jueves, 15 de marzo de 2012

A las víctimas razonables



Otra cosa diferente es el victimismo. Esa actitud carente de dignidad que pretende confundir el dolor con la razón y que lleva a la víctima a convertirse en su propio verdugo y azote de la paciencia de aquellos que la rodean. Es conveniente para cualquier víctima de este mundo tener muy clara la frontera entre el dolor, la indignación, la reclamación de la justicia y la reivindicación permanente de una razón sin razones, de una razón incapaz de sostenerse más allá, sin otra base, que la piedad ajena.

Hay que reivindicar el dolor, sin aspavientos. Hay que reivindicar la justicia, sin exigencia y sin súplica, como si realmente no existiera. Hay que reivindicar la dignidad de mantener la propia postura sin exigir a cambio nada más que el respeto a los actos serenamente enfocados y a las acciones conscientemente tomadas.

No se puede hacer de la situación de víctima una moneda de cambio para la obtención de prebendas. No se puede usar el dolor para forzar la mano a los demás en cuanto no estén de acuerdo, ni aflojar cuando la firmeza los confunda. No se puede demandar una piedad que conduce a la venta de la dignidad y de la integridad que son los valores que separan a la víctima del victimismo.

Reivindique cada víctima aquello que considere justo y busque la justicia consciente de que nunca es gratuita. Y evite en su camino los bandos y las banderías que siempre exigen precio.

domingo, 11 de marzo de 2012

Las dos españas


He vivido en la creencia nunca analizada de que cuando se habla de las dos Españas se habla de política y por tanto de un tema en el que yo no despliego ningún interés especial, pero una discusión sobe fútbol  me hizo ver lo fútil de mi convicción.

Póngase a un grupo de españoles con un tema a debatir y se observará sin necesidad de una gran perspicacia que se formarán dos bandos –si son extranjeros también pasa lo mismo-, pero si uno observa con un poco más de cuidado, con una lupa psicológica, con un interés y perspicacia mayores observará que se marcan perfectamente dos tipos de posturas que nada tienen que ver con el bando de la discusión. Ahí están las dos Españas.

Intentando reducirlo a un enunciado diría algo parecido a: “Ante cualquier evento de la vida los españoles se significarán en dos tipos no intercambiables independientemente de su criterio respecto al tema a abordar”.

Uno de estos dos tipos no intercambiables se podrían definir como “los de toda la vida” que pertenecen a un bando al que le está permitido cualquier disparate porque será inmediatamente justificado en aras a un objetivo final, abochornar, enmudecer, exterminar  a los que tienen la osadía de pensar de otra forma. Solo pertenecen a corrientes dominantes de opinión: “del Madrid o del Barça, taurinos o antitaurinos, celtas o iberos, de misa o repicando…”

Al segundo tipo no he sido capaz de denominarlo de ninguna forma concreta pero se distingue fundamentalmente porque se les niega su propio criterio. Son reos de pertenecer indefectiblemente al bando contrario al que pertenezca su interlocutor –de toda la vida- del momento o tema tratado porque no comparte a pies juntillas la totalidad de su inamovible ideario. En una misma conversación pueden cambiar de bando, según sus interlocutores, varias veces si hay varios fundamentalistas del pensamiento puro y la razón absoluta.

Yo me paso la vida reivindicando que soy del atleti, nunca he ido a los toros pero me encanta el pasodoble, soy profundamente religioso pero laico y, por diós, me repelen por igual las izquierdas y las derechas “de toda la vida”. Pero aún no he conseguido decirlo y que  alguien considere que es mi verdad.

En medio de ese Madrid-Barça solo dije que en una jugada concreta un jugador de uno de los equipos había hecho una entrada terrible y el otro había exagerado –en realidad había hecho un curso avanzado de teatro gestual-. A partir de ese momento yo fui alternativamente del equipo contrario al del  que en ese momento opinara por todo el resto del partido, sospechoso, por tanto, de enajenación mental y delirio conceptual. Llegué incluso, no sé en base a qué extraño camino retórico, a ser del árbitro.

Y mientras yo solo seguía siendo del Atleti y tampoco de “toda la vida”.

El perdón es un arma cargada de injusticia


A las víctimas

Le acabo de encargar al creador que me haga otro mundo. Estoy harto de vivir en un mundo en el que no comparto las reglas y acabo siempre siendo el perdedor.  Una vez que he comprobado que no acabo de entender que la estrategia es superior a la razón, que el disimulo es más importante que la honestidad, que la espalda es la parte de la anatomía sobre la que hay que ejercer las acciones sociales, prefiero mudarme. Soy un inútil social.

Hace mucho que entendí que la honestidad  y la verdad son, en primer lugar, personales, y si se mantienen con una cierta coherencia son los flancos sobre los que quienes quieran atacarte lo tienen más fácil porque no dispondrás de la flexibilidad de cambiar de posición cuando lo hagan y por ahí vas, y van, a perderte.

Si una vez atacado y herido intentas mantener tu coherencia serás llamado intransigente o soberbio y si no la mantienes tu a ti mismo no sabrás ni como llamarte.

Y si una vez colocado en esa tesitura tienes la desgracia de que tu agresor en una hábil estrategia te pida perdón publica y cínicamente, con absoluta falta de rigor y sin otro fin que el de trasladarte la culpa, entonces hermano, haz como yo. Pide la liquidación y dile al creador que te haga otro mundo porque entonces el culpable, socialmente, eres tú. Incapaz de otorgar un perdón que solo ha sido formulado por la presencia de los demás, sin una explicación, sin un arrepentimiento. Una manta en lugar de un estropajo.

Porque el perdón real pasa por el arrepentimiento, por una explicación de los hechos aunque sean inexplicables, por una asunción de la culpa y la penitencia. Y por la intimidad. Por un cara a cara en el que no se condicione su petición ni su concesión al juego de la estrategia. Al engaño de yo te lo he pedido y tú tienes que dármelo.

Hoy es un día de víctimas, y de verdugos. Por ellas, por mi, por todos aquellos que sufren por no aceptar los falsos perdones. Por todos los que defienden su razón aunque otros les tuerzan la cara. Por otro mundo en lo que importe sea la verdad y al que yo ya he solicitado trasladarme.

miércoles, 22 de febrero de 2012

De los mediocres


Que conste que esta reflexión que comparto con vosotros ha nacido a la luz, a la retroiluminación, de un pantalla de televisión por lo que es ya de por si, de facto, sospechosa de ser basura.

Se nos ha educado en el pensamiento del “altius,citius, fortius”, en la cultura de que el mejor es el  que consigue el éxito, y no dudo que en el mundo clásico esto haya sido básicamente cierto, pero hoy por hoy el éxito no ser el mejor si no el más hábil de los mediocres.

Basta con sintonizar ciertos programas televisivos para comprobar que el éxito está en pertenecer al grupo de mediocres cuya única habilidad conocida es  destrozar a cualquiera que haya tenido la desfachatez de despuntar en alguna actividad humana, si, incluso en ser el mayor gilipollas  del mundo mundial (atlius gilipollae). No importa si está muerto, si tiene hijos que tengan que afrontar la vergüenza o ni siquiera si es cierto lo que se cuenta. La picadora de mediocres debe de funcionar para mayor regocijo de parias del mundo que se recrean en la carnaza ajena. 

Es posible que las víctimas tampoco sean inocentes, bueno, de hecho tampoco lo son, ni los consumidores tampoco, pero eso es harina de otro costal.

Y ahora que lo pienso, montar un partido político, dirigir una empresa pública, o medrar en general. Mamá, ¿Por qué nadie de habló de la facultad de mediocridad evolutiva? En esa carrera no hay crisis, y si la hubiera bastaría con ser el más mediocre de los mediocres. No no puede ser porque si es el más ya no es el… Uy¡¡, si que es complejo el mundo de la mediocridad. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Estado de bienestar


Claro que a lo mejor no es solo el cambio climático, a lo mejor el estado de bienestar también tiene su responsabilidad en la actual falta de magia e ilusión. No hay nada menos mágico que un ser humano satisfecho.

Como niño de la post-post-guerra –que hay que ver lo que duran las guerras una vez que se han acabado- cuyos padres tuvieron que emigrar a Madrid para buscarse la vida y para huir de las agresiones económicas de un abuelo indeseable, perteneciente por tanto a una clase humilde y trabajadora, la magia era el único recurso para comprarse ropa y juguetes. Bueno la magia y el calendario.

Ropa: al empezar el verano, con los primeros rigores invernales y algo que estrenar en el Domingo de Ramos. Y solo para sustituir a lo más deteriorado. Recuerdo yo aún con horror algunas prendas indestructibles que me acompañaron para mi bochorno varias temporadas.

Juguetes o regalos varios: cumpleaños, Reyes Magos y en verano si las notas no decían lo contrario, que solían decirlo.

Del amor, del sexo, de la religión o de la política ni comentamos. Yo engordé en cuanto abandoné la universidad. Alguna vez he pensado en volver a correr el trayecto Moncloa- Escuela de Ingenieros Aeronauticos que tan entrenada tenía.

Tal vez no fuéramos entonces felices, pero nuestra infelicidad tenía un algo de motivante, un algo de desafío para conseguir algo mejor, un algo de iniciación a la vida adulta y a los sinsabores. Tal vez hoy se viva en el estado de bienestar, pero nosotros vivimos en el del bienestar posible que nos obligó a valorar, a pensar, a evolucionar y a cambiar una sociedad que hoy resulta inexplicable para quienes no la vivieron. Y no todo era malo.

viernes, 13 de enero de 2012

Magia y Supervivencia


Hace unos pocos días se cumplió el nosecuantos –unos cincuenta- aniversario de la noche en la que vi al Rey Baltasar mientras salía de mi casa después de dejar los regalos. Hace también ya muchos años en que me encontré con la Santa Compaña allá en mi Galicia natal y en una noche de niebla.

El cambio climático se está llevando muchas cosas por delante y entre las cosas que se está llevando figuran esas nieblas del noroeste que eran más un manto mágico que simples nubes a ras del suelo. Y con ellas, y con la oscuridad de las noches oscuras y con la soberbia de la ciencia actual y el pragmatismo imperante la magia tiene que buscar refugio en el interior de algunas almas que nos negamos a considerar,  ensoberbecidos , que todo a nuestro alrededor es explicable científicamente y que todo es un más acá cotidiano y aburrido, explicable y alcanzable.

Philip K. Dick dijo, en una versión libre de su frase, que la forma de distinguir una tecnología realmente avanzada es por el simple hecho de que nos parecería magia. Yo, como el Manolito de Mafalda, me asomo de vez en cuando al agujero de la antena de televisión para ver como vienen las imágenes. Yo, como yo, de vez en cuando inundo mis alrededores de mantos mágicos que permitan el acceso a mi vida de más allá nunca sospechados o rememorar los ya vividos. 

En contra de lo que muchos piensan me gustaría vivir varios miles de millones de años en la absoluta certeza de que no habría medida cósmica de tiempo por pequeña que fuera que no contuviera algo nuevo, desconocido, mágico.Morir con el universo y con la consciencia de que me quedaba un único secreto por descubrir, un último conocimiento por alcanzar, justo antes del aburrimiento.

lunes, 2 de enero de 2012

Siglo XXI


Desde que el calendario, con la complicidad del reloj, desgranó el uno de enero del año dos mil todos los uno de enero me levanto y me asomo a la ventana con la esperanza de ver a los vehículos antigravitatorios circulando por doquier  y en el horizonte lejano un resplandor que identifique la partida o aterrizaje de una nave espacial en el astródromo de mi ciudad.  Los coches circulan con normalidad por la autovía y algún avión maniobra en acercamiento. Me miro entonces al espejo y compruebo que no voy vestido de algún tejido brillante y ajustado, cosa que agradezco debido a que tampoco mi figura ha cambiado lo necesario, y que mis zapatillas son las de cuadros de toda la vida.

Luego me preparo una palomita y me siento a ver el concierto de año nuevo que después de tantos años ya no parece tan nuevo. Afortunadamente no hay periódicos.

Con resignación inicio otro año de espera del futuro del siglo XXI que leía en la novelas de ciencia ficción de mi adolescencia. Con confianza comienzo un año de espera para comprobar si el próximo uno de enero llega ese futuro que tanto se está retrasando.