miserable la CUP a la que no le importan las consecuencias de sus actos, miserables por sacar réditos del dolor ajeno, miserables como marionetas útiles de poderes internacionales contarios a las ideologías que ellos dicen defender. Miserables por no importarles el dolor de las personas a las que manipulan y ponen a los pies de los caballos. Miserables por organizar, dirigir y alegrarse de las algaradas callejeras en las que otros son los que ponen su integridad. Miserables todos los grupos anti globalización, anti sistemas, extremistas con los que comparten ideales.
Miserables los ciudadanos catalanes que permiten o fomentan la manipulación instalándose y difundiendo el odio hacia lo español en una clara demostración de profunda españolidad. Miserables los que les dan cobertura intelectual y los que manipulan la historia, las historias, las leyes y los fundamentos. Miserables y culpables de permisividad. Miserables por salir a la calle a defender una mentira, por salir a la calle a ser héroes de historieta romántica. Miserables por buscar la foto de su participación para poder contarlo. Miserables los que permiten poner en riesgo a sus hijos y  a sus mayores. Miserables y talibanes. Miserables y candidatos a que les sea retirada la patria potestad por energúmenos.
Miserables los ciudadanos catalanes que se quedan en su casa y callan y tragan esperando a que sean los demás los que les saquen las castañas del fuego. Miserables los ciudadanos catalanes que contribuyen con su silencio, con su miedo, con su falta de compromiso, al ruido de los que no piensan como ellos. Que permiten que su ausencia haga mayor la presencia de los otros.
Miserables los ciudadanos españoles, del resto de España, que han usado este conflicto para airear sus odios, sus rencores, sus más ancestrales apetitos de violencia y sus cuentas pendientes. Miserables, oportunistas y cobardes, jaleando y promoviendo rencor y violencia desde la seguridad de sus casas. Y traidores, traidores a España que es todo y no solo su parte.
Miserables los corresponsales extranjeros en busca de la carnaza que no sacan en su casa. Miserables que buscan la noticia sin importarles la información, la neutralidad o las razones. Miserables que se permiten opinar de un país que no es el suyo mientras en el suyo callan. Miserables y aprovechados que contribuyen al odio buscando solo aquello que les reporte tirada, beneficio, amarillismo. Miserables los que apoyan una ilegalidad que en su país jamás permitirían. Miserables y dañinos.
Miserables los tibios, los neutrales, los equidistante, “los que no toman partido hasta mancharse”. Miserables porque contribuyen a la confusión, porque buscan una superioridad moral que su misma posición desmiente, porque viven en la indeterminación de la que hacen su refugio del que solo salen para ser ganadores cuando alguien gana.
Miserables los que  viven en el odio y lo airean reclamando para sus razones lo que son otras sinrazones. Miserables por manchar, por engañar, por desvirtuar y contribuir con la confusión que esparcen a la multiplicación de los miserables.
Miserables los manipuladores de imágenes, de cifras, de noticias y de rumores, los que las esparcen sin verificar su verdad, los que las jalean y toman como propias sin importarles la verdad o el daño. Miserables, cobardes y delincuentes que alimentan con su miseria la miseria general.
Miserables los que han amanecido desde posiciones intolerantes, sectarias, impropias de la humanidad a la que dicen pertenecer reclamando para sí una verdad única que jamás ha existido ni nunca existirá porque la verdad no es algo que el hombre pueda alcanzar jamás. Manipuladores, intransigentes y esparcidores de rencores contrarios a los ideales más básicos de la humanidad.
Miserables todos aquellos que desde posiciones morales que debieran de contribuir al diálogo, a la tranquilidad, al acercamiento, contribuyen con sus posiciones a la difusión del odio tomando parte. Miserables los sacerdotes, los historiadores, los filósofos, los masones, los eruditos, los periodistas, los comunicadores que defienden por interés o por miseria moral, los despropósitos de cualquiera de las partes. Miserables indignos del lugar que ocupan o del prestigio que reclaman.
Miserables todos los que creen que puede haber sociedad fuera de la ey y los que creen que la ley tiene que someter a la sociedad. Los inmovilistas y los rupturistas, los unos y los otros.
Miserable yo, que lleno de dolor, lleno de razones me veo obligado a defender aquello en lo que no creo y situarme frente a los que el corazón me acerca. Miserable por no poder aportar más que palabras, más que reproches, más que lágrimas, de frustración, de incapacidad, de dolor por todos los miserables.
Hoy España, todas y cada una de sus partes, es un erial, un terreno baldío y desangelado habitado por una gran cantidad de miserables de todo signo que se creen triunfadores, y a los que lo único que les importa es reclamar su cuota de triunfo, el sacar la mayor cuota de beneficio, de ciegos y miserables adictos, para sus posiciones. Para sus miserables posiciones.

Lloremos como cobardes las miserias que hemos cometido como ciudadanos. De algún lugar nos llegarán las carcajadas.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Que comience el espectáculo

Lo que haya de ser será. Hoy, pre uno de octubre, y como ha dicho un amigo, mío, ya solo queda hacerse de refresco y palomitas y sentarse a ver el espectáculo. Lo único que no dice el programa de festejos es cuál es la duración prevista. Es una de las características de los espectáculos en directo con guión abierto, que según cada protagonista tiene una duración diferente.
La verdad es que creo sinceramente que esta película, “El Procés” creo que se llama, es en su más pura trama una comedia española de las malas, y no doy títulos comparativos para no ofender. En ningún otro país normal del mundo este guión llegaría siquiera a empezar a rodarse, porque en ningún otro se darían los caracteres reconocibles para los caracteres necesarios. Hace falta un elenco en el que todos los protagonistas se crean buenos, sin paliativos, en que todos los protagonistas mientan y en los que muchos de ellos nunca dicen lo que realmente piensan, sin mentir, reitero. Me recuerda un poco a los telefilmes a los que nos tienen, desgraciadamente, acostumbrados las cadenas de televisión los fines de semana. Solo con los títulos ya sabes de que va la historia, como va a acabar, y solo te queda por ver cuáles son los detalles propios, si hay alguno, con los que el guionista a adornado su falta de creatividad.
Un gobierno que lo es por la incapacidad de los demás y no por méritos propios, débil y marcado por sus propios errores, una oposición incapaz de asumir su fracaso electoral  y que busca desesperadamente como ganar con artimañas lo que es incapaz de ganar en las urnas. Un ámbito territorial en el que las palabras dejan de significar lo que significan para los demás y reclaman su significado único y verdadero. Y todo trufado, yo diría emponzoñado, por los tibios, los equidistantes, los que siempre están de perfil porque no son capaces de saber si quieren ser tirios o troyanos, o porque buscan en el río revuelto, en la confusión, imponer sus propias y particulares verdades que nada tiene que ver con lo que acontece. Y a todo este cóctel, ya de por sí bastante imposible, le añades una masa de fanáticos irracionales, en ambos lados, que piensan que no hay más verdad que la suya… y el espectáculo va a comenzar. Visite nuestro bar.
El gobierno necesita, para poder afrontar esta situación, una fortaleza que su propio partido, plagado de casos de corrupción, en minoría parlamentaria y equivocado en muchos de sus planteamientos, le deniega y busca en el resto del arco parlamentario. En cualquier otro país serio ya se habría suspendido al gobierno secesionista, se habría disuelto el parlamento del que se sirve y habría empezado a andar el camino para restablecer el orden constitucional. Pero no se atreve. No se atreve por su propia debilidad y por la falta de confianza en la lealtad de los que dicen apoyarle en sus medidas.
El PSOE apoya al gobierno formando el llamado frente constitucionalista. Pero el PSOE es un socio lleno de peros, un socio inestable que hoy da y mañana quita, que ofrece un flanco débil y dispuesto a la retirada al menor atisbo de ventajas. Pedro Sánchez nada entre dos aguas, la de los militantes que lo han elegido y los históricos que esperan cualquier tropezón para volver a descabalgarlo. Su misma debilidad es la debilidad del frente en el que está integrado porque, y esto es del dominio público, sus posiciones electorales, de elecciones internas, están más cerca de Podemos que del partido en el gobierno al que le ha jurado odio eterno con su: “No es no” prácticamente programático.
Y en ese bloque nos falta mencionar al sancho del gobierno, al único apoyo real del gobierno merecedor de causas más limpias y de países democráticamente más hechos. El señor Rivera se desgañita, se pronuncia y se alinea en una posición que todo quisiéramos que fuera del PSOE, incluso algunos de sus militantes. Pero el señor Rivera, su partido, no tiene más fuerza que la que tiene, da moral, apoyo, pero es insuficiente. La injusticia bíblica: “dios da pan a quien no tiene dientes”
Podemos es fiel a sí mismo, está en un lado y en el otro sin que nunca puedas saber lo que piensa como partido. Sí que sabemos lo que dicen sus líderes visibles que piensan. Sus bases heterogéneas los incapacitan para tomar una postura coherente. Sus tendencias anti sistema les obligan a escorzos imposibles que chocan con su inexistente vocación de partido nacional. Aquí soy marea, aquí común y en este otro aquí viento del norte. Su populismo, su desprecio por el sistema actual, sus posiciones en esta película hacen que quede al descubierto su absoluta incoherencia al reclamarse como partido de izquierdas. Baste con ver su radical distancia de los postulados internacionalistas de la izquierda real.
Y del bloque catalanista ¿Qué podemos decir? Poco, muy poco. Llamarle bloque al acuerdo apenas temporal de un partido de izquierdas, uno de derecha y otro anti sistema, es como llamarle bloque a la arena del desierto. Está junta, es muy numerosa, pero cada grano es absolutamente individual. La prueba principal es que cada uno de los componentes busca su propia gloria en el proceso. Los dirigentes del PDCat buscan su pase a la historia y librar a sus líderes históricos de la cárcel por corrupción. ERC, sueña con la república catalana, como ha hecho siempre. Su reino no es de este mundo y por eso necesita otro, uno que sea catalán, republicano y de izquierdas. Absolutamente coherente. Y nos queda la CUP. A la que el sentimiento catalán le importa un ardite. Ellos sueñan con un mundo, y si es pequeño está bien para empezar, aislado de la contaminación capitalista y decadente de Europa, donde en su idílico, bucólico y pastoril paisaje, donde poder imponer su pensamiento único y erradicar con democrática represión cualquier atisbo de disidencia. Una joya, vamos.
Luego estan los  actores secundarios. Por un lado los tibios, los equidistantes, los incapaces de tomar partido porque son tan superiores que decantarse les supone mancharse, esos de los que decía Celaya :"maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales. Maldigo la poesía de quién no toma partido hasta mancharse. Por otro lado los que tienen tanta carga de reivindicaciones pasadas y no compartidas por la mayoría que aprovechan cualquier momento, incluso los que no toca como este, para hacerlas, equipararlas y crear una confusión dañina.
Y nos falta el cerdo traidor. Ese que en la película se encarga de enredarlo todo sin dar la cara y que consigue que los “protas” lleguen a odiarse para poder salirse con la suya, sea la chica, la casa o el barco. Y en esta historia hay cerdo traidor, por supuesto. En esta historia Cataluña no es más que el escenario en el que el cerdo traidor maniobra para quedarse con el Teatro entero. Pero eso ya es política internacional y ahora no toca.
Lo que ahora toca, lo que ahora debiera de tocar, según mi modesto y leal saber, trufado con lo que va a tocar, es el siguiente programa de actos:
-          Día 1 de octubre. Proyección de la película
-          Día 2 de octubre. Cine fórum: “como restaurar la normalidad constitucional”. Conferencia a cabo del gobierno
-          Día 3 de octubre: comienzo de la huelga general y revueltas callejeras.
-          Día 4 y siguientes algaradas
-          Día 5. Vuelta a la normalidad. Empezar a hablar de hablar.

Porque hablar de hablar es lo que toca. No se puede empezar a negociar con nadie sentado en los banquillos, con nadie amenazando con chantaje, con nadie posicionado en la fuerza.

Que comience el espectáculo¡¡¡¡

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Cataluña se escribirá con C de CUP

Llegados a este punto solo cabe preguntarse si hay alguien que salga beneficiado de esta espiral disparatada en la que se ha convertido el desafío de los responsables de la Generalitat, y vease con que cuidado eludo el hablar de los catalanes. Y yo creo que sí, que en la deriva de algarada y desobediencia hay un triunfador neto, la única formación que perfectamente organizada y enfocada a esa forma de resolver sus pretensiones, está a la cabeza de las operaciones. Y esa formación es la CUP. A la CUP, tal como ellos mismos han declarado, la independencia de Cataluña les importa poco porque su objetivo prioritario es romper la UE, el estado español y, cuando toque, Cataluña, para formar un paraiso de extrema izquierda al margen de los sistemas actuales. Una especie de Corea del Norte a orillas del Mar Mediterraneo.

Pero tampoco seamos tan inocentes, y los hay que lo están siendo, de creer que la CUP tiene recursos y estructura suficiente por si misma para crear, manejar y sostener un desafío en toda regla contra un estado organizado y respaldado. No, hay manos que mueven a los títeres de la CUP, hay titiriteros expertos en la parte oculta del escenario, como hay muñecos rotos y prescindibles cuando hayan hecho el trabajo sucio que requiere preparar la parafernalia: Los muñecos de Junts Pel Si.

Quizás el virus conspiranoide se haya apoderado de mi y las fiebres del agotamiento producido por el permanente disparate me hagan fabular, pero creo que Cataluña, dependiendo del devenir del "procés" será una cuña en la UE o simplemente un experimento de ruptura de los estados que la componen. Alguien está utilizando a unos y a otros para diseñar, para ensayar, una estrategia a seguir en otros escenarios de la UE, y hay varios.

Si la secesión catalana triunfase tendrían la vía de acceso y la operativa perfectamente perfilada las organizaciones equivalentes de lugares como Córcega, Euskadi, Sicilia, Lombardía, y tantas pequeñas nacionalidades que reclaman su status dentro de la Europa, prioritariamente, e incluso fuera.

¿Y quién puede tener interés en ser el titiritero? Bueno, como en las películas de policías, lo primero que hay que buscar es a quién beneficia una desunión europea, y no soy tan pánfilo de pensar en política, pienso en comercio, pienso en mercado, pienso en influencia y potencia que se verían favorecidas por el desmoronamiento del bloque europeo. Y solo se me ocurren dos nombres, dos candidatos, dos países que por tamaño, riqueza y capacidad pueden aspirar a ocupar ese hueco que dejaría Europa. Y uno de ellos, además, está trabajando claramente a favor de los secesionistas.

Lo triste, lo lamentable, lo más increíble, es que los futuros muñecos rotos no se percaten de que no son nadie en toda esta historia, unos meros comparsas que serán barridos desde los dos lados en el momento en que se de la batalla definitiva, los tontos útiles que buscan la gloria de la historia y de ellos no va a quedar más mención que la que se le dedica a los traidores que vendieron a Viriato: Audax, Ditalcos y Minuros. ¿A que no os suenan los nombres?, pues lo mismo sucederá con los Más, Junqueras y Puigdemont de esta historia.

Suceda lo que suceda el día 1 la CUP ya sabe lo que va a hacer, y que triunfe o no la independencia, que afortunadamente para Cataluña, para España y para la UE, incluso para el concepto de civilización que tenemos la mayoría, va a ser que no, solo hará cambiar el momento de dar su golpe de gracia, de intentar asumir el poder de la calle y establecer una guerra de guerrilla urbana. En el escenario más probable, en realidad en el único posible, los activistas de la CUP y de todos los grupos antisistema del mundo, emboscados entre los catalanes de buena voluntad y creencias sinceras, bajo una falsa bandera de lucha por la libertad y una democracia en la que no creen, establecerán un ambiente de guerrilla urbana buscando la sangre de los heroes que den una vuelta más de tuerca al conflicto.

¿Y si Cataluña consiguiera la independencia? Entonces sería peor, entonces la CUP asestaría el golpe sobre las inseguras, incipientes y poco estables instituciones catalanes y abrirían la caja de Pandora para todo el mundo.

Espero estar equivocado. Espero por el bien de los catalanes y todos los españoles que esto no sea más que un relato de política ficción que yo me he montado en una tarde calurosa. Pero me temo que no, me temo que sea cual sea el escenario a partir del día 1 Cataluña se escribirá con C de CUP, y en esa guerra no valdrá hacer prisioneros.

Habrá que ver entonces en que posición, con que argumentos, se van a linear los equidistantes, los tibios, los que con su falta de rigor están favoreciendo este disparate, los "buenos" profesionales y confesionales incapaces de ver más allá de sus narices.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Afinsa, consideraciones sobre un disparate

Es difícil decir algo nuevo en un tema tan tratado, incluso tan maltratado, pero curiosamente, a pesar de todo lo que he leido, no he encontrado a nadie que explique con un mínimo de rigor como se puede producir un disparate semejante.

Todos los negocios tienen múltiples variables que permiten el enfoque correcto que el empresario debe de dar a su negocio, pero, entre todas ellas, las fundamentales para que el negocio pueda prosperar son el conocimiento y la gestión las que determinan de una forma más directa la deriva del proyecto.

Todos tenemos claro qué es el conocimiento, el dominio de los conceptos que atañen a un tema. Y el conocimiento aplicado a un negocio es fundamental a la hora de la toma de decisiones, ya que de ellas depende el beneficio que es el objetivo prioritario de todo negocio. Y empezamos con los conceptos esquivos.

¿Que es el beneficio? ¿Que diferencia hay entre el bruto y el neto? El beneficio es la diferencia entre el coste del producto que comercializas y su venta. Hasta que no hay venta cerrada se puede hablar de beneficio estimado, pero no de beneficio real. E incluso, una vez realizada la operación se podrá hablar de beneficio bruto (B.B.), y habrá que esperar a restar los costes generales y los impuestos para determinar el beneficio real de una operación o beneficio neto (B.N.).

Bueno, parece fácil, pero no lo es. Una de las grandes dificultades en todo negocio es establecer con rigor el precio de coste (P.C.) del producto que se comercializa. Inicialmente, y para un negocio ideal, es sencillo. El coste de un producto que se compra y se vende inmediatamente es el precio al que lo hemos pagado. Pero, ¿y si el producto no es único?¿y si no se vende inmediatamente y hay que almacenarlo?¿y si se compra varias veces a distintos precios antes de empezar a venderlo?¿Y si se mezclan los de distintos precios en una sola venta? Todo se complica. Para empezar a los gastos generales tendremos que incorporar los gastos de almacenamiento, pero es que tendremos que establecer alguna norma para saber,lo más aproximadamente posible, el coste de lo que vendemos (P.C.)

Hay tres reglas casi universales para calcular el coste de un material en un almacén con rotación -rotación es el conjunto de entradas y salidas de un producto determinado almacenada sin que tengan que corresponderse entradas con salidas, p.ej. compro cinco, vendo tres, compro seis, vendo cuatro, compro dos... -. Estas tres reglas se llaman LIFO, FIFO y medio y corresponden con las iniciales en inglés de su forma de aplicarse al valorar:

  • FIFO. First In First Out. Primero que entra primero que sale. A todos los productos vendidos se les aplica el precio del primero que se ha comprado. Solo se aplica en mercados en recesión ya que se supone que el primero comprado es el más caro y por tanto al vender  al P.C. del primero el B.B. es mayor.
  • LIFO. Last In First Out. Último que entra primero que sale. A todos los productos en venta se les aplica como P.C. el precio de compra del último adquirido. Mercado en expansión. Se supone que el último valor pagado es el más caro, luego al aplicarlo a los adquiridos con precio más bajo se revalorizan y aumenta el B.B.
  • Medio. Es el más habitual. Cada vez que se compra se recalcula el precio de coste de todos los productos iguales según la fórmula: Articulos almacenados por el P.C. anterior + articulos comprados x precio de compra / articulos almacenados + artículos comprados. Y sobre ese precio resultante P.C. nuevo se calcula el P.V.R. o precio de venta recomendado, habitualmente un % sobre el P.C. resultante.
Es verdad que aún estamos simplificando y que para hablar de los costes de almacenamiento y calcular el % de B.B. a aplicar para que la empresa sea rentable tendremos que manejar conceptos como stock medio, índice de rotación u obsolescencia, pero esto no es un curso de gestión, que también, si no un artículo sobre las razones del fiasco de Afinsa.

Bien, Afinsa compraba, pero no vendía, y por tanto no tenía unos ingresos inmediatos por gestión de ventas, especulaba. Esto es compraba, almacenaba esperando la revalorización, o sea una versión del LIFO, e iba pagando beneficios con las nuevas aportaciones de asociados que se utilizaban para eso, una parte, y el resto para adquirir nuevos bienes. Y se suponía que lograda la máxima revalorización se vendería el producto y con los beneficios se haría lo mismo que con las nuevas aportaciones. 

¿Que sucede si el producto no se revaloriza? Que el sistema no se sostiene. ¿Y si se deprecia? Que se está repartiendo lo que no se puede reponer. ¿Pueden los gestores saber que esto se está produciendo? Depende de sus conocimientos del sector y de gestión. ¿Sucede lo mismo con los controladores que la ley exige para un negocio de este tipo? Los conocimientos de gestión le son exigibles, pero los de conocimiento del sector son los que están en cuestión.

El sector de la filatelia tiene sus propias características que provienen de la valoración peculiar del producto con el que se trabaja, y es que el precio de compra del producto es puramente circunstancial y no se tiene en cuanta a la horade valorar el producto almacenado. 

Veamos las peculiaridades de Afinsa, que provienen de las de una empresa financiera, la especulación, y la del valor sobre el que especula, la filatelia. Afinsa vendía la revalorización de sus productos adquiridos, la mayor parte sellos, y no el producto en sí mismo. Y esto suponía que tenía que lograr el mayor beneficio estimado que, por supuesto, y como ya dijimos, no es un beneficio real.

Para ello tenía que reflejar en sus balances un cálculo de la revalorización que fuera justificable, aunque no necesariamente real, y ya nos acercamos a la pirueta final. ¿Como creo un beneficio desmesurado donde no hay más que perdidas? Trabajando con sellos hay una forma en que se puede justificar tanto si existe un ánimo de estafar o si simplemente hay un temerario desconocimiento de las particularidades del sector. Me explico.

La revalorización es la diferencia que existe entre la inversión realizada por compras, la suma de las facturas de proveedores y los impuestos, y el valor actual de los productos adquiridos en propiedad. Y el problema surge a la hora de valorar esos productos.

Cualquiera que trabaje con sellos, como coleccionista, como comerciante, o como simple aficionado, sabe que el sello tiene, al menos, tres valores: el valor facial, el valor que tiene en su cara y que sirve para comprarlo en el momento de ser emitido y de ser usado para franquear un correo. El valor de catálogo o valor referencial que se le da en los catálogos especializados y que cualquier conocedor sabe que no no es real, si no orientativo. Y el valor real, que no se concreta hasta el momento en que se ejecuta la venta del sello y que depende de su rareza y del capricho del comprador por adquirirlo. Luego hay otra serie de factores que pueden revalorizar un sello concreto: un defecto, un matasellos, que esté en un bloque determinado, que el número de serie de la hoja sea capicúa, o uno concreto, y así hasta un millón de factores diferentes.

Afinsa compró sellos en una época en el que las tiradas eran monstruosas, desmesuradas, en un momento en el que se hacían tiradas para franqueo que el mercado postal, no el filatélico, tardaba años en consumir y que por tanto no se revalorizaban, en un momento en el que la popularización del fax, las empresas de mensajería y la irrupción de las nuevas tecnologías supusieron un desplome del tráfico de envíos postales, agravado por la irrupción de los franqueos automáticos que utilizaban otro sistema de sellado de envíos y que relegaban a los sellos a los cajones de las oficinas de correo.

Bueno, ya hemos explicado como el valor real de las compras de Afinsa se aproximaba mucho a cero, pero ¿Como se podía seguir vendiendo una revalorización que no existía? Afinsa se intervino en el año 2006, pero en el año 2002 Afinsa se encuentra una revalorización inesperada de sus existencias, entra en vigor el euro. El valor referencial de los catalogos pasa de pesetas a euros con un incremento considerable y Afinsa lo aplica a sus balances.

Dice Jose María Sempere en un artículo publicado en Filatelia en mayo del 2005, y que evidentemente los de Afinsa no debieron de leer: 

"No es ningún secreto que el valor real de los sellos y cualquier objeto en general, está sometido a las leyes del mercado; leyes que a través de la oferta y la demanda generan subidas y bajadas de sus precios según las circunstancias del momento. ¿Por qué en los catálogos sólo se reflejan las alzas y no las bajas? Sucede que cuando el mercado experimenta bajas reiteradas llega a producirse un desequilibrio entre los precios de los catálogos y los que realmente se utilizan en la compra y venta que, en ocasiones, llegan a ser enormes.

Argumentan los que pretenden seguir una política artificial de precios en lugar de ir ajustando el catálogo a la realidad del mercado que ello perjudica a la inversión que ha efectuado el coleccionista. Eso es falso. En primer lugar el coleccionista que quiera vender lo tendrá que hacer al valor de mercado con independencia de lo que puedan decir los catálogos. Por el contrario con ese proceder el coleccionista se desmotiva, porque se siente engañado con unas valoraciones falsas. Creyendo en los precios de catálogo, cuando acude a vender le dicen que esos precios no eran reales. A los únicos que perjudica que el catálogo sea un reflejo fiel del mercado, es a quienes quieren especular, a quienes pretenden dirigir el mercado a través de los precios de los catálogos mintiendo al coleccionista al decirle que siempre suben y nunca bajan."
Hay poco más que explicar. Según catálogo las existencias de Afinsa se habían revalorizado siete u ocho veces su valor facial. Según catalogo. Según mercado las existencias de Afinsa no valían nada. Las autoridades tardaron un poco en darse cuenta del disparate. Y ¿Afinsa? pues, si aplicamos la navaja de Hanlon, en babia y arruinando a muchas personas. Y si no la aplicamos lucrándose a costa de los que arruinaban.

Tal vez las autoridades implicadas debieron de estar más despiertas, tener mayor conocimiento de lo que tenían que auditar. Tal vez debieron de buscar una solución que no provocara la debacle que se provocó. No lo sé. Yo solo se algo de gestión y algo de filatelia. Eso y que, independientemente de mi solidaridad con el sufrimiento de los afectados, el especular con el dinero lleva aparejado el riesgo de perderlo. Y si no que se lo pregunten a los miles de empresarios arruinados en los últimos años. También con ellos soy solidario.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Reflexiones de uno que ya no es de izquierdas según los de izquierdas que no saben lo que es la izquierda

Hace ya unos cuantos años, corría el der señor de 1982, mi amigo Pedro, Pedro Massó, amigo de cuitas y destinos en una, entonces no muy lejana, “mili”, me llamaba para compartir la alegría por la victoria del PSOE en las elecciones. Ambos estábamos entre los que habían depositado con gran ilusión la papeleta de ese partido en las urnas. Ya entonces, y él no lo compartía, le expresé mi preocupación porque la victoria hubiese sido por mayoría absoluta y mis miedos a derivas por la falta de control en el gobierno.
Hace apenas un par de meses mi amigo Pedro, el mismo que me llamó en las elecciones del 82, me preguntaba junto a unas copas por qué alguien como yo, con las convicciones tan claras, se había alejado de las posiciones de la izquierda y ahora parecía de derechas.
La pregunta es delicada. La pregunta es absurda si quien te la hace no pretende escucharte, sino solo acusarte o etiquetarte. Afortunadamente Pedro y yo hemos compartido muchas charlas, muchas copas, muchas vivencias duras, incluso nos hemos jugado juntos la vida por nuestras ideas, como para hablar sin escuchar al otro, como para argumentar sin razonar, como para sacar en nuestras conversaciones una sola idea preconcebida.
Como buen gallego, en ejercicio y sentimiento, contesté con otra pregunta. ¿Estás seguro de que yo me he alejado de las ideas que teníamos, o ha sido la izquierda, la autodenominada izquierda, la que se ha alejado de nuestras convicciones? La respuesta fue la que yo esperaba de él: explícamelo.
Entonces, con la noche ya avanzada, con las copas casi vacías y una perspectiva laboral que me obligaba a trabajar al día siguiente, me limité a enumerarle mis desacuerdos con la izquierda actual sin poder entrar en reflexiones y debates más profundos. Hoy, con el tema de Cataluña emponzoñando aún más un debate interno en el concepto, ya casi perdido, de la izquierda, recupero para mí mismo la conversación y aprovecho para explicarme.
Creo en la lucha de clases, creo que los desfavorecidos del mundo, de todo el mundo, tienen derecho a una vida acorde con la dignidad y la libertad que les corresponde por el simple hecho de nacer. Pero no creo en las clases creadas al albur de una explicación de economía de mercado. No creo en la división trabajador versus patrón, porque ni todos los patronos son explotadores ni todos los obreros son explotados. Ni todos los patronos son culpables de avaricia ni todos los obreros son inocentes de abuso por su condición. Yo creo en la clase dominada y la clase dominante, en la clase dirigida y la clase dirigente. En la igualdad y en la libertad, mientras que la izquierda actual preconiza el intercambio de clases dirigentes, el quítate tú para ponerme yo y vuelta a empezar, porque seguirá habiendo una clase dirigida y otra dirigente y por tanto explotación, corrupción, desigualdad.
Creo en la libertad individual. En que cualquier individuo tomado por sí mismo tiene un valor moral, ético y humano superior al de cualquier grupo de individuos, porque el individuo tiene dignidad, criterio e ideales, es decir, es un ciudadano, mientras que los grupos, las masas, tienen afán de predominio, ideología y líderes que piensan por ellos, es decir vocación de adaptar el entorno a su criterio, o, por decirlo de otra forma, vocación de clase dirigente. Si, ya sé, este concepto se puede considerar libertario, pero es la izquierda la que pretende decir que los libertarios somos de izquierdas pero no pasa de ser una falacia fácilmente desmontable.  No, y de derechas mucho menos.
Creo en las clases internacionales, sin banderas, sin fronteras, sin quiebros semánticos que permitan maniobras imposibles que dañan al entorno sin aportar nada. No existe más nacionalismo que la clase, no existe más justicia que la universal, no existe más ley que la promulgada democráticamente. No existe más patria que la libertad ajena y por ende la propia, no existe más unión que la fraternidad. Me dan lo mismo los colores de la bandera, me dan lo mismo los ríos, los mares o los muros, todas son fronteras que deben ser superadas en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad. No hay emigrantes e inmigrantes, hay ciudadanos que se puedan mover por un mundo de todos.
Creo que todos los hombres al nacer tienen derecho a las mismas oportunidades, sin importar en qué lugar del mundo nacen, con qué sexo, con qué creencias o con qué aspecto físico. Y por tanto creo que el reparto mundial de la riqueza debe de estar enfocado a este objetivo, tanto en su fondo como en su forma. No creo que hacer justicia social pase por privar a una parte de lo suyo para repartirlo entre unos cuantos otros, no, creo que pasa por establecer límites al enriquecimiento y a la propiedad, por igualar  y no por invertir. A mí, las tortillas me gustan igual de hechas por los dos lados, no crudas por uno y tostadas por otro. No hay libertad si no hay igualdad, no hay justicia si no hay oportunidad, no hay fraternidad si no hay identidad. Nunca existirá, es imposible, la igualdad total, no sería tampoco justa, pero la desigualdad abismal que supone el que una empresa, una persona, gane en un día lo que necesitarían muchas para sobrevivir un año, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de perversión. Que una persona, o entidad o empresa, pueda acaparar los bienes de los que carecen millones en el mundo, no es hablar de justicia, ni de igualdad, ni de libertad, es hablar de vergüenza, o de falta de vergüenza.
Creo en la inmutabilidad del pasado y en su aceptación como medio de explicarme a mí mismo y a mi entorno. No creo en el revisionismo, ni en el revanchismo, ni en la justicia aplicada a los muertos, ni en las justificaciones de parte, ni en los buenos y los malos, ni en la necesidad de desmontar parte de la historia para justificar a otra. Creo que hay devolver su dignidad a los que lo merecen sin que ese merecimiento sea de bando, partido o bandera. Todo el que muere por sus ideas es digno, todo el que mata por las suyas es sospechoso. Y por tanto no creo en la guerra, ni en el frentismo.
Por eso yo me he alejado de la izquierda, de una izquierda rancia y desnortada que apoya nacionalismos burguesas, dictaduras que se llama del “pueblo”, que legislan para imponer su moral a la sociedad, que trabajan para crear un pensamiento único, que discriminan positivamente a algunas minorías y que hacen de la presión un objetivo que renuncia a la educación. Una izquierda que se mueve entre dos marxismos, el de Karl Marx, el de la dictadura del proletariado,-y el único proletariado que reconocen es el de los que piensan como ellos-, y el de Groucho Marx, el de si no le gustan estos principios tengo otros, el de dime que dice la derecha que yo digo lo contrario.
Una izquierda sin ética, sin rumbo, sin dirigentes capaces de sobreponerse a la ideología ciega y navegar hacia los ideales comunes de la humanidad.
Claro, y como critico a la izquierda más que a la derecha, como no les doy la razón, ni les aplaudo, soy automáticamente de derechas, facha, que tanto les gusta llamar ahora a los que adoptan posturas fascistas, absolutistas, intolerantes. No, queridos, los fachas sois vosotros, los que consideráis que hay límites a la tolerancia, los que consideráis que en el mundo hay enemigos, los que consideráis que nadie puede pensar distinto a vosotros sin ser culpable, perseguible, insultable, linchable.
Os podéis llamar de izquierda, os podéis creer que sois de izquierdas, progresistas, pero en realidad sois rancios, absolutistas y, en muchos casos, fachas hasta las últimas acepciones del término.

En todo caso, esto os lo dice alguien que ya no es de izquierdas según los de izquierdas que no tienen ni idea de lo que es la izquierda, o no les interesa.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El largo, aciago e insolidario dos de Octubre

Seguramente el dos de octubre del dos mil diecisiete sea recordado en la historia de España, si es que tal disciplina sigue existiendo después de ese interminable día, como el día más largo. Amaneció el 20 de septiembre del presente y acabará en alguna fecha indeterminada del futuro, futuro de años, sospecho.
Si, hoy es ya dos de octubre, como lo fue ayer y como lo será mañana, muchos mañanas. El problema creado por todos, absolutamente todos, los protagonistas, no tiene ahora, ni en un futuro cercano, una salida que pueda considerarse idónea, ni perdurable.
Con cierta alegría, yo el primero, hablamos del imperio de la ley. Con cierta simplificación del tema muchos defendemos la acción de la ley porque a estas alturas es la única opción que existe, incluso para algunos que tenemos un concepto bastante sospechoso de la ley como instrumento ajeno a la justicia. Pero es que para mantener un valor referente, cuando todo el mundo alrededor se inventa las referencias según sus apetencias, lo primero que es inevitable es restablecer las reglas de juego que inicialmente teníamos todos en común, porque si no es esa opción la otra es barra libre para todos, que a mí, personalmente, me parece interesante.
Pero no caigamos en el mismo error que estamos comentando. No importa ahora lo que me parezca a mí, importa salvaguardar una convivencia que se ha puesto en peligro, que está en grave peligro.
No puedo escribir sobre este tema sin que se me vengan a la cabeza las estrofas de poema “Si” de Rudyard Kipling: “Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida”. Nadie parece haber leído a Kipling, nadie, al menos, con la suficiente inteligencia para pensar que no está diciendo lo que a él le interesa que diga, con el suficiente criterio político como para plantearse que la negociación, la esencia de la política, es un encuentro de mínimos, no de máximos. Y que para negociar es imprescindible tener la cabeza tranquila.
Mezclando por una vez, y sin que sirva de precedente, churras con merinas, y en este caso hasta con “meninas”, intentaré reflexionar sobre las distintas posturas que he ido percibiendo en todos los ámbitos sociales, desde los medios de comunicación hasta las declaraciones de los partidos, pasando por las redes sociales.
En todos ellos se adivinan dos bloques, los constitucionales y los aconstitucionales – obsérvese que digo aconstitucionales y no anticonstitucionales, y el matiz no es ocioso-
En el primer bloque figuran el PP, el PSOE, Ciudadanos y todas las personas que están a favor, como primera medida, de la aplicación de la ley. En el segundo bloque Podemos, los partidos catalanistas, la CUP, que yo no considero que sea catalanista, y los ciudadanos que consideran que los derechos está por encima de la ley.
  • ·       El PP. Ha sido fiel a su esencia y ha mantenido una posición displicente, soberbia, respecto al problema sabiendo que la fuerza del estado y la ley están de su lado. Su inacción desde el primer momento ha sido, posiblemente, interesada y han conducido a un escenario en que tienen la razón última. Tal vez no han evaluado, o no le ha interesado evaluar, las consecuencias de su actitud el 2 de octubre.
  • ·     Ciudadanos. No sé si decir que se puede decir poco de ellos en este conflicto salvo su inequívoca alineación con las tesis finales del gobierno es positivo o negativo. Su origen catalán y su inequívoca posición frente a cualquier iniciativa soberanista han lastrado su posibilidad de maniobra que ha sido absorbida por los despropósitos parlamentarios de las fuerzas catalanistas. Posiblemente no podían hacer otra cosa que la que han hecho.
  • ·    PSOE. Como siempre instalado en ese extraño espacio en el que todo lo que se dice es reversible. En positivo su posicionamiento al lado del gobierno como corresponde a toda formación con sentido de estado. Lo peor su manía de hablar del dos de octubre antes de que pasara el uno, y los tufillos de sospecha que eso levanta en la masa electoral que necesita para poder llevar a cabo sus propuestas. Mezclar las fechas a veces desconcierta, o revela estrategias que no son compartidas.
  • ·         Podemos. Ha decidido que aunque los demás hablen de Cataluña ellos solo tienen el objetivo de derribar al gobierno. No importa si toca o no toca, no importan las consecuencias, no importa la ley. Hay que aprovechar la ocasión e intentar pescar en Cataluña, y en el resto de España, los votos románticos de izquierda que están perdiendo a borbotones. Eso sí, ya nadie se puede llamar a engaño, queda como una fuerza política con la que nadie puede llamarse a engaño con sus prioridades
  • ·      CUP. Son los grandes triunfadores de todo este enredo. Han conseguido llevar la cuestión a la movilización popular que es el entorno en el que se mueven más cómodos. Han puesto en jaque al sistema y su objetivo del uno de octubre está conseguido, romper el estado. Su objetivo del dos de octubre está más cerca, romper Cataluña – de ahí que no los considere catalanistas-, y así ir rompiendo grupos sociales hasta conseguir un entorno lo suficientemente maleable para poder imponer su ideario
  • ·        Catalanistas. Su permanente instalación en la mentira, en la negación de cualquier regla que no le dé la razón salvo cuando le sea útil. La invocación permanente a foros ajenos al problema intentando que se sientan concernidos. El absoluto descaro y desahogo en el uso de los ciudadanos a los que tendrían que representar, invalida cualquier consideración hacia sus planteamientos. Oportunistas, falaces, absolutistas en sus maneras y ciegos a las consecuencias de sus actos, si buscan la historia espero que la historia los juzgue conforme al daño que su actuación merece. Ellos, que no su pretendida causa, me merecen el mayor desprecio en este teatrillo del que se han erigido en protagonistas principales.
  • ·       Pro procés Ciudadanos de a pie o cabalgados en la fibra. Ponen los derechos por delante de la ley, sin que perciban que la ley es la única garante de los derechos, individuales y colectivos. Cuestionan la capacidad moral del gobierno por sus corruptelas – algo así como que hacieda no puede cobrar los impuestos porque uno de sus funcionarios debe una multa- cuando no invocan derechos que no existen o modifican el rango de los invocados sin importarles la pertinencia del argumento o las consecuencias del mismo. Para mí, casi todos, personas de buena voluntad que hacen de la misma una bandera cuyo revés es la mala voluntad de aquellos a los que quieren justificar.
  • ·        Anti procés. Ciudadanos posicionados junto a la acción del gobierno aunque no necesariamente alineados con él ideológicamente. Defienden la aplicación de la ley y la acción política posterior. Suelen intentar razonar en un ámbito Absolutamente irracional
Al final creo que todo se mueve entre dos categorías irreconciliables de políticos, desgraciadamente electos, que tienen su fiel reflejo en la sociedad civil, que al final será la que resulte maltrecha. A unos no se les ocurre ninguna solución y otros no quieren solución alguna.
Hace años, en un artículo sobre este mismo tema, consideraba que la mayor secuela de un proceso soberanista no son las políticas, si no las fronteras emocionales que durante décadas serán imposibles de desmantelar, y hasta ese momento, no importa la fecha, todos los días serán dos de octubre. El largo, aciago e insolidario dos de octubre.
Me permitiría el optimismo de pensar que lo sucedido servirá de enseñanza para que no vuelva a suceder, pero eso sería confiar en que la soberbia, la ambición y la estulticia habrían sido erradicadas de la faz de la tierra, y no me lo creo.

Que el dos de octubre nos sea leve.