sábado, 12 de abril de 2014

Nueva Licenciatura

Me llega la noticia de que una afamada universidad española, de esas que cuestan un riñón, ha incluido en sus planes de estudios una nueva titulación que se denominará: “Licenciatura en política práctica y dirección de partidos”. La inclusión de esta licenciatura será obligatoria para todos los políticos profesionales y viene a solventar una permanente reclamación de la ciudadanía que observaba como cualquier persona sin titulación conocida y sin experiencia reconocida podía acceder a los más altos cargos públicos.
“Hemos preparado con mimo y rigor el plan de estudios de esta licenciatura y hemos creado un máster puente que proporcione en un año los conocimientos más necesarios para aquellos políticos ya en ejercicio. El máster se mantendrá hasta que salga la primera promoción de licenciados.” Ha explicado el rector en la rueda de prensa de su presentación.
A la pregunta de un periodista sobre los costes de la licenciatura o el master el rector con habilidad ha respondido: “Ningún político en ejercicio al nivel para el que el máster está pensado va a tener ningún problema en pagarlo, es más ya se ha firmado un acuerdo con ayuntamientos, diputaciones y parlamentos para que sean ellos a través de un apartado de formación los que se hagan cargo de los honorarios. Al fin y al cabo es una mejora de la función pública”
Al final de la conferencia el rector entregó a todos los presentes un programa sobre el máster en el que se relacionan las asignaturas y horas presenciales, así como fechas, horarios y otros datos de interés: “Aunque para el primer máster que contará con 500 alumnos ya no hay plazas”, añadió el Rector.
Hemos entresacado del plan de estudios algunas asignaturas para que el lector pueda darse una idea del alcance y seriedad de los nuevos estudios.
Retórica y dialéctica según el método Antonio Ozores
Lectura y explicación de datos estadísticos y económicos. Método Juan Tamariz. El propio Juan Tamariz formará parte del jurado evaluador y dará una lección magistral sobre: ”Como rematar una presentación con un tachan para acentuar el pasmo”
Manejo de dineros públicos. Economía y contabilidad. Método Gurtel/Filesa.
Comunicación. Estudio de las responsabilidades de un cargo público. Delegación de responsabilidades. Méritos propios y responsabilidades ajenas. La dimisión y sus nocivas consecuencias. Actitud general. Es seguramente una de las más extensas y complejas asignaturas y la universidad ha elegido el método, de gran prestigio internacional, David Copperfield.

Seguiremos informando… si el interés de la sociedad lo permite.

domingo, 6 de abril de 2014

Derribata y Fuga

He dejado pasar un tiempo antes de decidirme a abordar el tema de la semana. La tocata y fuga, más bien derribata y fuga, de Esperanza Aguirre. Y lo hago desde el convencimiento de que hay una mirada al tema en la que ocupados en repartir chanzas, puyas y culpabilidades, casi nadie parece haber reparado y que es de la máxima importancia.

Cierto es, porque es cierto, que la apariencia esperpéntica de la escena –ex alcaldesa huye de la que fue su policía, que la persigue y sufre, algún agente no la policía en general, un ataque de ansiedad-, su desarrollo y su final son para que plumas como las de Mihura o Tono le sacaran todo el jugo disparatado que la historia sugiere, pero también es cierto, y es lo que a mí me preocupa, es que la historia tiene una faceta oculta que muchos ciudadanos que hemos tenido episodios con la policía municipal de Madrid, y no dudo que con muchas otras sea lo mismo, no podemos dejar de tener en cuenta. La presunción de veracidad de la policía municipal, de cualquier policía o entidad estatal, es una trampa en la que se estrella sistemáticamente el derecho a la justicia del ciudadano. Lo que ellos digan es cierto sin necesidad de ningún tipo de prueba y el ciudadano tiene que demostrar que es inocente, no ellos que es culpable.

Si, hablo de la presunción de inocencia y la conculcación diaria y sistemática de ese principio por parte de unos agentes, funcionarios o personal auxiliar, que en algunas de sus actuaciones se desenvuelven con total desapego hacia el ciudadano sin reparar en el daño que causan, o importándoles un bledo, y dejándole inerme en sus derechos y habitualmente en su bolsillo. Y también de un público dispuesto a linchar al policía o al personaje mediático, ¿se dice así?,  en función de las siglas de sus amores. En ambos casos hablo de una perversión ética.

Esta no es una visión que pretenda exculpar a la señora Aguirre, que no tiene justificación posible en su comportamiento si se demostrara cierto, y del que por otro lado no hay más testimonio que el de los agentes implicados y su presunción de veracidad, que para mí es como si no hubiera nada porque no creo en esa veracidad después de haberlos visto declarar en un juicio algo absolutamente diferente a lo vivido.

Sufra la señora Aguirre en sus carnes el desarrollo que ella y los suyos, y los suyos opositores han contribuido a poner en marcha contra el ciudadano de a pié, y valga este episodio como una llamada a recuperar la presunción de inocencia tan enunciada, referida y pisoteada. No en vano en castellano existe un refrán que demuestra hasta qué punto en nuestro país eso de la presunción de inocencia no casa en la vivencia popular: “Cuando el río suena…”


Si señor juez, yo, el presuntamente inocente, soy culpable salvo que milagrosamente pueda demostrar lo contario, ante la ley, ante la policía, ante hacienda  y ante cualquier organismo estatatal o paraestatal que para mi desgracia haya decidido considerarme culpable. Bueno, pueda demostrarlo y tenga recursos económicos para intentarlo.

domingo, 30 de marzo de 2014

Leña al Mono

Creo que nadie me discutirá si planteo que todos hacemos las cosas pensando en que es lo mejor para el tema y las circunstancias que nos atañen.  Estoy convencido, al menos tan convencido como de que el uso del espejo de mirarse y hacer autocrítica es habitualmente incorrecto por permisivo y por poner siempre el perfil bueno. Aunque de esto la culpa es seguramente de los fabricantes que no adjuntan un libro de instrucciones advirtiendo de los peligros de no examinar todos los ángulos posibles con mirada crítica y veraz. Somos humanos, los fabricantes y los visionarios, o videntes, o mirones.
Por eso me pasmo y no paro. Por eso me asusto y no paro. Por eso digo lo que digo y no me escondo. Hacer un recorrido por las redes sociales es un ejercicio de funambulismo sobre el precipicio del odio, y a veces sin pértiga ni sombrilla, con viento racheado de costado y niebla. A veces, incluso, sin alambre.
Porque viento racheado de costado es que todos los comentarios, de extremada virulencia oratoria en algunos casos, caigan hacia el mismo lado político. Porque niebla es, al fin y a la postre, no darse cuenta de que lo mucho cansa y anestesia por lo que finalmente se pasa sobre ello de puntillas y con los dedos tapando la nariz. Porque la falta de pértiga o sombrilla nos condena a la caída por falta de apoyo para mantener el equilibrio imprescindible. Y porque falta de alambre es, para mí en todo caso, incitar al odio en las duras esperando que el viento sea calmo en las maduras.
La política de tierra quemada que se practica últimamente, en muchos casos buscando un aplauso que desgraciadamente se consigue fácil, no es más que la siembra del hambre, de la imposibilidad de conseguir  un país, una sociedad, un mundo, moderno, con capacidad de convivencia y progreso que ya no será fácil que tengamos al menos en un futuro cercano.
Claro que lo mismo no importa. Hay que fomentar el odio al contrario, aunque se lo merezca, y conculcar la legalidad y el sentido común siempre que nos favorezca, y sobre todo, saturar, insultar y aprovecharse de instrumentos que seguramente merecerían otros fines.

Leña al mono que es de trapo y lo mismo se lo merece. Y si no que le den por no pensar lo que yo pienso ni hacer lo que yo haría.  Y a nuestros hijos, a nuestros nietos, el legado imperecedero de una convivencia imposible y la ausencia de una sociedad moralmente construida en la fraternidad, el respeto y la tolerancia. Incluso hacia aquellos que se lo merecen.

martes, 11 de marzo de 2014

O las Dos

Ha pasado el día de las víctimas, el día de las conmemoraciones y actos que rememoran una acción que supuso el dolor y la perdida de seres queridos para los que los perdieron, el miedo y el recuerdo lacerante para los que se quedaron. Ha pasado el día, que en realidad para muchos son todos los días, de recordar con dolor, con añoranza, todo lo que para las víctimas, muertos, heridos, allegados, pudo ser y no fue a partir de aquella aciaga jornada del 11 de marzo.
Aunque no porque haya pasado el día pasa el recuerdo, no porque el calendario siga su curso en pos del sol y su camino, el dolor sea menos intenso. Simplemente las agujas se siguen moviendo para alcanzar tras setecientos treinta giros completos un nuevo día de recuerdo y dolor expresados.
Pero tal vez porque ya no es el día de las víctimas podamos sin remordimientos, sin reparos, con un cierto resentimiento, establecer que hoy sea el día de los damnificados, el día de los que sin ser muertos, heridos, ni allegados, llevan diez años viviendo las consecuencias de aquellas explosiones, el día en que varios millones de españoles se dejaron arrastrar  para reabrir el más amargo de los fantasmas nacionales, el día del renacimiento de la versión más feroz y descarnada de las dos Españas.
Porque al día siguiente hubo quien pretendió sacar partido de la sangre aún no coagulada, hubo quien sacó partido del espanto y del miedo, hubo quién mintió para asegurarse los votos que ya no podrían emitirse y hubo quién los buscó por otros medios. Porque al día siguiente, que digo, al minuto siguiente, esta nefanda casta de burócratas aprovechados y sin conciencia que se llaman políticos, se dedicó a mover sus fichas para asegurarse su cuota de muerte y a los demás, a los de a pié, a los que aún traumatizados contemplábamos el ir y venir de cadáveres y ambulancias y seguíamos con ansiedad las cifras cambiantes de heridos y muertos, nos dejaron una herencia aún no resuelta de frentismo, el rencor irreconciliable de las afrentas indecentes que taparon, que tapan, una reconciliación con el rigor, con el respeto, con la convivencia, que una vez más se ha demostrado inalcanzable. En España una vez más, hace ya siglos, hace ya diez años, vivimos unos contra otros, unos frente a otros, en vez de unos y otros. En España una vez más, hace ya siglos, hace ya diez años, vivimos del insulto con rabia, de la descalificación ciega y partidaria, del “y tú más” de la desmemoria, de la mediocridad, y la inutilidad. En España una vez más, hace ya siglos, hace ya diez años, vivimos de agredir con el pasado en vez de buscar con ahínco, con generosidad, con colaboración, el mejor futuro. Porque en España una vez más, hace ya siglos, hace ya diez años, hemos sustituido la convivencia por la confrontación, el debate por la algarada, el adversario por el enemigo, la razón por el insulto.

“Españolito que vienes al mundo te guarde Dios una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, o las dos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Es Lo Que Hay

Me levanté esta mañana y repasando en las redes sociales las últimas entradas de mis conocidos, para lo que aprovecho el ratito del desayuno, me encontré la reseña de un artículo publicado en Francia en el año 2003 que se titulaba: “Los Poetas Volverán”. Mi primera reacción fue matizar ese título y cambiarlo por el de volverán a ser escuchados, pero tras leer el artículo me maticé a mí mismo y lo cambié por volverán a ser populares, gente que escucha y escribe a, de y para las gentes cotidianas que le rodean y entonces volverán a ser escuchados, porque nadie desoye su propia voz.
Ya en el siglo de oro el enfrentamiento entre Quevedo y Góngora nos anticipaba el posterior devenir de la poesía en particular y del arte en general. Por un lado lo popular, lo cotidiano, el verso que vivía y convivía en las calles, en los corrales, en la parte más barriobajera de los palacios, el sentimiento y la chispa, y por otro lado la búsqueda estética, elitista, culta y más fría del verso trabajado y parido con recursos más literarios e incapaz de ser apreciado por el pueblo llano con el que ni estaba ni se le esperaba.
Esta escisión inicial se ha ido marcando cada vez más, se ha ido ahondando cada vez más, se ha ido distanciando cada vez más, hasta que la llegada del arte experimental y elitista, la llegada del artista profesional y por tanto del mercantilismo más desapegado del pueblo que no puede pagarlo, o no reconoce el valor que el mercado tasa para la obra, lo ha convertido en popularmente inaccesible. Es ya la época de los lienzos en blanco con un cuadro negro en la esquina superior izquierda, -descripción y a la vez título-, es la época de la música dodecafónica y otras tendencias musicales “solo para expertos”, de las novelas mediocres literariamente y vacías de vivencias que por mor de la publicidad mercantilista se convierten en grandes ventas -muchas de ellas decorativas y que no serán abiertas jamás-, y de una poesía solo aplaudida por sus círculos más allegados, políticos o culturales, y que una vez degustada en la intimidad uno tiene que leer y releer para conseguir entender que no hay quien la entienda.
Hemos condenado a la poesía, a la literatura, a la transmisión viva de la vivencia y el sentimiento populares, a refugiarse en dos guaridas tan irreconciliables como sospechosas e inaccesibles para la gente de a pie, para los habitantes cotidianos de un mundo que se está quedando sin voz, sin conciencia, sin capacidad de reacción ante el brutal ataque de unos poderes solo interesados en su propio bienestar y la más sumisa esclavitud de los irónicamente llamados ciudadanos. Hemos condenado a la poesía, a la literatura, a su difícil supervivencia en círculos exclusivos por reducidos donde juntarse los iniciados, en unos casos para escuchar alguna inaudible voz que tiene interés en comunicarse, en otros casos para firmar contratos que permitan al “autor” su acceso a la élite de los promocionados profesionales.
No sé cuál será el devenir de la poesía, de la literatura, del arte. No sé ni siquiera si existe ese futuro  o las maquinas correctamente programadas sacarán a la luz las obras más convenientes para el mercado y los intereses de la cúpula dominante mientras algunos malditos en antros y esquinas se jugarán su libertad y su prestigio desafiando a la cultura oficial y ofreciendo unos retazos de creatividad, de mayor o menor calidad, pero de creatividad humana y popular. No sé si el fenómeno internet, y la capacidad de colgar la propia creación y ofrecerla libremente, conseguirá romper ese dominio mercantilista que ahora se ejerce, o sucesivas actuaciones acabarán por eliminar también esa posibilidad. Tal vez incluso este esperanzador medio muera no solo por la intervención exterior si no por el exceso de información que supone y la incapacidad, imposibilidad, de que se acaben encontrando el autor y el espectador que harían saltar la chispa.
Aun así también es posible que los poetas, los literatos, los artistas, vuelvan alguna vez a su origen, a su función primordial, la de notarios de su tiempo y de sus gentes, transmisores de los logros íntimos de humanidad y de sus cuitas y alegrías, y dejen de ser funcionarios del dinero y el poder, valga la redundancia. Y entonces volverán a ser escuchados. Es posible

Yo por el momento me declaro más de Sabina que de Alberti, más de Mortadelo y Filemón que deDan Brown, más de Antonio López que de Tapies, más de Cole Porter que de Karlheinz Stockhausen, más de las casas de comidas y tabernas que de las estrellas Michelín. Es lo que hay. 

martes, 18 de febrero de 2014

Una Larga Cambiada

Nos torean, en el sentido literal de la expresión. Nos sacan al ruedo de la opinión, nos torean con argumentos que nos dividen y nos hacen débiles porque nos obligan a mirar hacia donde no es y luego nos matan, en carne propia o en carne ajena, que, en sentido gremial de ser humano, tanto me da, porque la muerte ajena la acabo sintiendo como propia y porque la muerte es lo único en esta vida que no tiene vuelta atrás.
Quince muertos que son, que desgraciadamente serán, en realidad cientos, miles, a lo largo de los años, pero quince muertos para sostener una larga cambiada que nos vuelva a centrar en el engaño triste, cruel, del falso debate sobre si se ejerció una violencia desmesurada sobre unos señores que intentaban traspasar violentamente una frontera. Que si los que lo intentaban eran unos pobres inmigrantes, que si los que lo evitaban eran unos crueles policías, que si los que lo intentaban eran unos peligrosos delincuentes, que si los que lo evitaban eran unos inocentes servidores de la ley. De todo habría en ambas partes y nada de eso deberíamos de preocuparnos porque el daño ya estaba hecho de antes y por todos.
Ya de por si el que hubiera dos bandos, dos partes, ya de por si la simple, y xenófoba, denominación de inmigrante es ofensiva para cualquiera que se sienta ser humano, ya el concepto inmigrante es moralmente insostenible. La culpa no es de quien quiere alcanzar un lugar en el que mal vivir, marginalmente, miserablemente a veces, explotado y siendo reo de perjuicio ajeno por esa explotación, es un paraíso deseable desde una miseria, desde una explotación, que en origen es inconcebiblemente mayor. La culpa es de una civilización, de un desarrollo político, que ha hecho de su compartimentación, de su concepto de chiringuinto exclusivo, territorial y económicamente, un motivo más para que los de dentro se sientan superiores, o diferentes, o inferiores, o agraviados, o explotados, o amenazados, o cualquier otro sentimiento que al que maneja el cotarro le interese respecto a los del otro lado de la inmoral, impuesta, virtual frontera.
Cuántos muertos, ¡cielo santo!, cuántas vidas, cuanta inteligencia desperdiciada en mover y sostener  unas lindes que no tienen otro beneficiario que los de siempre, ni otros sacrificados que los de costumbre, los peones que las habitan, ni otros argumentos que los inmemoriales: el falso agravio, la diferencia inexistente, la intolerancia, la compartimentación del poder, el reparto innoble e interesado del territorio para aquellos que pretenden acapararlo.

Mientras existan las fronteras, mientras acojan privilegios a costa de los perjuicios ajenos, mientras las musiquitas y los colores no nos dejen en la cama igual, mientras las palabras “inmigrante, “emigrante”, designen una cuestión legal más allá del simple movimiento físico, mientras las pertenecías, políticas, religiosas, étnicas o culturales sirvan para diferenciar, ofender, ser ofendido, atacar, o ser atacado, el único debate que ese me alcanza es: ¿que mierda pinta esta raya aquí?.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Los Trileros

La verdad es que me siento como si estuviera en una partida múltiple de trileros, esos señores que juegan con tres vasos y una bolita que nunca está donde tú piensas, bueno en realidad que nunca está. Y esto me pasa con la política. Uno me da vueltas a la bolita de un debate y me da varias razones que no son ninguna de las que deberían de preocuparme, y el otro trilero que está enfrente me avisa del engaño y me invita a jugar en su mesa donde tampoco va a estar la bolita que me permita ganar.
Esto me está pasando con el debate sanitario. Todos me dicen donde debería estar la bolita, todos me ponen ante las narices vasos llenos de razones para poder elegir su opción pero ninguno me da la posibilidad que realmente me interesa, la única razón a la que están obligados. Los veo con pasmo y zozobra debatir si molinos o gigantes intentando distraer con sus rápidas manos mi vista del único objetivo real del debate
Yo no quiero para mí ni para nadie una sanidad de peor calidad, con peor cobertura o que suponga un mayor gasto. Oigo decir a mi lado y compruebo por experiencia y datos que el modelo público está trufado de abusos y dispendios. Oigo del otro lado que el modelo de gestión privada es torticero y poco creíble. Pienso yo para mí que ambos razonamientos son ciertos y que pretenden que elija un modelo u otro.
Pues bien, me niego, me niego a que me engañen unos u otros, o los unos y los otros, que finalmente es lo que sospecho. La sanidad pública no puede ser una guarida de trincones, de aprovechados, de detentadores de prebendas y  de intocables. La sanidad privada no puede ser la hucha con la que ciertos políticos se van a dotar poniéndola en manos de amigos y deudos para mayor provecho y escarnio del ciudadano, perdón del contribuyente, de a pié. Quiero una sanidad pública saneada, eficaz, libre de aprovechados y detentadores de derechos inalienables. Quiero una sanidad privada cuyo beneficio se nutra de lo que consiga ahorrar sin recortar ni un ápice de una gestión decimonónica, burocrática y viciada.

Quiero una gestión eficaz que me permita mantener la sanidad que tengo y se me importa un ardite que se llame, o que sea, pública o privada, socialista, comunista o popular, porque para empezar no creo, no me lo permiten ni con sus actos ni con su historia reciente, que sean capaces de reconocer la eficacia o la verdad ni aunque les pisen un cayo.