miércoles, 15 de agosto de 2012

Maltrato Animal 27-05-2011)


A veces la acumulación de información dispersa nos lleva a reparar en cosas que estando ahí todo el tiempo nos pasan desapercibidas. Me explico.

Departiendo con una amiga sobre las votaciones del pasado domingo me comentó que había votado al partido antitaurino y contra el maltrato animal. Me pareció curioso porque no recordaba haber visto la papeleta y porque todo lo que se postula como anti me produce un cierto escozor. Solo una vez me llevaron a los toros, hace de esto muchos años, y cuando en la pantalla del televisor aparece una corrida suelo cambiar de canal, salvo que esté en la suerte de capote que reconozco que me fascina y aun no hay sangre. En todo caso no soy un defensor de la llamada fiesta nacional, como soy totalmente contrario a la crueldad en cualquier faceta, incluida la de los animales, pero el hecho de que en la situación actual hay algunas personas cuyo principal interés es el de defender a los animales me parece una pérdida de perspectiva y una confusión de valores.

Hace poco en un programa televisivo aparecía el famoso entrenador de perros mexicano que se ha convertido en una estrella de la televisión americana. En ese programa planteaba algo que me pareció elemental y es que el entrenaba a los dueños de los animales, no a los animales, porque eran los propietarios los que con su actitud les creaban a sus mascotas un problema de identidad que los llevaban a olvidarse de su identidad animal  y una vez inmersos en la confusión se volvían ingobernables. Se me vino entonces a la memoria cierta señora que en una junta de propietarios reclamó que ya que se obligaba a llevar a los perros sujetos con correa se hiciera lo mismo con los niños que eran mucho más molestos. Y también recordé a una amiga que tiene dificultades para poder comer todo los días pero cuida de tres gatos que están lustrosos y cebones.

¿Y a que viene todo esto? Hace un par de días murió un ganadero en un accidente de coche. La noticia y sus circunstancias fueron publicadas en algunos periódicos y en sus ediciones digitales. Debido a lo tremendo de las circunstancias entré a ver la noticia y no pude  evitar observar que algunos lectores "defensores de los animales" le dedicaban a este buen señor unos comentarios de una crueldad absolutamente desmesurada, incluso insultante, por su dedicación al mundo de la cría de toros bravos.

No pude evitar que una reflexión no menos dura que esos comentarios asomara a mi pensamiento, si algunos individuos defienden a los animales lo hacen únicamente en defensa propia.

Movimientos Ciudadanos (22-05-2011)


Hoy, 22 de mayo del 2011, me he levantado con una extraña sensación en el estómago, un nudo en la garganta y ganas de gritar de moverme. Hoy me he levantado enfermo de felicidad y esperanza.

Hoy el mundo que llevo soñando desde que tenía diecisiete años, ese mundo utópico y autogestionario, solidario y liderado por la colaboración anónima, desinteresada y socialmente concienciada está viviendo en algunas plazas del mundo.

Pero como el hombre es ante todo humano no sabe ser feliz sin ser consciente del miedo  a lo efímero, a lo temporal de toda actividad humana y empiezo a barruntar y a entrever las patitas de los zapadores que intentan apropiarse de este  movimiento  para servirse de él.

La sociedad es plural y los movimientos sociales deben de evitar ser partidarios en ningún tema, ni político, ni religioso, ni moral. Los puntos iniciales, las bases sobre las que se ha edificado el movimiento, han sido un éxito porque son comunes a cualquier ciudadano que quiera vivir en una democracia real y no en una partidocracia como la que sufrimos actualmente, y en eso caben gentes de derechas, de izquierdas, jóvenes y mayores, cristianos, mahometanos ateos y budistas,… es un movimiento que suma no que resta, que aglutina no que impone.

Hay quien se queja de que no se ha pronunciado sobre la república, la iglesia, la sexualidad o la abolición del capitalismo. Yo no dudo de que cada uno de los que creemos en este movimiento tenemos nuestra idea sobre esos temas y que justo por eso el movimiento no debe de tener ninguna, como no debe de tener líderes con cara y voz. El día que suceda alguna de estas cosas el movimiento ya será otra cosa.

Mañana debe de ser el primer día de trabajo real de un movimiento que debe de aglutinar la conciencia ciudadana de lo que no funciona y trasladarla a las esferas políticas para su corrección, para su impulso. Un movimiento que debe erigirse en el censor de aquellos que hasta hoy han actuado desde la impunidad de sus cargos y prebendas, de la corrupción del objetivo democrático

Y cuando se haya conseguido el primer objetivo, un hombre un voto para los representantes que elija, separación de poderes, erradicación de corrupción, entonces será el momento de escuchar otras demandas, de corregir otros errores, de seguir luchando por otra civilización más próxima al individuo y menos alienante en aras las masas y los números.

Quiero ser ciudadano, quiero ser individuo, quiero ser libre.

De Refranes (12-05-2011)


Y es que los refranes, las frases populares, tienen muchas veces esa fama de sabiduría parda que examinada con un poco de rigor se transforma, se pervierte, en mediocridad popular, bien porque desde el principio no fue otra cosa o porque el paso del tiempo la limpia de una acumulación de ignorancias, impericias e impotencias. Ya lo comentábamos anteriormente a propósito de perros y de rabias.

Entresacando he encontrado refranes malévolos, maledicentes, bienintencionados, omnijustificativos –perdóneseme el palabro-, costumbristas … en realidad he encontrado varios refranes para cada adjetivo de nuestro idioma, calificativos, circunstanciales, … de todo tipo.

Pero entre todos he recordado uno que sintetiza el pensamiento político de alguna de las llamadas ideologías sociales –reemplácese ideología por siglas para una mayor comprensión- si no de todas. “Dame pan y dime tonto”

Mis paisanos gallegos lo convierten en un condicional  “… mientras no me toquen la vaquiña” que al final viene a decir lo mismo

Permitir que los poderes públicos hagan de su capa un sayo – otro- siempre que nos aseguren unos ingresos- obsérvese que hábilmente soslayo la palabra trabajo-, comida y techo nos lleva a un adocenamiento social que cuando llega el momento de plantarse, de decir basta y pedir cuentas, nos ha privado de iniciativa, de recursos e incluso de la formación necesaria para sentir la indignación justa, imprescindible, para poner coto a tanto desmán, a tanta falacia, a tanta mentira, a  tanta demagogia –falsedades evidentes, difamación, retorcimiento de los datos, insultos medidos- como preside nuestro día a día público que inevitablemente contagia al privado.

No me da la gana de que me llamen tonto, ni siquiera estoy dispuesto a resignarme a serlo –aunque geneticamente me corresponda- y no quiero su pan, quiero la libertad necesaria, la limpieza imprescindible, la nula intervención pública, para desarrollar mi iniciativa,  para conseguirlo por mis medios. Quiero, exijo, mis libertades –las individuales, no las equívocas colectivas-, quiero la verdad, quiero la solidaridad y por encima de todo la inteligencia individual que garantiza la convivencia no intervenida. No quiero que legislen mi moral, mi salud, mi capacidad para ser libre. No quiero ser contribuyente. Quiero ser ciudadano, del mundo, del universo, libre y comprometido.

“la tierra labrada, el esfuerzo y el sudor, unidos al agua clara y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de esos troncos retorcidos”.

No me deis pan, pero callaos de una vez.

Muerto El Perro.... (05-05-2011)


He leido tus palabras Fania desde la identidad, desde la conformidad que la pertenencia al mismo bando proporciona. “Muerto el perro se acabó la rabia”, que duda cabe que expresa perfectamente, que sirve a la perfección de válvula de escape de esa rabia que se nos instaló el 11 S y nos anegó los ojos una mañana de un 11 de marzo en Madrid.
Y sin duda yo también me alegré, al menos comedidamente pero con rabia, cuando oí que habían acabado con ese ser capaz de planear, de planificar y saborear la muerte de tantas personas que además eran mis allegados física y culturalmente.

Pero luego, aplacada la rabia fermentada durante años en mi interior, he paladeado el refrán y me ha dejado un regusto muy amargo. Odio la muerte, odio la muerte absolutamente porque es lo único irreversible, al menos de momento, en el hombre. No concibo que nadie pueda tener derecho a matar, sin excusas. NO MATARÄS. Sin condicionantes, sin excepciones, sin coartadas

Muerto el perro… recordé entonces que también me alegré, moderadamente, cuando harto de carreras y palos e imbuido de un espíritu revolucionario me enteré de la muerte de Carrero Blanco, no porque a mi me hiciera nada personalmente si no porque era el símbolo del poder que me oprimía. Después de 40 años resulta que no se ha acabado la rabia y que quienes mataron al perro son aún más perros y tienen una variedad de rabia más contagiosa y destructiva.

Muerto el perro, Fania, solo hay más perros y más rabia, incluso más perros dispuestos a contraer la rabia voluntariamente para extenderla por el mundo, porque la rabia solo se elimina con vacunas y la única vacuna conocida para la rabia humana es la formación y los valores humanos, eso que el poder se preocupa de que sea difícil de adquirir o que administra en producto placebo en sus farmacias –escuelas- para que seamos más maleables, más refraneros, y llegado el momento más perros e irremediablemente más rabiosos.

¿Y que hacemos con los que ya tienen la rabia? Habría que estudiar cada caso, pero seguramente, ya habiendo fracasado con la vacuna, matarlos, Fania, matarlos y lamentarnos por la perdida de unos posibles hermanos y por aquellos que han sucumbido a su contagio. Y hablo por supuesto de nosotros –porque en este tema no existe el ellos- capaces de alegrarnos, de justificar una muerte porque va a acabar con la rabia, con la ajena.

Desde la rabia, entre las brumas de la post-vacuna…

Exceso de Velocidad (15-04-20011)


Me temo Capitán que mucho de lo que se discute, sobre todo en cuestiones que tienen que ver con las leyes y la política –que me han dicho que no son lo mismo- parten de la utilización del lenguaje para crear un concepto que admita un mensaje fácil y por tanto al que la sociedad sea permeable. Las nubes o los aspersores son los medios de comunicación.

Ya hablamos hace no mucho del uso maniqueo de las palabras. Llamar a una persona mayor no es más que una forma simple de no decir nada, todo ser nacido es mayor que otro nacido posteriormente. Todos somos mayores que pasado el primer segundo de vida, porque mayor es comparativo, no calificativo.

Cuando alguien dice de un vehículo que va con exceso de velocidad me entran unas ganas terribles de pararlo para comprobar si el exceso lo lleva en una maleta o todo suelto por el coche.

Lo que provoca un accidente, si hablamos de velocidad, es la velocidad inadecuada, por exceso o por defecto, esto es la velocidad que lleva al conductor a perder el control de su vehículo u obligar a perderlo a otros que le rodean. Si alguien intenta tomar una curva de 180º y un radio de giro de 6 m. a más de 50 Km/h, no es un infractor, que lo es, es un imbécil que no conoce las leyes de la física o un piloto especialmente entrenado para poder rebasar ciertos límites. La velocidad adecuada es única para cada persona, climatología, carretera, vehículo y estado psicológico. Pero así no se saca dinero.

Pero la velocidad es inadecuada también cuando causa fatiga, aburrimiento o distracción por falta de tensión en el conductor, de hecho la mayor causa de accidentes mortales no es la velocidad inadecuada por exceso-esta solo es la causa del mayor número de multas- si no la distracción o el sueño, pero estos no son detectables por los radares y por tanto no son negocio.

Mientras tanto podemos seguir dedicándonos a discutir, perseguir y llamar a nuestro lado a todos los personajes, imaginarios o no, que queramos.

Mientras los legisladores de la cosa tengan el único interés de recaudar y no el de formar y se siga permitiendo que incapaces físicos y/o psicológicos accedan al carnet de conducir porque es un negocio las carreteras no serán seguras, y no siempre lo pagarán los culpables. Usad la misma permisividad para pilotar aviones y veremos cuantos vivos quedan al cabo de un par de años.

Mientras tanto dediquémonos a los sofismas que a los manejadores del cotarro les interesan y sigamos pagando, balando y matándonos

Conducir, Fluir (08-04-2011)


La elección de sinónimo a veces condiciona por si misma todo el mensaje posterior y tu elección de correr, huir, capitán, ya da una idea que no contradice el resto. Pero correr no es solo huir, correr es competir, correr es disfrutar del aire en la cara, correr es tener prisa, correr es, puede ser, para mi cuando voy en coche es fluir.

Partamos de una consideración, para ti y para muchos como tu capitán correr es ir más deprisa de lo que tu consideras, para mi correr es ir a una velocidad inadecuada para el conductor, vehículo, climatología y tipo de vía por el que discurre en cada instante. Te vuelvo a poner el ejemplo del sonido. Con mi deportivo podía conducir a 180 Km/h sin ningún peligro para mi ni para los que tenía alrededor, con mi panda era un peligro por el simple hecho de meter la llave en el contacto.

Cuando yo subo a un coche y salgo a carretera jamás se me ocurre mirar el velocímetro, ni la aguja de temperatura, ni la de presión de aceite, ni el cuentarrevoluciones, porque escucho a mi vehículo y el me va diciendo en todo momento lo que necesita, o que problema tiene, o cual empieza a tener y en que estado está y yo lo escucho y actúo en consecuencia, o lo que es lo mismo, fluyo, me integro en él y lo entiendo, no es mi enemigo, es parte de mi. Nunca lo fuerzo, ni a ir más deprisa, ni a ir más despacio, fluimos. Nunca le obligo a tomar una curva a velocidad inadecuada y aunque sea la más suave y nimia de la autovía o la más compleja de la carretera la estudio antes de llegar y cuando llego se por donde debo de tomarla, donde debo de apoyarme y cual es la velocidad pertinente para salir con el máximo equilibrio, fluyo. Por eso cuando me encuentro delante a alguien que va más despacio y por su sitio no me impaciento, ni le pito, ni me pego. Pero soy intolerante y agresivo con aquel que va por el carril izquierdo o el central estando el derecho libre con el único objetivo de hacerme parar, como me cabreo con el peatón que abusando del paso cebra se recrea en su cruce.

En fin capitán, que después de algo mas de dos millones de kilómetros a mis espaldas con un solo accidente, por no respetar el flujo, lo único que he incorporado es el avisador de radares, aparato que me dice cuando tengo que dejar de fluir y retener a mi coche y la sospecha de vehículos que no fluyen, van muy limpios y usan cortinillas.

Yo, capitán, no me canso conduciendo, lo disfruto y me canso cuando llego a mi destino, como ya te he explicado, fluyo y si alguien cree que corro es que está interpretando según sus valores lo que yo hago según los míos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Una Vez Y Otra Vez


Por diversas circunstancias entre mis vivencias figura el haber conocido y tratado fuera del mundillo de la política a líderes de formaciones de todo signo, desde la derecha más extrema a la más extrema izquierda pasando por todos los laterales y por todos los desplazados centros.  Del centro, centro,  - algo así como ser de Pinto pero en política- no he conocido a nadie. No sé si el problema es estadístico, ideológico, o de que andamos todos algo descentrados en los últimos cinco mil años.
Pero al tema. Todos estos personajes, algunos de cierta relevancia, siempre han sido correctos en el trato, inteligentes en lo tratado y firmes pero sensatos en sus planteamientos, incluso aquellos de los que siempre he pensado: “Si este algún día llega al poder yo me exilio”.
¿Qué que digo? Lo que digo es que los llamados líderes de la opinión, los que con sus palabras y sus acciones mueven a la gente son a su vez personas normales, sin cuernos, sin pezuñas, ni halos, ni un certificado de posesión de la verdad absoluta –sea expedido por la razón universal, por un ser supremo o por el sursum corda-. Todos ellos en el día a día, el cara a cara, son personas normales y corrientes. Excluyo de forma radical y terminante a los líderes de movimientos violentos, que suelen tener un atisbo de mesianismo o de crueldad o de ambas cosas.
Pero a este gente normal, a esta  gente que si no fuera por su posición te cruzarías en cualquier lugar sin reparar en ellos, les das un micrófono, o un sillón en algún órgano ejecutivo, y se transforman. De repente ese señor, o señora, vulgarote se desenfunda a sí mismo, transforma sus ideas en un mensaje –ya arenga-, en un llamamiento a la cruzada, a la persecución de los otros, al exterminio de los infieles y lo único que parece aplacarlo momentáneamente –justo hasta la siguiente frase- es el aplauso más clamoroso. Y como la gente es como es los oyentes a su vez mutan en cruzados –soldados para los menos religiosos, activistas para los que no les valga otro término- que transforman lo que eran inicialmente  palabras, conceptos, ideas, en acciones rabiosas, cargadas de odio, contra aquello o aquellos que hayan sido estigmatizados por el líder. Y ya no se paran en diferenciar un enfrentamiento de una pelea, una contienda ideológica de una guerra sin cuartel –casi nunca incruenta-, ni les importan un ardite las consecuencias de sus actos. A la razón por el aplastamiento, a la unidad de criterio por el extermino del disentiente.
Afortunadamente en estos casos, cuando las cosas llegan a un punto en que el rencor, la imposición de la verdad propia, sustituye al dialogo y las razones partidarias a la convivencia porque ya son  irreconciliables,  siempre acaban imponiéndose los que tienen razón, la razón del vencedor. ¿A que me suena?