miércoles, 22 de febrero de 2012

De los mediocres


Que conste que esta reflexión que comparto con vosotros ha nacido a la luz, a la retroiluminación, de un pantalla de televisión por lo que es ya de por si, de facto, sospechosa de ser basura.

Se nos ha educado en el pensamiento del “altius,citius, fortius”, en la cultura de que el mejor es el  que consigue el éxito, y no dudo que en el mundo clásico esto haya sido básicamente cierto, pero hoy por hoy el éxito no ser el mejor si no el más hábil de los mediocres.

Basta con sintonizar ciertos programas televisivos para comprobar que el éxito está en pertenecer al grupo de mediocres cuya única habilidad conocida es  destrozar a cualquiera que haya tenido la desfachatez de despuntar en alguna actividad humana, si, incluso en ser el mayor gilipollas  del mundo mundial (atlius gilipollae). No importa si está muerto, si tiene hijos que tengan que afrontar la vergüenza o ni siquiera si es cierto lo que se cuenta. La picadora de mediocres debe de funcionar para mayor regocijo de parias del mundo que se recrean en la carnaza ajena. 

Es posible que las víctimas tampoco sean inocentes, bueno, de hecho tampoco lo son, ni los consumidores tampoco, pero eso es harina de otro costal.

Y ahora que lo pienso, montar un partido político, dirigir una empresa pública, o medrar en general. Mamá, ¿Por qué nadie de habló de la facultad de mediocridad evolutiva? En esa carrera no hay crisis, y si la hubiera bastaría con ser el más mediocre de los mediocres. No no puede ser porque si es el más ya no es el… Uy¡¡, si que es complejo el mundo de la mediocridad. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Estado de bienestar


Claro que a lo mejor no es solo el cambio climático, a lo mejor el estado de bienestar también tiene su responsabilidad en la actual falta de magia e ilusión. No hay nada menos mágico que un ser humano satisfecho.

Como niño de la post-post-guerra –que hay que ver lo que duran las guerras una vez que se han acabado- cuyos padres tuvieron que emigrar a Madrid para buscarse la vida y para huir de las agresiones económicas de un abuelo indeseable, perteneciente por tanto a una clase humilde y trabajadora, la magia era el único recurso para comprarse ropa y juguetes. Bueno la magia y el calendario.

Ropa: al empezar el verano, con los primeros rigores invernales y algo que estrenar en el Domingo de Ramos. Y solo para sustituir a lo más deteriorado. Recuerdo yo aún con horror algunas prendas indestructibles que me acompañaron para mi bochorno varias temporadas.

Juguetes o regalos varios: cumpleaños, Reyes Magos y en verano si las notas no decían lo contrario, que solían decirlo.

Del amor, del sexo, de la religión o de la política ni comentamos. Yo engordé en cuanto abandoné la universidad. Alguna vez he pensado en volver a correr el trayecto Moncloa- Escuela de Ingenieros Aeronauticos que tan entrenada tenía.

Tal vez no fuéramos entonces felices, pero nuestra infelicidad tenía un algo de motivante, un algo de desafío para conseguir algo mejor, un algo de iniciación a la vida adulta y a los sinsabores. Tal vez hoy se viva en el estado de bienestar, pero nosotros vivimos en el del bienestar posible que nos obligó a valorar, a pensar, a evolucionar y a cambiar una sociedad que hoy resulta inexplicable para quienes no la vivieron. Y no todo era malo.

viernes, 13 de enero de 2012

Magia y Supervivencia


Hace unos pocos días se cumplió el nosecuantos –unos cincuenta- aniversario de la noche en la que vi al Rey Baltasar mientras salía de mi casa después de dejar los regalos. Hace también ya muchos años en que me encontré con la Santa Compaña allá en mi Galicia natal y en una noche de niebla.

El cambio climático se está llevando muchas cosas por delante y entre las cosas que se está llevando figuran esas nieblas del noroeste que eran más un manto mágico que simples nubes a ras del suelo. Y con ellas, y con la oscuridad de las noches oscuras y con la soberbia de la ciencia actual y el pragmatismo imperante la magia tiene que buscar refugio en el interior de algunas almas que nos negamos a considerar,  ensoberbecidos , que todo a nuestro alrededor es explicable científicamente y que todo es un más acá cotidiano y aburrido, explicable y alcanzable.

Philip K. Dick dijo, en una versión libre de su frase, que la forma de distinguir una tecnología realmente avanzada es por el simple hecho de que nos parecería magia. Yo, como el Manolito de Mafalda, me asomo de vez en cuando al agujero de la antena de televisión para ver como vienen las imágenes. Yo, como yo, de vez en cuando inundo mis alrededores de mantos mágicos que permitan el acceso a mi vida de más allá nunca sospechados o rememorar los ya vividos. 

En contra de lo que muchos piensan me gustaría vivir varios miles de millones de años en la absoluta certeza de que no habría medida cósmica de tiempo por pequeña que fuera que no contuviera algo nuevo, desconocido, mágico.Morir con el universo y con la consciencia de que me quedaba un único secreto por descubrir, un último conocimiento por alcanzar, justo antes del aburrimiento.

lunes, 2 de enero de 2012

Siglo XXI


Desde que el calendario, con la complicidad del reloj, desgranó el uno de enero del año dos mil todos los uno de enero me levanto y me asomo a la ventana con la esperanza de ver a los vehículos antigravitatorios circulando por doquier  y en el horizonte lejano un resplandor que identifique la partida o aterrizaje de una nave espacial en el astródromo de mi ciudad.  Los coches circulan con normalidad por la autovía y algún avión maniobra en acercamiento. Me miro entonces al espejo y compruebo que no voy vestido de algún tejido brillante y ajustado, cosa que agradezco debido a que tampoco mi figura ha cambiado lo necesario, y que mis zapatillas son las de cuadros de toda la vida.

Luego me preparo una palomita y me siento a ver el concierto de año nuevo que después de tantos años ya no parece tan nuevo. Afortunadamente no hay periódicos.

Con resignación inicio otro año de espera del futuro del siglo XXI que leía en la novelas de ciencia ficción de mi adolescencia. Con confianza comienzo un año de espera para comprobar si el próximo uno de enero llega ese futuro que tanto se está retrasando. 

martes, 27 de diciembre de 2011

El Trípode del Mal (Extrapolando)


Hace años montando un control de producción en una empresa aprendí a reconocer una de las patas. No todos los trabajadores que se mueven mucho y parecen intervenir en todo realizan una labor productiva. Traducido, hay trabajadores especializados en estar en todas partes, moverse continuamente y no realizar ninguna labor productiva. Se les distingue también porque requeridos para echar una mano están saturados de trabajo. Extrapolando, estar en muchos sitios, estar con mucha gente no significa necesariamente interesarse por ella.

La segunda  pata me la dio un amigo que pretendía pensar que todos somos buenos. Si todos somos buenos ninguno somos nada. ¿Cómo podemos saber que somos buenos si no existe un referente de maldad? Tiene que haber algún malo para que existan los buenos, aunque el malo se crea bueno y crea a los buenos malos, que a lo mejor tiene razón. Extrapolando, No podemos ser amigos de todo el género humano, y ya puestos hay que tener buenos enemigos para tener buenos amigos. Yo quiero a mis enemigos, con un amor negativo, con la misma fuerza que quiero a mis amigos.

La tercera pata surgió comentando las palabras de un conocido. Debatíamos otro amigo y yo tras un debate a varias bandas sobre a quien de los dos daba la razón un tercer participante. En esa estábamos cuando otro amigo más se unió a la puja y nos las desbarató. “¿No os habeis dado cuenta de que aunque habla mucho nunca acaba una frase? ¿nunca saca una conclusión? Siempre acaba haciendo una  pregunta cómplice como ¿Vale? o pues eso… , y cada uno saca la conclusión que le interesa”. Observado en posteriores ocasiones efectivamente siempre dejaba en suspenso lo que debería haber sido su opinión con lo cual nunca disentía de nadie. Extrapolando, si quieres llevarte bien con todos no digas lo que piensas realmente, o llevado a lo malévolo y perfecto, no pienses.

Asi que ahora cuando alguien cumple una, dos o tres de las patas procuro poner cara de sonrisa pánfila, hacerme a un lado cuando se acerca y sobre todo jamás, jamás, emitir una opinión cuando puede oirme. Extrapolando, dios nos pille confesados.


martes, 20 de diciembre de 2011

¿Cuento de Navidad?


Paseaba el otro día por un camino de la sierra madrileña cuando me encontré a un individuo que abrevaba unos ciervos en un regato escaso. Me llamó la atención su vestido verde, reversible en rojo, sus botas de media caña con grandes hebillas y su larga y descuidada barba. Me acerqué simplemente porque el camino que seguía me acercaba y me dispuse a dejar silbar entre dientes y sin vocalizar el consabido e ininteligible buenos días que se extrae de lo más profundo del desinterés.

No me dio tiempo. El individuo se volvió y soltó un sonoro y cálido:

-          Buenos días amigo -en un tono de voz profundo, optimista y un pelín excesivamente alto- magnífico día para pasear por estos parajes. Permíteme que me presente, me llamo Nicolás aunque soy más conocido como Papa Noel.

A mi lo de tratar con locos nunca se me ha dado bien y decir que mi estómago inició un presuroso plan de vaciado intensivo más allá de lo meramente psicológico es poner las cosas en su sitio. Un individuo de figura enteca, quijotesca, rodeado de ciervos, vestido de verde en la sierra de Madrid no coincidía con quien decía ser ni en su perfil físico, ni en el tipo de animal que le acompañaba, ni en la ubicación geográfica del encuentro.

Todo ello debió de reflejarse en mis ojos y en el sonido tormentoso de mis tripas, porque él se apresuró a tranquilizarme, bueno, a intentarlo.

-          Te aseguro que soy quién digo ser. Verás si me encuentras así de delgado es porque tuve que ponerme a régimen, la dieta Dunkan, ya que peligraba mi trabajo, ya no hacen las chimeneas como antes y mis renos de toda la vida van acusando los años. Por eso me ves con esta sana pero triste figura. Y si me ves con estos ciervos es porque  estoy haciendo una prueba por si pueden servirme para la zona de España en la que quiero expandir mi influencia.

A continuación me enseñó unas fotos de su hogar y sus talleres que parecían auténticas y en todo caso siempre se mostró afable y pacífico. Finalmente y ya en confianza me confesó que estaba intentando desplazar a los Reyes Magos del corazón de los españoles porque eran unos corruptos. Me sorprendí y me explicó entonces que Melchor era ludópata y llevaba siempre un cofre con monedas de oro para poder jugar, Gaspar era un fumador empedernido de sustancias extrañas y muy aromáticas incluso cuando entraba en las habitaciones de los niños y que Baltasar se colocaba con una resina aromática que llevaba en un saquito. Se lo habían contado de muy buena fuente en otro país limítrofe con el nuestro

-          Es más –me aseveró con gesto trascendente y bajando algo la voz- al parecer están implicados en la Operación Puerto.

La verdad es que no dije ni que si ni que no, me despedí de él deseándole solo de palabra toda la suerte del mundo en sus proyectos y me fui pensando para mis adentros:

“Queridos Reyes Magos espero que este año y todos los venideros me traigáis la posibilidad que año a año renuevo de recuperar al niño que llevo dentro, y que vuestra magia, vuestra ilusión, sea la mía más allá de arboles y trineos ”

Feliz Navidad a todos

viernes, 2 de diciembre de 2011

La media


La Media es un concepto estadístico que divide a la raza humana en tres grupos, los que la superan, los que están por debajo y los funambulistas. Este grupo amenaza constantemente con precipitarse a un lado u otro de la línea, pero como su caída varía la posición de esta, y dada su habilidad circense, en realidad los tres grupos se mantienen inalterables en cuanto a su relación numérica.

 Existe, aunque no lo haya mencionado, el grupo de los despreciables, no por su calidad moral, que no es un concepto mensurable y por tanto estadístico, si no por pertenecer a una cantidad de individuos, pocos, de ponderación despreciable, que componen las posiciones decimales no exhaustivas por razones de coherencia oficial. Yo a estos individuos me los imagino como pelotillas en constante movimiento, ávidos de integrarse en alguno de los grupos y casi permanentemente rebotando en los intangibles limites de estos como bolas de un pinball.
  
Gran cosa la media, que facilita enormemente la compresión del mundo.